CienciaCosas paranormalesEscepticismo

La extraordinaria realidad

Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alma de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra.
Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo.
Pero, cada una de esas estrellas es un sol, a menudo mucho más brillante y magnífico que la pequeña y cercana a la que denominamos el Sol. Y muchos -quizá la mayoría- de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos. Así, casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembro de las especies humanas, desde el primer hombre-mono, su propio mundo particular: cielo… o infierno.
No tenemos medio alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados y con qué clase de criaturas: el más cercano de ellos está millones de veces más lejos que Marte o Venus, esas metas remotas aún para la próxima generación. Mas las barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros superiores, entre las estrellas.
Los hombres han sido lentos en encararse con esta perspectiva; algunos esperan aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han acontecido ya tales encuentros, puesto que nosotros mismos estamos a punto de aventurarnos en el espacio?
¿Por qué no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta muy razonable pregunta. Mas recordad, por favor, que ésta es sólo una obra de ficción.
La verdad, como siempre, será mucho más extraordinaria.

Así comienza uno de mis libros de ciencia ficción preferidos, de uno de mis (también) autores favoritos. Así comienza 2001: Una odisea espacial, de Arthur C. Clarke.

No me podrán negar que el libro empieza fuerte, abordando cuestiones que en algún momento todos (o casi) nos hemos parado a pensar.

Desde que el hombre es hombre, cien mil millones de nosotros han caminado sobre la faz  de la Tierra. Imagínense que cada uno de esos cien mil millones estuvieran todavía entre nosotros en forma de espíritu, fantasma o lo que sea. ¡Súper población fantasmal! ¡No tendrían suficientes recursos incorpóreos para todos! Y mucho menos espacio… ¿los fantasmas se pueden comprimir, como los gases? ¿Podrían tomar la forma del recipiente que los contiene?

Quizá con sus poderes fantasmales hayan sido capaces de poblar esos otros cielos e infiernos de los que habla Clarke, expandiéndose por la galaxia mucho antes de que nosotros hayamos sido capaces de formar nuestra primera colonia lunar o marciana (¡ni siquiera hemos puesto un pie en Marte todavía!).

Parece poco probable encontrar colonias fantasmales más allá de las fronteras de nuestro planeta, ¡aquí tampoco podemos verles!
Aunque muchos se empeñen en decirnos que nuestros antepasados muertos siguen entre nosotros y pueden hablar con ellos, ¿hasta dónde podemos remontarnos en nuestro árbol genealógico? ¿Podrían los médiums hablar con la primera homínida de la que desciendo?
Es que, ¿saben? No me interesa que me digan que mi abuelo me quería mucho o que mi abuela se alegra de que no vaya a misa, eso ya lo sé. O al menos sé que lo pensaban en vida.
Lo que sería realmente impresionante es que el médium de turno me ponga en contacto con la primera Homo de la que procedo. Que me cuente qué tal por la sabana, cómo le fue la caza hoy, cuántos antílopes ha dibujado en su cueva… esas cosas.

Si la cobertura del Más Allá no llega tan lejos, también me gustaría hablar con alguna de mis antepasadas de la Edad Media. Para que me cuente cómo se vive con el miedo a que te acusen de brujería y te quemen en la hoguera. Cositas cotidianas.

El segundo tema inquietante del texto es si estamos solos en el Universo, si podremos encontrar y establecer una relación con otras civilizaciones de más allá de nuestra galaxia. ¿Serán mejores o peores que nosotros? ¿Por qué no nos hemos relacionado ya con ellos si son más inteligentes o poderosos?

Está claro que Clarke no se enteraba: ya nos han contactado. Vienen cada cierto tiempo, hacen círculos en nuestros maizales y abducen y violan con sondas anales al señor con la boina más enroscada del pueblo.
Ellos hicieron las pirámides: tanto las egipcias como las americanas.
¿Y saben todas esas batallas en las que dicen que algún santo bajó del cielo a ayudar a vencer al enemigo? Todo mentira. Fueron los aliens.

Pero, tomando prestadas las palabras de Clarke: recuerden que este texto es ficticio y que la realidad es mucho más excitante y maravillosa.

La foto de cabecera está sacada de aquí, pero es de dominio público.

Previous post

Fugaces 02/07/12

Next post

Un año de fosas escépticas

silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

4 Comments

  1. July 3, 2012 at 11:14 pm —

    me has recordado una noticia que oí a uno de los clásicos vendedores de humo (no voy a hacerle propaganda dando su nombre) este fin de semana: un circulo de la cosecha del que se puede deducir la hora a la que despegó el avión que bombardeó Nagasaki (o algo así), según este señor es una prueba de que los extraterrestres nos quieren transmitir un mensaje preciso. Tan avanzados y aún no saben que se puede publicar cualquier texto en el periódico simplemente pagando (o seguramente gratis si son de color verde)

    • July 3, 2012 at 11:46 pm —

      Eso lo dices porque tienes envidia de no haber sido tú el que lo ha descifrado 😉

  2. July 5, 2012 at 5:42 pm —

    ¡Me has descubierto! ¡Tienes poderes!

Leave a reply