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Tercer Grado: Tu Supermodelo

Mi profesora de matemáticas en tercero de secundaria se llamaba Susana, y era una de esas personas hechas para enseñar. Es bien sabido que los adolescentes pueden oler el miedo de un maestro con una sensibilidad similar a la de un tiburón, y como buenos depredadores van directo a la yugular en cuanto detectan partes por millón de sudor frío. Mi pobre maestro de español aprendió esta dura lección de biología a no más de diez minutos de haber empezado su primera clase (su mirada nunca recuperó el lustre).

En cambio, en cuanto Miss Susi pisaba el salón la clase inmediatamente callaba y todos abríamos con diligencia nuestros cuadernos. Nuestra atención no se fincaba en el miedo; si bien sabíamos que no era una persona contra quien sublevarse, rara vez nos regañaba o castigaba. Poníamos atención por respeto y admiración a su conocimiento y a su deseo de impartirlo, por demostrarle nuestra capacidad, y algunos cuantos ñoños porque en verdad nos gustaba la materia. Esta mujer fue sin duda alguna mi mejor maestra, y aunque no puedo decir que me incliné por una carrera en ingeniería gracias a ella, definitivamente fue una fuente de inspiración al entrar a la universidad y encontrar que no más de un 10% de los estudiantes eran mujeres; en más de una ocasión la experiencia fue acojonante.

Mi experiencia no es única. Varios estudios señalan que la brecha que existe entre hombres y mujeres que se deciden por carreras en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) puede minimizarse con la presencia de otras mujeres que les sirvan de mentores y modelos a seguir. Estas personas no solo sirven como fuente de inspiración o guías, sino que nos sirven para combatir los estereotipos negativos tan arraigados sobre las mujeres en disciplinas STEM, y que afectan tanto el desempeño y el interés de las mujeres en estas áreas. Este fenómeno parece ser cierto a cualquier nivel, tanto para niñas que se deciden por jugar con el set de química, como para mujeres que se animan a volverse investigadoras. Todos nos beneficiamos de tener alguien que haya andado el camino antes que nosotros.

¿A qué viene todo esto? Bueno, que el pasado lunes murió Sally Ride, la primera mujer estadounidense en viajar al espacio a bordo del transbordador Challenger, en 1983 (20 años después de que la rusa Valentina Tereshkova se convirtiera en la primera mujer en el espacio, por cierto), y en una segunda misión en 1984. También fue la única persona en participar en los dos paneles que investigaron los accidentes del Challenger y del Columbia en 1986 y 2003, respectivamente.

Ciertamente para cuando Sally Ride entró al programa espacial, la época en la que el sexismo empañaba por completo la visión de la NASA había ya pasado. Si no me creen, lean por favor este artículo sobre el Programa de Mujeres en el Espacio (en inglés), donde describen como en los setenta la NASA pensaba que una de las principales ventajas para mandar a una mujer al espacio era el liberar tensiones sexuales entre los señores cosmonautas. ¡Es en serio!

Sin embargo, la situación distaba de ser una paraíso de igualdad. Hablando en conferencia de prensa antes de su vuelo, se vio obligada a responder amablemente preguntas como si usaría sostén y maquillaje en el espacio, si lloraba en el trabajo, y cómo le haría cuando le tocara menstruar durante el vuelo.

Estas experiencias seguramente la motivaron a involucrarse en mejorar la educación científica, y promover la participación de las niñas en ciencia, matemáticas e ingeniería.  Escribió seis libros de ciencia para niños, y fundó una compañía, Sally Ride Science, para hacer que la ciencia y la ingeniería volvieran a ser “cool”, al desarrollar programas y materiales científicos para las escuelas, y entrenar a los educadores a ejecutarlos. También organizó festivales, campamentos y clubes de ciencia con el objetivo de ayudar a las niñas a encontrar mentores y modelos a seguir.

¡Ah, y casi se me olvidaba, además de todo esto, estuvo a punto de volverse tenista profesional! Si quieren aprender un poco más de ella, les recomiendo este artículo del New York Times.

Ya podrán imaginarse de qué va el tercer grado de hoy. ¿Qué mujer es o fue tu ejemplo (científico) a seguir? ¿Es alguien famoso, o una heroína anónima? ¿A qué científica admiras?

La imagen de la cabecera viene de aquí.

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lucy

lucy

Nacida en México, Luciana siempre ha tenido interés por temas científicos, al grado de tener la osadía de navegar el circuito académico durante la última década. Sin visos de lanzar el ancla en un área específica, ha metido mano en temas que van de materiales, a nanotecnología y últimamente en biotecnología. La vida no corre prisa, y entre inmersiones a las obscuras aguas del trabajo experimental, esta rata de laboratorio tratará de subir a la superficie para tomar un poco de oxígeno y perspectiva al escribir para escéptica.

2 Comments

  1. July 27, 2012 at 12:01 pm —

    Yo no tuve ese amor por Miss Susi, pero sí el respeto (y algo de miedo). A lo mejor por eso no me fui a una carrera de ciencias.

  2. July 31, 2012 at 12:04 pm —

    Yo debo confesar que ninguna mujer fue un modelo a seguir cuando me decidí a hacer una ingeniería, yo solo quería seguir los pasos de mi hermano mayor y patearle el culo en ciencias.

    Si bien, hablando de profesores, es curioso que durante toda mi vida he visto un patrón: mis mejores profesores de matemáticas fueron todas mujeres. No sé si por su manera de explicar, por su amor por la materia que impartían o simplemente porque eran mujeres y, bueno, me caían mejor. Con esto no estoy diciendo que las mujeres en general sean mejores en matemáticas, solo que ellas lo eran y también me demostraron y ayudaron a entender que las ciencias no son solo cosas de hombres.

    Mi científica estrella es un tópico: Madame Curie, pero es que ¡sus apuntes todavía son radiactivos!

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