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Los Moradores de la Vagina

Hoy les voy a hablar sobre la microbiota de la vagina, específicamente sobre qué es, para qué la quieres y qué puede pasar cuando arrasas con ella. No, no hay un esfuerzo concertado entre los escépticos de este blog de tener un monólogo de la vagina todos lo miércoles, pero simplemente no me pude resistir al encontrar este nuevo artículo en Science Translational Medicine que habla sobre la dinámica temporal de la microbiota vaginal.

Pero empecemos por pasos, definiendo el microbioma humano, esto es, el conjunto de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo, su genoma y las interacciones que tienen con su ambiente (todos nosotros). Hasta hace relativamente poco, la relación entre el humano y los microorganismos se pensaba principalmente en términos de las enfermedades que estos nos podían ocasionar. Al entrar en escena avances tecnológicos que nos permiten secuenciar con relativa facilidad el ADN de poblaciones enteras de microorganismos, y analizar la expresión de genes en estas comunidades, hemos visto un cambio conceptual sobre el rol que estos bichitos juegan en nuestra salud. Tanto así, que se ha llegado a considerar a nuestro cuerpo como un súper-organismo, una suerte de compuesto genético y metabólico formado tanto por nuestras células como las suyas, y déjenme decirles que nos tienen rodeados. Se estima que por cada célula humana, existen 10 células microbianas viviendo dentro, encima, y alrededor de nosotros (el cuerpo humano esta compuesto de alrededor de 10^13 células humanas, con aproximadamente 10^14 pasajeros bacterianos).

Y la variedad es tan impresionante como la cantidad. Solamente en el tracto gastrointestinal se han encontrado unas 40,000 especies bacterianas diferentes. Tampoco están ahí por pura decoración. Varios estudios han demostrado que el microbioma digestivo parece afectar la producción de vitaminas como la vitamina K, funciona como un regulador del desarrollo del sistema inmune, altera nuestra capacidad para metabolizar medicinas y aprovechar nutrientes, siendo así uno de los factores que determina cuán propensos somos a la obesidad, y está relacionado con enfermedades como la úlcera péptica, la enfermedad de Crohn y la diabetes, entre otras.

Todos hemos oído hablar de la denominada flora intestinal, aunque sea sólo por aquellos anuncios que prometen borrarnos la cara de compunción después de tomarnos un rico yogur sabor ciruela. Sin embargo, aunque la mayor cantidad y variedad de microorganismos en efecto se encuentren dentro del aparato digestivo, cada parte de nuestro cuerpo representa un nicho atractivo para diferentes especies. Las bacterias que viven y prosperan en nuestro cuero cabelludo son completamente diferentes a las que prefieren vivir a unos cuantos centímetros de distancia, en nuestro cuello o en nuestras axilas, o un poquito más al sur, en la vagina.

Dentro de la vagina se han detectado unas 250 especies de bacterias, dominando la escena el Lactobacillus iners y el Lactobacillus crispatus en la mayoría de la mujeres sanas. Estas especies parecen tener un papel importante en mantener el ecosistema vaginal normal, al acidificar el ambiente (pH < 4.5) por medio de la producción de ácido láctico, además de producir otras sustancias antimicrobiales, logrando así prevenir el crecimiento de microbios oportunistas. ¿Qué pasa cuando hay un desbalance en la ecología vaginal? Nada bueno, pues te vuelves propensa a infecciones por patógenos causantes de la vaginosis bacteriana, vaginitis aeróbica o la candidiasis vaginal. Los síntomas varían dependiendo del individuo y de la infección en particular, pero es común la comezón, el ardor, molestias al orinar o al tener relaciones sexuales, secreciones vaginales de olor fuerte, color o textura diferente, en fin, muy agradable todo el asunto. Quizá no te lo necesito ni contar, porque muy probablemente a ti, a tu pareja, o alguna amiga tuya ya le ha pasado. Aproximadamente un 75% de las mujeres sufrirá de candidiasis vaginal por lo menos una vez en su vida.

¿Y qué da lugar entonces a los cambios en la ecología vaginal? Pues un montón de factores: tu edad, la menstruación, otras infecciones y los antibióticos que puedas estar tomando para tratarlas, el stress, las pastillas anticonceptivas, la inoculación con organismos provenientes de otras partes (como de las partes de tu pareja), la presencia de bacteriófagos que sean selectivos a los lactobacilos, la incapacidad de algunas especies de Lactobacillus de acidificar la vagina y, por favor aquí poner mucha atención, nuestros hábitos de limpieza vaginales. ¿Por qué lo pongo en negrillas? Porque tengo una pequeña obsesión/cruzada/misión en contra de un hábito en particular: las duchas vaginales. En este contexto, les recomiendo el siguiente video (en inglés), donde Rebecca Watson habla de las duchas vaginales (minuto 4):

Una ducha vaginal es el proceso de lavar la vagina forzando una solución en la cavidad vaginal. Los productos comerciales son soluciones acuosas que pueden contener yodo, bicarbonato de sodio, vinagre, perfumes u otras fragancias, y cumplen el propósito de hacernos sentir más limpias; porque al igual que para cualquier otra parte del cuerpo de una mujer, nos están vendiendo la idea de que nuestra vagina tiene que estar siempre bien vestida, peinada, decorada, perfumada, e incluso pintada (o mejor dicho despintada, como vemos aquí), y lista (pero recatada, no vaya a ser que nos tilden de zorras) para recibir a ilustres invitados en todo momento. Lo cierto es que cada vez hay más evidencia que indica que las duchas vaginales pueden dar lugar a infecciones al arrasar con la microbiota vaginal normal, e incluso activamente promover la infección al transportar patógenos de los genitales al útero, a las tropas de falopio o a la cavidad abdominal.

