Post Invitado

Post invitado: ¿Donde está mi jetpack?

Uno de mis buenos y frikis amigos se compró hace tiempo una camiseta que suele lucir con el gusto de quien difunde un mensaje acertado. Un diseño simple de letras blancas que, en fondo negro, reza:

“they lied to us
this was supposed to be
the future
where is my jetpack,

where is my robotic companion,
where is my dinner in pill form,
where is my hydrogen fueled automobile,
where is my nuclear-powered levitating home,
where is my cure for this disease”

Y si uno se pone a pensarlo, las series que vimos de pequeños, las películas y los relatos de ciencia ficción, los cómics o las revistas de Mecánica Popular nos vendían algo así: un siglo XXI con aerodeslizadores, autos voladores en las ciudades, casas automatizadas, implantes robotizados y otros mil inventos geniales y fantásticos con los que la humanidad iba a ser diferente. Pero a la hora de la verdad, ¿dónde está mi robot de compañía?

No obstante, esa idealización del progreso futuro ha servido para inspirar a generaciones enteras de científicos, que de pequeños soñaron con hacer realidad algunas de las propuestas imaginadas por escritores, dibujantes y guionistas. Los inventos que Julio Verne plasma en sus múltiples novelas se vieron la luz tanto por su capacidad de predecir los derroteros de la ciencia, como por el afán de muchos lectores por hacer posibles sus ideas. Y desde los tiempos de aquel genial escritor hasta hoy en día, podemos ver el mismo ejemplo de mezcla entre la ficción y la realidad; ha ocurrido en tantos inventos que es difícil separar la frontera entre la causa y la consecuencia. Todavía hay equipos muy serios de científicos trabajando en torno a conceptos propios de la ciencia ficción, y consiguiendo resultados pequeños pero alentadores: invisibilidad, teletransportación, lectura del pensamiento, viajes interplanetarios, y (por supuesto) robots.

Por otro lado, resulta que no tenemos jetpacks porque lo que se han inventado ha resultado ser peligroso hasta niveles absurdos, como podría serlo la idea de una casa que levitara gracias a energía nuclear. A cambio de eso, hay otras cosas.

En vez de tener ese enormesupersistema computarizado que controla toda la tierra, tenemos computadores personales baratos en cada casa que nos permiten hacer lo que queremos con ellos y nos permiten realizar miles de tareas que antes eran tediosas, largas o simplemente imposibles.

En vez de tener un ciberespacio al que nos conectamos a través de terminales y cables al cerebro, tenemos una red internacional de información que llega hasta nuestra casa y nos permite leer artículos como éste, jugar juegos en línea, trabajar, ver películas o comunicarnos con millones de personas en todo el mundo.

En vez de cenas en forma de pastillas, tenemos un comercio global de productos que nos da la posibilidad de comer kiwis neozelandeses, salmones de Alaska, plátanos ecuatorianos o café de Java. Tenemos conservantes que detienen la degradación de los alimentos, procesos de liofilización, empacado al vacío, y preparación industrial que nos lleva la comida de mil formas a los supermercados. Y un horno microondas en cada casa, para calentarlos en pocos segundos.

No tenemos robots de compañía, pero tenemos un teléfono sin cables que funciona desde casi cualquier lugar y que nos da acceso a la voz de nuestros seres queridos, nuestros amigos, nuestros clientes o nuestros concursos de televisión más engañosos.

Y aún no hay cura para todas las enfermedades, pero las investigaciones con células madre y la publicación del genoma humano secuenciado abren el camino para que en el futuro seamos cada vez más longevos y sanos.

Tal vez damos por sentado todo lo que tenemos alrededor y que hace relativamente poco no existía o estaba al alcance de unos cuantos privilegiados: los viajes intercontinentales, las comunicaciones satelitales, la música y la fotografía digital, la cirugía con láser o los juegos de video, aparte de otras miles ventajas de nuestra era. Vivimos en el futuro y no nos hemos dado cuenta.

Por encima de todo, y en contra de lo que imaginaban muchos de esos escritores de ciencia ficción, todavía seguimos en un presente de constante progreso, donde no hemos sufrido cataclismos apocalípticos ni guerras termonucleares que nos lleven a vivir en un mundo de barbarie y desesperanza. Así que menos quejas, por favor.

El humorista Louis C.K. da un buen colofón a esta idea en un segmento del desaparecido Show de Conan O'Brien.

https://youtube.com/watch?v=8r1CZTLk-Gk

Sobre el autor

Juan Camilo Cano
Periodista especializado en economía y contenidos online. Lector, escritor, hablador y ateo hasta que me demuestren lo contrario. Blogger en El Tiempo.com.
Este post está dedicado a @multimaniaco, quien me inspiró el post con su camiseta.

La imagen de cabecera de mamut con jetpack es de Skeptical Robot y esta disponible en chapa (pin) y camiseta.

La camiseta que da nombre a este post puedes encontrarla aquí.

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Daniela

Daniela

Born and raised in Mexico City, Daniela has finally decided to abdicate her post as an armchair skeptic and start doing some skeptical activism. She is currently living in Spain after having lived in the US, Brazil and Italy. You can also find her blogging in Spanish at esceptica.org.

5 Comments

  1. March 27, 2012 at 12:22 pm —

    […] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos ¿Donde está mi jetpack? esceptica.org/2012/03/27/post-invitado-donde-esta-mi-jetp…  por Hysbald hace […]

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  3. […] todo, ¿dónde está mi jetpack? etiquetas: futuro, jetpack, inventos, ciencia » noticia original Esta entrada fue publicada en a caso por admin. Guarda el enlace […]

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  5. March 28, 2012 at 4:19 am —

    Es fácil subestimar el progreso científico y tecnológico que se ha logrado en las últimas décadas. Un teléfono celular hoy en día tienen mayor capacidad de cómputo que toda la NASA en 1969, cuando lograron mandar dos personas a la luna (en sí un logro increible).

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