Teorías de la conspiración

La construcción del villano

El mundo es un lugar temible. Son constantes la incertidumbre y la ambigüedad. El azar es el peor monstruo imaginable: una bestia ciega e impredecible que puede cebarse con cualquiera en cualquier momento y sin ninguna razón. Los humanos no son mucho mejores: existen personas capaces de hacernos daño sin miramientos por motivos que no entendemos. Para peor, quienes hacen frente a esas personas no son necesariamente nuestros amigos: en las circunstancias adecuadas, también ellos podrían dañarnos.

No hay rima ni simetría en los acontecimientos, ni existe una división efectiva entre héroes y villanos. En resumen, el mundo se parece muy poco a como nos gustan las historias.

Pero si hay algo en que los Homo sapiens nos destacamos es, precisamente, contar historias. Uno de los rasgos que nos distinguen de otros animales es que somos una especie narradora. Así que entretejemos en la trama nuestros propios hilos conductores de sentido y nos contamos a nosotros mismos cosas que nos reconfortan: nos suceden cosas malas porque un antepasado se dejó tentar por una serpiente, o porque estamos purgando el mal karma de una vida anterior, o porque alguien nos envidia y nos lanzó un hechizo; un padre severo, pero bondadoso, se sacrificó por nosotros porque nos ama, y si le hacemos caso nos protegerá del peligro y nos salvará de la muerte. George R. R. Martin escribió sobre esta premisa un magnífico cuento titulado “El camino de la cruz y el dragón”. Si lo encuentra, léalo. Es una auténtica joya.

Pero no necesita usted el talento de Mr. Martin para hilvanar sus propias historias. Basta con un poco de apofenia y otro de anumerismo para ser autor de un género muy popular en estos días: la teoría conspirativa.

No presumo de sociólogo, ni de crítico literario, ni nada que se le parezca, pero me da la impresión de que la teoría conspirativa se centra en un aspecto específico del que depende el éxito de muchas historias: la construcción del villano. Muchas veces el “malo de la película” es Estados Unidos, o las corporaciones multinaciones, o el sistema capitalista neoliberal en términos generales. No es una visión injustificada: todos estos actores son responsables de acciones que bien pueden calificarse como villanescas (entre las que no faltan, ciertamente, conspiraciones reales). Pero lo que hace la teoría conspirativa no es sacar a la luz el daño causado por cada uno, sino otra cosa distinta, que no me resisto a describir con la jerga de TV Tropes: efectúa sobre el villano un upgrade histórico, lo despoja de todo rasgo que pueda redimirlo aunque sea mínimamente (“¿Así que fueron a la Luna? ¡Mentira!”), y acaba por convertirlo en un completo monstruo que cruza sin ningún pudor el horizonte de eventos moral (“¡Atentaron contra su propio pueblo! ¡Qué horror!”) en la ejecución de su espantosamente complicada ruleta de Xanatos para conquistar el mundo.

(Lo siento. No volveré a hacerlo.)

¿Y para qué sirve esto? ¿Qué sentido tiene crear un malo de tal estatura? Bien, siguiendo con mi análisis confesamente amateur y debatible en su totalidad, entra aquí en juego otra regla literaria: cuanto más formidable es el villano, tanto más admirable es el héroe. Al oponerse a fuerzas de tal calibre, el conspiracionista no es sólo una persona con un teclado y una conexión a Internet; es un luchador por la libertad. Más aun: puesto que la mayoría no comparte sus opiniones, es también un iniciado, alguien que ha visto la luz y puede darse el lujo de mirar por encima del hombro a las masas aborregadas que se creen la “versión oficial”.

Versión oficial que él, por supuesto, ha desmontado ya a fuerza de batideducciones. (¡Ups!)

“¡Miren! Los ataques de Nueva York ocurrieron el día 11 del mes 9, ¡y los de Madrid, 911 días después! ¡Está claro que forman parte de un mismo plan de dominación!”

(Es una suerte que los aspirantes a señores del mal sean tan afectos a dejar pistas numéricas y otros signos de su accionar, ¿no cree? Me pregunto si en sus reuniones secretas usan ropa verde con signos de interrogación estampados.)

Son comunes entre los entusiastas de las teorías conspirativas las referencias a Matrix. Se consideran a sí mismos Morpheus que se esfuerzan por que los demás tomen la pastilla roja y vean el mundo real. Lo curioso es que este “mundo real” suele ser un mundo que ellos mismos han puesto ante sus ojos para no ver la verdad.

La verdad de un universo donde no hay una línea definida entre “buenos” y “malos”, y donde no todo obedece a un plan maestro. Una idea que a muchos parece antojárseles más horrorosa que cualquier tiranía.

Previous post

México lindo y querido....

Next post

Fugaces 19/09/11

Andrés

Andrés

Espécimen de Homo sapiens nacido en la Argentina del siglo XX. Bohemio de oficina, procrastinador multidisciplinario, autodidacta inconstante, cultor del nomadismo de sillón. En lo que encuentra un lugar cómodo donde la sociedad tenga a bien encasillarlo, se entretiene con cosas que se parecen un poco a la informática, a las artes y al humor.

No Comment

Leave a reply