Religión y espiritualidadSpanish Inquisition

Tercer Grado: Religión social

Hace unos días, un acontecimiento familiar me llevó a una de esas embajadas de la Edad Media que suelen encontrarse en las ciudades de Occidente. Era un edificio cavernoso en cuyo interior había una temperatura varios grados por debajo a la del exterior, en un día que no era tan cálido como para que eso resultara del todo agradable.

La ceremonia se llevó a cabo del modo habitual. Varias niñas de corta edad fueron untadas con sustancias varias para protegerlas de malas influencias y exonerarlas de responsabilidad por las faltas de un ancestro mítico. Las pequeñas respondieron a las manipulaciones del modo esperable: con llantos, pataleos y gritos de “¡Quema! ¡Quema! ¡Fssssssss!” (Nota: esta parte del relato puede incluir licencias narrativas.) Entre una unción y la siguiente, el sacerdote explicaba la responsabilidad de educarlas como buenas cristianas igual que se le enseña a ser buenas personas. Debo admitir que fue refrescante oír a un cura reconocer que ser una buena persona y ser un buen cristiano no son la misma cosa.

Al final, padres y padrinos se llevaron de recuerdo un poco de agua bendita. En botellitas de plástico. Este último detalle puede parecer un anticlímax estético, una moderna irrupción de lo profano en medio de la liturgia; pero no olvidemos que era precisamente agua bendita lo que dispensaba la primer máquina expendedora de que se tenga noticia, inventada hace dos mil años por Herón de Alejandría.

Pero no todo fue tan prosaico. En la fiesta se sirvió una tarta de mousse de chocolate que transportaba a las puertas del Cielo. También, fuerza es decirlo, la arquitectura del templo, con sus arcos, columnas y vitrales, ofrecía una visión admirable. (Y todo eso lo hicieron seres humanos sin ninguna ayuda divina. ¿No es maravilloso?) Y, por supuesto, estaban las niñas, deliciosas criaturitas; angelitos sin alas, pero con existencia comprobable, que eran, a fin de cuentas, la verdadera causa de que toda esa gente estuviera allí reunida.

Y es que creo que aquí se aplica el mismo principio que comentaba Ángela en un Tercer Grado anterior con respecto a los funerales: el creyente típico pasa por estas ceremonias porque no se detiene a pensar seriamente que podría ser de otro modo. Lo que hay detrás de estos ritos de iniciación forzosos no es necesariamente convicción religiosa, sino más bien tradición: así es como siempre se ha hecho, y obrar de otro modo requeriría aplicar fuerza para vencer una inercia de siglos. Al final, lo sagrado y lo profano se confunden y todo bautismo o casamiento acaba por ser un acontecimiento social más, aunque tenga lugar en una iglesia y lo presida un sacerdote.

Visto lo cual me permito repetir, para un público distinto, una pregunta que ya he hecho en otra ocasión:

¿Cuál es su opinión, estimados lectores de Escéptica? ¿Ven ustedes estas ocasiones más como acontecimientos sociales o como ceremonias religiosas? ¿Asisten? ¿Comentan algo al respecto? ¿Cuál suele ser su actitud en el lugar?

(Imagen: Divine in the Daily)

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Fugaces 05/09/11

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Videntes y buitres

Andrés

Andrés

Espécimen de Homo sapiens nacido en la Argentina del siglo XX. Bohemio de oficina, procrastinador multidisciplinario, autodidacta inconstante, cultor del nomadismo de sillón. En lo que encuentra un lugar cómodo donde la sociedad tenga a bien encasillarlo, se entretiene con cosas que se parecen un poco a la informática, a las artes y al humor.

