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Vacunas: el enemigo inexistente

Acostumbrarse a una cosa implica, muchas veces, perder de vista lo que pasaba cuando no la teníamos. Estamos acostumbrados, muchos de nosotros, al agua potable, a los analgésicos, a los teléfonos móviles. Ahora mismo estáis leyendo esta entrada gracias a Internet, que en menos de una generación ha pasado a ser casi omnipresente. Podríamos volver a la era pre-internet, sí; pero a costa de muchas cosas.
Aun así, volver a la era pre-internet no sería ni de lejos tan traumático como quedarnos de repente sin vacunas. Y lo curioso es que mucha gente que probablemente no renunciaría a su móvil, a sus aspirinas, ni al agua potable que sale por su grifo, está pidiendo, a veces a gritos, que dejemos de vacunar a los niños. A pesar de cosas como la que muestra el gráfico de la imagen, que podéis ver completito aquí.
¿Por qué esta fiebre anti-vacunación? Las razones son muchas y vienen de lejos; oponentes a la vacunación los ha habido desde siempre, incluso cuando se mostró su rotundo éxito. Recientemente, un subgrupo de oponentes a la vacunación tomaba como armas dos cosas, principalmente: un estudio mal hecho y sin validez de un señor, y una ex-modelo con un hijo autista que buscaba un culpable para su tragedia personal.
La ex-modelo, Jenny McCarthy, encontró ese culpable en la vacuna triple vírica, tras leer acerca del estudio que un tal Andrew Wakefield hizo, y que llegaba a la sorprendente conclusión de que las vacunas causaban autismo.
No hay sitio aquí para hablar en más detalle del tirón popular que pueden tener las opiniones de una ex-modelo sobre medicina; eso se llama argumento de autoridad y merece una entrada aparte, aunque podéis buscar más información en estas dos irreverentes, desternillantes e informativas entradas de Vicisitud y Sordidez. Ni tampoco sobre el estudio en sí de Wakefield; eso se llama estafa y, también, merece una entrada aparte.
Pero, por resumir: el estudio de Wakefield afirmaba que estudió a un grupo de niños que, tras recibir la vacuna triple vírica, fueron diagnosticados con autismo. Y sus conclusiones eran que había una relación directa entre la vacunación y el diagnóstico.
En realidad, no es así: el estudio estaba mal hecho. La supuesta relación no era tal, porque sus sujetos de estudio no desarrollaron la enfermedad imediatamente, sino al cabo de un número variable de semanas o incluso meses. Es más, en realidad sólo uno de sus sujetos fue diagnosticado de autismo; el resto no, aunque él afirmó que casi la mitad lo fue. Y además, las conclusiones de Wakefield no estaban apoyadas por los datos que él mismo publicaba.
Y todo esto no importó para nada a quienes creyeron a Wakefield. Y sigue sin importarles, porque apoyan a su ídolo a pesar del claro y contundente desenmascaramiento que tuvo lugar hace unos años al respecto.
No todos los oponentes al movimiento antivacunación creen que provoquen autismo. Los hay que piensan directamente que las vacunas son malas porque son, bueno, vacunas. O porque están llenas de “productos químicos”, y como todos sabemos la química, así a secas, es más mala que la tiña. Ya hemos reseñado aquí algún que otro libro que da argumentos contra la gente que cree que “natural” es sinónimo de “bueno”, pero aquí nos lee poca gente. Y aunque quienes creen que las vacunas provocan autismo son, de momento, minoría, los que creen que las vacunas son malas ya han ocasionado un par de brotes de sarampión, en España (en Granada y Sevilla, en concreto).
Hace nada ha salido publicado un estudio que analiza más de mil estudios previos sobre vacunas para determinar si realmente las vacunas causan problemas de salud mayores de los que curan (que no sería imposible). Yo no sabía mucho de cómo ni por qué se hacían estas cosas, pero después de leer el maravilloso libro Mala Ciencia de Ben Goldacre lo entiendo un poco más. El estudio cae definitivamente del lado pro-vacuna: sí que hay algunos casos, raros, de reacciones adversas (como con cualquier medicina), pero nada que suponga motivo alguno de alarma, lo cual no ha sorprendido a nadie. A los que hemos leído algo del tema, porque no había mucho motivo de preocupación a la luz de los datos. Y a los oponentes de probablemente uno de los mayores avances de la medicina, porque no van a dejar jamás que la realidad les estropee su pequeño mundo de miedos infundados.

