Ciencia

La hora feliz

Pro tip: a veces la información contenida en Internet no es del todo fiable.

Por eso, cuando perdiendo el tiempo en Pinterest, me encontré con la idea de que metiendo un oso de goma (gummi bear) en vodka se absorbe el alcohol y crece al doble de tamaño, mi primera reacción fue la de asumir que el internet estaba jugando con mis sentimientos otra vez. Pero, siendo curiosa, escéptica y aficionada a las bebidas espirtuosas, decidí poner a prueba el concepto yo misma inmediatamente.

Fui a la cocina y, para mi decepción, no tenía osos de goma y las dos botellas de vodka estaban vacías (digamos que por experimentos anteriores). Sin embargo, tenía unos bombones (malvaviscos / nubes / marshmallows) y ginebra.

No lo hagan. Sabe asqueroso.

Saben asquerosos.

Derrotada, tuve que esperar a otro día para comprar osos y vodka.

Una vez adquiridos los ingredientes necesarios, puse 3 osos a remojo un poco antes de la hora de la comida para que estuvieran listos para el happy hour (de jueves a domingo de 17 a 24hrs. – es una traducción libre de “hour”).

Dos horas más tarde, los osos estaban visiblemente más grandes y suaves pero, como seguían teniendo el centro con la consistencia original*, consideré necesario dejarlos mucho más tiempo.

*¿Que cómo lo sé? Me zampé uno y metí otro oso sustituto en su lugar, sin marcar. ¿Mala ciencia? Puede ser, pero el primer paso es admitir los errores metodológicos, ¿no?


A las dos de la mañana, tras unas diez horas en baño de vodka, los osos parecían una masa viscosa en la copa y habían crecido considerablemente. Fue necesario rellenar la copa para que quedaran cubiertos por vodka nuevamente.

Mis propias horas de vodka impidieron la colocación perpendicular de los osos.

Tras 26 horas de remojo, los osos habían quedado así de grandes:


Como sé que este público es muy tiquismiquis y que el uso de “así de grandes” como unidad de medida puede dañar las posibilidades de publicación de mi próximo paper: “Ingesta de ursus spiritus como método profiláctico contra sobriedad”, preparé otra tanda de osos y ahora sí tomé las medidas que la instrumentación de mi laboratorio permitieron:

Para profundizar en el tema, hice una investigación más rigurosa en prestigiosas publicaciones científicas (Google y Youtube). Ahí se pueden encontrar cuidadosas exposiciones y videos tutoriales de comunicadores científicos con amplia experiencia en la materia (estudiantes ebrios) en los que se sugiere que la preparación de osos y vodka se cubra y que se deje una semana en la nevera. Dada la situación económica actual, va a ser difícil conseguir fondos públicos para financiar un estudio de mayor alcance.

Aunque parezca difícil de creer dado el rigor de mi exposición, yo no me dedico a la ciencia (increíble, ¿verdad?). De hecho, antes de que estos ositos se cruzaran en mi camino, todavía tenía en la mente la definición de ósmosis que se me quedó desde el colegio:

Ósmosis: El superpoder que permitiría que el conocimiento pase de un lugar de alta concentración (i.e. un libro) a uno de baja concentración y de menor potencial (i.e. mi cerebro) sin necesidad de energía.

Así que, para los que como yo, se quedaron en blanco en la clase de ciencias:

Los osos están hechos primordialmente de una mezcla de azúcares y gelatina*. Esta útlima está compuesta de largas moléculas (proteínas, específicamente colágeno) que se entrecruzan formando una suerte de red tridimensional (un gel) elástica que funciona como membrana semipermeable. Al poner los osos en contacto con el solvente (vodka, agua) las moleculas del solvente fluirán de la región de mayor concentración de agua (fuera del oso) a menor concentración (dentro del oso), haciendo que el oso crezca. Este proceso continuará hasta llegar al equilibrio.

*La gelatina, por cierto, se obtiene cociendo tejido conjuntivo, huesos y cartílagos de animales muertos, usualmente vacas o cerdos. Bon appetit!

¿Qué pasa cuando comparas el crecimiento del oso en agua sola con aquel en agua salada?

El crecimiento es menor porque el soluto (la sal) ocupa cierto espacio que hubiera sido ocupado por moléculas de agua, y también porque los iones del cloruro de sodio (a.k.a, sal) se asocian con algunas moléculas de agua (ver video) reduciendo la concentración efectiva de agua. El resultado es menor flujo de solución hacia el oso.

Conclusión: Enseñar a los niños a experimentar y ver con sus propios ojos las relaciones causales facilita la comprensión de los conceptos y, con un poco de suerte, despertará la pasión por la ciencia que llevará a algunos a perseguir carreras científicas. Quién sabe, a lo mejor tu hijo o alumno es el próximo Nikola Tesla, la próxima Rosalind Franklin o el creador de videos tutoriales sobre cómo la presión osmótica hace que un osito de goma se llene de vodka. Como mínimo, evitarás que esté llenando la cocina con osos babosos ya bien entrado en su tercera década.

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Daniela

Daniela

Born and raised in Mexico City, Daniela has finally decided to abdicate her post as an armchair skeptic and start doing some skeptical activism. She is currently living in Spain after having lived in the US, Brazil and Italy. You can also find her blogging in Spanish at esceptica.org.

6 Comments

  1. June 21, 2012 at 11:29 am —

    Esto me recuerda al experimento de meter las nubes de golosina en el congelador. No hay un gran cambio, salvo que están más fresquitas.

    La verdad es que no se me había ocurrido, pero es una buena idea. A ver si me acuerdo y pruebo lo de los ositos (veré si aún tengo aquella botella de licor de moras…). Quizá luego los meta en el congelador, a ver como quedan 🙂

    • June 21, 2012 at 6:41 pm —

      No sé si cambien mucho porque el vodka no se congela, pero hay que hacer el experimento.

  2. June 21, 2012 at 6:30 pm —

    Si así hubieran sido mis clases de Química…
    Por cierto, si visitan Yucatán y por alguna razón buscan malvaviscos, les recomiendo buscarlos como “sunchos”.

    • June 21, 2012 at 6:42 pm —

      ¡No tenía ni idea! Pensé que se llamaban bombones en todo México.

      • June 21, 2012 at 6:45 pm —

        Y yo pensaba que en todo México se les conocía como sunchos. Hasta que un día, un amigo del DF vino, escuchó a un señor decir “Sunchos, sunchos, compre sus sunchos”, y me preguntó qué era un suncho 🙂

  3. June 21, 2012 at 11:22 pm —

    Un estudio impecable.
    Aún así, no se si me atreveré a acometer un ensayo como este con mis hijas. No me molesta que trasteen con el vodka, pero los ositos… Intento mantenerlas alejadas todo lo posible de las gominolas, por el bien de sus dientes.

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