Independientemente de la causa, una infección vaginal es algo para tomarse en serio. Más allá de las considerables molestias que ocasionan, existen muchas complicaciones asociadas con las infecciones vaginales, particularmente con la vaginosis bacteriana, como partos prematuros en mujeres embarazadas, desarrollo de la enfermedad inflamatoria pélvica y la posibilidad de infertilidad asociada a esta infección, aumentos en el riesgo de contraer y transmitir el VIH, y mayor susceptibilidad a otras ETS.

Ahora que ya los tengo bien asustados, quiero volver al punto inicial del post: el nuevo artículo que les mencioné. Debo confesar que hasta ahora les he hecho un poco de trampa al pintar un panorama del conocimiento más definido que lo que en realidad poseemos, porque exactamente qué constituye un desbalance de la ecología vaginal es una pregunta que todavía estamos tratando de responder.

Este nuevo estudio de la Universidad de Rochester, donde los investigadores usan técnicas genómicas para analizar muestras de bacterias vaginales de 32 mujeres sanas en edad de reproducción, recolectadas a lo largo de 4 meses, es un buen comienzo para responderla. Los investigadores encontraron que ciertas comunidades bacterianas en una misma mujer cambian radicalmente en un periodo corto de tiempo, mientras que otras se mantienen relativamente estables. Estos cambios parecen estar relacionados con el ciclo menstrual (específicamente con los niveles de estrógeno a lo largo de ciclo), la composición particular de bacterias, y la actividad sexual de la mujer. También encontraron diferencias significativas en la comunidades bacterianas prevalentes en mujeres de distintas etnias.

El estudio nos demuestran que todavía no tenemos muy claro qué es exactamente una vagina sana, y por lo tanto, cómo podemos diagnosticar y tratar enfermedades como la vaginosis. Por ejemplo, los investigadores reportan haber encontrado composiciones bacterianas en ciertas mujeres que normalmente darían lugar a un diagnóstico de vaginosis bacteriana, a pesar de no presentar síntoma alguno de vaginosis. ¿Entonces, cómo podemos saber si en realidad una mujer tiene vaginosis? ¿cómo podemos curar eficazmente a diferentes mujeres con el mismo tratamiento, como hasta ahora lo hacemos, si la microbiota vaginal normal varía tanto de mujer en mujer? En un editorial adjunto, se sugiere incluso que las variaciones en la composición de la microbiota vaginal de una mujer, aunadas a la composición del esperma del hombre, podrían hacer posible que una mujer sea fértil con un hombre, e infértil con otro.

Por ahora nos quedamos con más preguntas que respuestas. Sin embargo, esperamos que estudios auspiciados por el Proyecto Microbioma Humano (HMP por sus siglas en inglés), como el estudio en cuestión, nos vayan abriendo el panorama poco a poco, y nos ayuden a responder una de la preguntas más fundamentales. ¿Existe un microbioma básico, común en todo individuo?

La imagen de la cabecera viene del sitio del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades.

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lucy

lucy

Nacida en México, Luciana siempre ha tenido interés por temas científicos, al grado de tener la osadía de navegar el circuito académico durante la última década. Sin visos de lanzar el ancla en un área específica, ha metido mano en temas que van de materiales, a nanotecnología y últimamente en biotecnología. La vida no corre prisa, y entre inmersiones a las obscuras aguas del trabajo experimental, esta rata de laboratorio tratará de subir a la superficie para tomar un poco de oxígeno y perspectiva al escribir para escéptica.

7 Comments

  1. May 16, 2012 at 10:49 pm —

    […] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos Los Moradores de la vagina esceptica.org/2012/05/16/los-moradores-de-la-vagina/  por disconubes hace […]

  2. […] desarrollo del sistema inmune, altera nuestra capacidad para metabolizar medicinas y aprovechar nutrientes, siendo así uno de los factores que determina cuán propensos somos a la obesidad, y está […]

  3. […] » noticia original Esta entrada fue publicada en General por admin. Guarda el enlace permanente. […]

  4. May 17, 2012 at 5:07 am —

    Gracias por la info!!

  5. May 17, 2012 at 3:11 pm —

    Muy necesaria esta información. ¡Amigas! dejen de botar su dinero comprando potingues que no necesitan. Es más, les hacen daño. Recuerdo que el año pasado andaba dando vueltas por la radio un anuncio publicitario sobre un producto para esconder ¡el mal olor vaginal! cada vez que lo escuchaba me daban ganas de lanzar la radio por la ventana. Todos los ginecólogos que he visitado en mi vida me han recalcado que para la higiene vaginal solo se debe usar agua. Pero, bueno, ya conocemos la vieja estrategia: inventar soluciones para problemas que no tenemos.

    Si tienes algún malestar acude al médico.

  6. December 6, 2012 at 11:00 am —

    […] para la fertilización. También se recomienda que las mujeres eviten el orgasmo y utilicen duchas vaginales de bajo pH, para mantener un ambiente ácido. A pesar de que sus defensores dicen que el método […]

  7. April 29, 2013 at 6:30 pm —

    […] Sobre la microbiota de la vagina Lucy escribió un post muy completo llamado “Los moradores de la vagina”. […]

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