Cosas que te van a interesarReligión y espiritualidad

Mi primera vez

No sé ustedes, pero hace apenas un mes y medio fue mi primera vez. Estaba realmente muy nervioso. Cuatro semanas antes, cuando me decidí por fin a hacerlo, sentí una clase de vértigo. ¡Hasta soñé con ello! Consideré que si me angustiaba tanto en mi mundo onírico, ¡qué sería de mi en la realidad!

Pensé en mi vida, en lo valiosa que era. ¡En que quizá la perdería a consecuencia de hacer semejante locura! La muerte se ha convertido en una clase de obsesión intelectual para mi. Y cuando digo muerte, me refiero al verdadero sentido de esa palabra: desaparición, aniquilación, ausencia de vida. No me refiero al suave y consolador concepto de la mente mística, que insiste en decir que tal cosa, la muerte, no existe.

Yo creo, con toda la fuerza que podría tener el más férreo y monolítico de los convencimientos, que después de la vida nada se nos ha prometido y que nadie nos espera. La palabra muerte rondó mi cabeza muchos años, pero jamás la entendí. Cuando por fin lo hice, sentí como si quitaran el suelo bajo mis pies. Era literal. Fue la primera vez que me enfrente de verdad a la idea de la muerte. Hay un valor en la vida que termina, que jamás podrá entender alguien que se considera eterno. El creyente en la vida futura no conoce la muerte, no concibe la aniquilación. Para él, la muerte no existe. No puede valorar la vida como un bien precioso y escaso. Para él es un manantial que no deja de fluir. Un día no significa, ni puede significar, lo mismo.

En este caso iba a enfrentar, de alguna forma, a la muerte. No como un recurso intelectual, sino de verdad. Al menos, una potencial e improbable, pero no por ello menos real ni imposible. Quizá no. Quizá era un pensamiento exagerado producto de los nervios. ¿O no?

Cuando llegué al lugar sentí nuevamente vértigo. Eramos varios los involucrados, pero no todos llegaron puntuales. Así que la hora de nuestra participación fue movida, y tuvimos que esperar nuestro turno un par de horas. Ese tiempo extra sirvió para tranquilizarme. Podía ver como la gente iba y regresaba. Una y otra vez. Al cabo de cierto tiempo, todo parecía muy rutinario. Así que cuando llegó mi momento, estaba un poco más relajado. No tanto. Cuando comienzan a colocarte el arnés se experimenta una sensación de punto de no retorno. Después de unas breves indicaciones del instructor, caminé hacia mi destino.

La avioneta era muy pequeña, sin puerta. Se notaba que era muy usada. Apenas había espacio para seis pasajeros y el piloto. Me dio un calambre en la planta del pie. Ya en el aire, mientras hacíamos el ascenso, me anclé al instructor. Él se colocó detrás de mi. Mientras ponía atención al paisaje y el ruido del motor, me pregunté, real y sinceramente, si esos serían mis últimos recuerdos y experiencias. “¿Y si no funciona? ¿Si algo falla?” Pero ya no había marcha atrás. Para eso había decidido ir ahí.

Todos lo viven de forma diferente. Para mi, fue extraordinario haber contemplado, aunque fuese por un instante, aunque fuera de forma exagerada, la probabilidad de la muerte posible.

Fui el tercero. Solo recuerdo estar sentado en la orilla, contemplando el paisaje, las nubes y el suelo (que se encontraba aproximadamente a 3 kilómetros de mi). Y después… simplemente salimos. Nos dejamos caer.

La aceleración inicial me tomó por sorpresa. Se siente en el estómago con la fuerza de la más poderosa de las montañas rusas. Pero solo dura un instante. Después no se siente nada. Flotar. Se siente flotar y un viento increíblemente poderoso que te golpea la cara y el cuerpo.

¿Y la muerte? ¿Y la vida? ¿Sería esto lo último? Quizá. Pero ya estaba ahí, cayendo a unos 200 kilómetros por hora contemplando el paisaje. Me asustó un poco esa sensación inesperada de no poder respirar, pero no importaba ya. No duraría mucho de cualquier manera.

Se abrió, ¡por fín!, el paracaídas. “¡Sobreviviré!”. Después de eso todo es muy tranquilo. Como planear. Consideré la posibilidad real de haber muerto. Supongo que eso de saltar de un avión en movimiento tendrá alguna clase de riesgo, aunque sea muy pequeño.