7 Comments

  1. September 6, 2011 at 11:22 am —

    “Embajadas de la Edad Media que suelen encontrarse en las ciudades de Occidente” Bonito contra-eufemismo, ¡me lo guardo! 🙂

    Afortunadamente hace mucho que en mi familia no se bautiza a nadie, ni siquera yo tuve el placer de ser ungida. Estas ceremonias son ritos bastante extraños que procuro seguir entre la curiosidad, la sorpresa y el cabreo. En el caso del bautismo siempre me he preguntado por qué no se esperan a hacerlo cuando sean adultos plenamente conscientes, ¿no sería un mayor mérito conseguir un cristiano voluntario y adulto, que pensase por si mism…UPS!? vale, dejémoslo ahí…

  2. September 6, 2011 at 1:29 pm —

    Yo bauticé a mi hijo porque mi padre ya estaba enfermo y no quisimos entristecerle (murió al año siguiente y sus últimos años fueron muy felices, pese al dolor, así que no me arrepiento)

    Asñi pues, tengo claro que no lo hice por fe, y lo interioricé como una ceremonia familiar. Que lo fue, sólo nosotros, en la pequeña iglesia del pueblo de mi padre, con el párroco, uno de sus mejores amigos.

    La batalla la plantamos años después, cuando las abuelas dijeron “y ahora, la comunión”. No cedimos, pese a los argumentos de la lágrima, del “si todos lo hacen” del “si es por el gasto, yo os lo pago”… Nosotros le hemos explicado a nuestro hijo las causas, y el lo ha asumido. Entiende que si no se cree en algo, no hay que aceptarlo porque todos lo hagan.

  3. September 6, 2011 at 1:41 pm —

    A bautizos hace miles de años que no voy. Sobre todo porque los pocos familiares que siguen haciendo esas cosas no cometen el error de invitarme. Y aunque lo hicieran…
    A los funerales y las bodas acudo pocas veces, a reírme un rato de las tonterías que se llegan a hacer por tradición. A veces cazas perlas maravillosas; http://halondisparado.com/?p=3578

  4. September 6, 2011 at 2:36 pm —

    En ocasiones veo iglesias (por dentro); en general resultan lugares interesantes cuando uno ha logrado despojarse de ese respeto reverencial que le han inculcado desde niño.
    En cuanto a las ceremonias, si participo en alguna por compromiso trato de combinar el que me importen un pimiento todas las mentiras que allí se ven y escuchan con una cierta urbanidad por estar en una reunión ajena. Es decir, que si no hay modo de zafarse sin malas caras de alguien que me importe, me siento y me levanto a la vez que el resto mientras espero la lectura del fragmento tendenciosamente elegido de la carta de sanpablo a los corintios (he ido a muchas más bodas que bautizos o funerales).

  5. September 6, 2011 at 9:43 pm —

    Yo sigo la tradición familiar y me acerco al bar más cercano con la esperanza de que lo retransmitan por televisión 🙂

  6. September 8, 2011 at 1:29 am —

    No entro a la ceremonia; me quedo fuera respetuosamente. Y digo respetuosamente porque si no creo, me parece una falta de respeto hacia los que sí lo hacen entrar haciendo el paripé: por la misma razón no entro en plan turista a templos en hora de rezos.

  7. September 18, 2011 at 4:01 pm —

    Yo hace poco asistí a una. Aparte de escuchar la homilía y ver que nadie ponía atención, y que la joven leyendo el salmo se equivocó en uno de los salmos mas famosos: “El señor es mi pastor y nada me faltará, en *verdades* praderas me hace desfilar” (verdes praderas, por supuesto, pero eso es lo que pasa cuando no piensa uno en lo que lee, y una prueba más de que a veces los ateos conocen mejor la biblia).
    Creo que mucha gente va, escucha la misa, se aburren, termina y es como si no la hubiera escuchado. Afortunadamente, cuando era niña, mi madre nos instaba a pensar en lo que decían en la iglesia, y “quedarnos con lo bueno” como estas joyitas que recuerdo:
    “Ustedes tienen que hacer el bien, no crean que San Pablo está en el cielo contando, a ver cuántas veces van a misa, y diciendo, ‘fulanito fue a misa hoy, ya lleva 1000, perenganito lleva 2000, ya la tiene salvada'”.
    “Hay que hacer el bien, no por ir al cielo sino porque hay que hacerlo”, “si la razón para portarte bien es simplemente por no ir al infierno, entonces no eres buen cristiano”.
    Creo que el haber sido remarcadas esas cosas en su momento, me ayudó en el momento de mi “deconversión”.

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