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Daurmith

Daurmith

Daurmith empezó a jugar con esto de los blogs en 2001 y no ha parado desde entonces a pesar de las protestas. Pensó que así aprovecharía por fin los años que pasó estudiando biología molecular, y descubrió que le encanta hablar de la realidad tal como es; es más divertido.

A pesar de la evidencia fotográfica, Daurmith no es un gato.

10 Comments

  1. September 1, 2011 at 10:32 am —

    Conocí a una pareja que no vacuna a su hija. Son felices y la niña está creciendo bien, pero yo no puedo evitar preguntarme ¿qué pasaría si ninguno de los niños con los que ella se relaciona hubiera sido vacunado?, ¿y si el resto de padres de su cole les hacen caso (porque hacen proselitismo anti-vacuna allá donde van) y dejan de vacunar a sus hijos? Glups…

  2. September 1, 2011 at 12:15 pm —

    Es que una buena parte de la efectividad de las vacunas reside en la inmunidad de grupo. Pongamos que una vacuna administrada a un individuo es efectiva en un 99% de los casos. Al administrar la vacuna a todos los individuos la efectividad se incrementa mucho más, ya que es más difícil que dos individuos de ese 1% infectable se pongan en contacto. Pero esto sólo funciona si la tasa de vacunación es muy alta, cercana al 100%.

    En resumen, lo que hace la pareja que no vacuna a su hija es algo así como parasitismo de grupo: todas las ventajas (ya que el resto de los niños está vacunado) pero sin los inconvenientes (riesgo de reacciones adversas).

    • September 1, 2011 at 12:48 pm —

      ¡Exacto! Y les da la excusa perfecta para seguir viviendo en una fantasía, es el argumento principal que me daban a mí: “no ha sido vacunada y no ha enfermado, luego las vacunas no son necesarias” Muy astutos, sí señor.

      • September 1, 2011 at 3:26 pm —

        Y lo peor de todo es que algunas no lo hacen en ignorancia. Bien saben que se están aprovechando. Esto lo enlacé en otro post, es una parte del documental “The Vaccine War” que pasó PBS por acá hace un tiempo. Lo recomiendo completo si es que tienen tiempo.

  3. September 1, 2011 at 3:27 pm —

    Goldacre es excelente, sigo su blog en badscience.net, pero no he leído ninguno de sus libros aún. El libro sobre el tema más conocido (y más odiado por grupos anti-vacunas) es el del Paul Offit, “Autism’s False Prophets”, es un buen compendio de charlatanes y curas mágicas que han surgido para el autismo, buena parte del cual trata sobre Wakefield y el MMR.

    Y, para una ampliación sobre el tema de Wakefield, los increíbles reportajes de Brian Deer, sin el cual (aunque la ciencia ya sabía de la invalidez de los “resultados” de Wakefield) no se hubiera descubierto los niveles reales a los que bajó esta sanguijuela: (en inglés)

    Parte 1, Parte 2, Parte 3.

  4. September 2, 2011 at 12:46 am —

    Un dato interesante es que esas personas probablemente vacunen sus perros y sus computadores pero no a sus hijos.

    • September 2, 2011 at 8:44 pm —

      Je. Visto así la cosa tiene bastante guasa, la verdad…

  5. September 4, 2011 at 12:40 am —

    Llevo algún tiempo siguiendo Escéptica, y me he animado a comentar porque este es un tema que encuentro particularmente indignante, por la irresponsabilidad que demuestran algunos padres al negarse a vacunar a sus hijos, aprovechando que viven en una sociedad con unas condiciones sanitarias y de limpieza que les ofrecen una cierta “asepsia” por la que piensan que pueden desligarse de su responsabilidad para con el resto de los miembros de esta sociedad. Como le oí decir a alguien una vez, las vacunas son tan eficaces que hasta hemos olvidado para qué las utilizamos…

    Por lo demás, espero que la autora me permita una pequeña corrección. Señala que ha habido dos brotes en España, y emplaza los dos en Granada: en Granada hubo un brote, pero el otro fue en Sevilla.

    • September 5, 2011 at 11:02 am —

      Cierto, Maribel, muchas gracias. Ha sido una redacción torpe por mi parte, ahora mismo lo corrijo.

  6. […] otra vez con la tontería de Wakefield” y dejarlo correr. Del fraude del estudio de Wakefield ya se ha hablado mucho y muy bien (atención, en la anterior frase hay, ni más ni menos, que ¡6 […]

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