Medité en toda la gente en la historia que jamás pudo experimentar algo así, porque no existían los aviones ni los paracaídas. Sentía un amor por la vida que, irónicamente, me hacía hacerle un guiño a la muerte. Como si aquello hiciera sentir más real la existencia.

Esa existencia, tarde o temprano, se irá. Me perderé. Mi individualidad y mi conciencia se perderán. Me haré polvo. Primero, polvo en la Tierra. Después, muchos millones de años después, polvo de estrellas, cuando nuestro sistema solar terminé su propio ciclo vital.

Por ahora, simplemente soy un ser consciente que experimenta el don de la vida. Y que le da su valor gracias al contraste con la muerte. No la figurada de los místicos, sino con la verdadera. Con la aniquilación posible. No necesito las explicaciones místicas. La realidad me es suficiente. No me hacen falta para vivir y experimentar las maravillas. ¿A ti si?

La foto del paracaidista salió de Brero.

Previous post

Fugaces 17/05/12 o "Soy loco por ti, América"

Next post

Tercer Grado: ¡Te invito a mi fiesta ayer en la noche!

Javier

Javier

Licenciado en Matemáticas Aplicadas y Computación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante mucho tiempo interesado en la difusión del pensamiento crítico, la ciencia y el escepticismo. Enamorado de la astronomía, temas afines a la computación, la religión, así como cuestiones éticas involucradas. Colmado de una imperiosa necesidad de expresión y una pasión mística en un mundo sin Dios.

6 Comments

  1. May 17, 2012 at 1:32 pm —

    Ante todo, enhorabuena por tu primer salto, y bienvenido al cielo.

    Los que practicamos este deporte estamos encantados cuando alguien decide compartir la experiencia de su primera vez, y cómo cambia su forma de ver la vida.

    Es cierto que hay experiencias que le hacen a uno plantearse su propia mortalidad. Volar es una de ellas. No porque sea muy peligroso, que no lo es, sino porque uno debe aceptar conscientemente el riesgo de que todo termine, por pequeño que sea ese riesgo.

    No necesito creer en otra vida para preciar esta. Creo que esta vida tiene más valor porque es limitada, porque termina. Cada instante es más valioso porque es único y no volverá.

    Esta experiencia que has compartido con nosotros es muy especial. La mayoría de la gente, en su vida diaria, no se plantea la posibilidad de morir. Planteárselo le da un valor nuevo a la vida, nos hace sentir lo afortunados que somos de estar vivos, de sentir, de poder experimentar el mundo y dejar nuestra huella en él.

    En cuanto a la experiencia de volar ¿Qué voy a contarte, que no hayas sentido ya en esos tres primeros kilómetros de viento, libertad y euforia que has recorrido?

    Bienvenido al cielo. Al de verdad. ¿Quién sabe? Quizá algún día nos veamos en el aire.

    Hasta entonces, enhorabuena, y disfruta de esta vida que tenemos, y que es más valiosa cuando apreciamos lo frágil que es.

    [i]”Una vez hayas probado el vuelo, siempre caminarás por la Tierra, con la vista mirando al Cielo, porque ya has estado allí, y allí deseas volver.” (Leonardo Da Vinci)[/i]

    • May 17, 2012 at 6:35 pm —

      Gracias por tus palabras Ignacio. Si, es toda una experiencia. No sé que más decirte. Espero repetir en no mucho tiempo.

      Y si, hay algo transformador en eso de plantearse la propia muerte. ¡Un gran saludo!

  2. May 17, 2012 at 2:19 pm —

    Felicitaciones por tu primer artículo. Debo decir que me emocioné con tu relato.

    Siempre he dicho que jamás haría algo semejante. Sin embargo, hay algo que me produce una sensación similiar: flotar en el mar.

    • May 17, 2012 at 6:37 pm —

      ¡Muchas gracias Lulú! Que bien que te emocionó.

      No está de más decirte que la experiencia te la recomiendo ampliamente. Vale todo el miedo que pueda provocar.

      Nuevamente un agradecimiento por tu recibimiento. 🙂

  3. May 18, 2012 at 1:25 am —

    ¡Qué envidia! Un día de estos me voy a animar. Bueno, yo estoy animada, falta convencer a alquien que vaya conmigo.

    ¡Bienvenido a Escéptica!

    • May 18, 2012 at 3:07 am —

      ¡Si! ¡Hazlo! Y convence a más personas. Igual consiguen un descuento.

      ¡Muchas gracias por la bienvenida!

Leave a reply