Ciencia

Extintos en vida

Seguramente ya has escuchado la frase: “Aunque fueras la última persona sobre la tierra jamás saldría/me casaría/tendría hijos contigo”. Para desilusión de muchos, ese deber ineludible de reproducirse propio de la última pareja con el objetivo de “salvar” a la especie humana, sería como tratar de reanimar a una gallina descabezada con sus granos favoritos.

Lector .- ¡Santos diluvios! Pero a mí siempre me han dicho que una pareja basta para regenerar la población. Entonces, ¿por qué estaríamos jodidos?

Autora .- Porque en estos asuntos la genética importa. E importa mucho.

Supongamos que tenemos una población de ratitas de campo. La coloración de su pelaje puede ser café o blanco (fenotipo), la cual está dada por un solo gen.

Como podemos ver hay una diferencia de dominancia en los alelos, por lo cual es más probable que una madre tenga más crías cafés que blancas. Si existe una ventaja selectiva del ambiente por alguno de los colores, tendrá una influencia en la dinámica de la herencia de esa población.

¿Y a qué va todo esto?

El punto de todo este balbuceo genético es que los alelos pueden llegar a desaparecer en la población. Para siempre.

Imaginemos ahora que llega un huracán que provoca la inundación del bosque donde las ratitas habitan. Solo unas cuantas sobreviven.  En estos casos donde las poblaciones quedan reducidas y aisladas, las probabilidades de que se establezcan las proporciones dadas, como el 3:1 de pelaje café y blanco pueden desajustarse. Ejemplos de esto podrían ser cuando al tirar una moneda cinco veces, todas sean “cara” o ganar varias veces seguidas en un juego de azar.

Si en la población remanente de ratitas todas tuvieran progenie de color café y éstas a su vez perpetuaran el alelo “A” llegaría un punto donde todos los individuos serían cafés con genotipo AA y el color blanco nunca aparecería de nuevo en la población de ratitas.

Tomando en cuenta que esto se puede aplicar a todos los demás genes y que la interacción entre ellos llega a ser mucho más compleja, estaríamos hablando de mermas en rasgos que participan en la supervivencia o reproducción, resultando en una menor capacidad de adaptarse a los cambios ambientales. A todo esto le sumamos la endogamia que acelera todo este proceso de erosión génica. Como la selección natural opera de manera menos eficiente en poblaciones reducidas, se van acumulando mutaciones desfavorables. Llega un punto donde la población está condenada, cayendo por un círculo vicioso, más bien representado por un espiral, llamado “Vortex de extinción”.

¿Entonces cuál es el límite de tolerancia en el número de individuos para que la población no caiga en este espiral de perdición?

Para esto, los investigadores tratan de calcular la “Población mínima viable”, que es el número mínimo que requiere una población aislada para persistir. Pasando esta cifra, las posibilidades de extinción se van a pique de manera exponencial. Generalmente se requieren miles (no cientos) de individuos para asegurar la persistencia de la población.

Es por ello que se ha declarado extinto el rinoceronte negro, a pesar de que hay varios en los zoológicos; que no podamos volver a tener lobos de tasmania o dinosaurios si es que lográramos clonarlos; por eso es que la comunidad científica se alarma cunado quedan 5,000 tigres. Ahora sabremos entonces que tratar de regenerar a una población a partir de una sola pareja va más allá de lo imposible.

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Fugaces 30/07/12

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Conexiones (escépticas)

ileana

ileana

Bióloga, mexicana y amante de los roedores. Tiene un inusual interés por las artes plásticas y el origami. Sigue estudiando para convertirse en investigadora, pero últimamente se le ha metido el gusanillo de la divulgación científica.

5 Comments

  1. July 31, 2012 at 4:22 pm —

    Debo confesar que el post me deprimió un poco.

  2. July 31, 2012 at 9:31 pm —

    Ahora este articulo me dejo con una duda: ¿Porque no le pasa lo mismo entonces a los organismos que no tienen reproducción sexual?

    • August 1, 2012 at 1:25 am —

      ¡Muy buena pregunta!
      Verás, la pérdida de alelos se da en esencia debido a la reproducción sexual. La reproducción asexual limita mucho la diversificación genética, pero al mismo tiempo evita la pérdida de la misma.

      Las mutaciones fortuitas son las que dan la diversidad genética (poco a poco) y si existe un genotipo “exitoso” , la asexualidad le permite perpetuarse en la población; al contrario de la reproducción asexual, donde la progenie del individuo con este genotipo sólo tendrá la mitad de sus genes. Si el genotipo no es tan “exitoso” puede que persista hasta dar con un habitat donde sí lo sea permitiendo a la población ampliar sus distribución, aunque esto también podría ser una gran desventaja si la población no es tan numerosa.

      La amenaza de extinción se daría entonces por pérdidas en el número de individuos y no tanto del acervo genético de la población.
      Otra ventaja de la asexualidad es que es bastante más barata que su contraparte sexual (sin la búsqueda de pareja, ni cortejo, ni sexo, ni nada) lo que permite tener una progenie mucho más numerosa y con mayor frecuencia.

      Ejemplos de asexuales famosos sería el diente de león (Taraxacum officinale) y las extrañas lagartijas del género Aspidoscelis, cuyas poblaciones sólo se componen de hembras. La dinámica genética de estos reptiles apenas se está estudiando y recientemente un estudio (http://www.nature.com/nature/journal/v464/n7286/full/nature08818.html )del Investigador Peter Bauman (http://research.stowersinstitute.org/baumannlab/AboutPeterBaumann.htm ) donde muestra que en estas lagartijas la meiosis comienza con el doble de cromosomas y estos se combinan entre sí. El porqué sucede esto todavía se está investigando.

  3. July 31, 2012 at 10:03 pm —

    ¡Super interesante! Y alarmante también. :/

  4. September 14, 2012 at 11:34 am —

    […] De esta forma, tenemos a gente que insiste en buscar a pie grande donde no podría existir una población mínima viable de pies grandes, o buscando a un chupacabras igualito al extraterrestre de Especies, película que […]

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