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Conexiones (escépticas)

Los OVNIS, entendidos como naves provenientes de otros mundos, con su imagen de impecables platillos volando bajo un hermoso cielo azul, se han convertido en un icono de la creencia en lo extraordinario.

Ellos nos pueden llevar a cualquier lugar. Y no me refiero precisamente a Marte, Venus o algún distante planeta. No. Mantienen conexiones sutiles pero poderosas con otros tantos rubros, temas y subtemas de lo increíble. Con lo racional y lo irracional. Con la ciencia y la pseudociencia. Con las matemáticas. Con la psicología y la historia.

Por ejemplo, fue la fiebre platillista y extraterrestre la que llevó a finales de la década de 1960 y principios de 1970 a popularizar la idea de visitantes extraterrestres en el pasado lejano…

Erich von DänikenErich von Däniken, un hotelero suizo, afirmaba que existían indicios de visitas extraterrestres en el folclore, tradiciones y restos de las antiguas civilizaciones. La idea por si misma no puede ser descartada a priori, y para todo el interesado en la vida en otros mundos ofrecía, a primera vista, seductoras ideas sobre la historia de nuestra civilización.

Desafortunadamente, las evidencias en las que se basaba Däniken eran muy endebles o inexistentes. La simple remembranza a un moderno astronauta que evocaba sobre él algún antiguo códice prehispánico, lo hacía concluir la visita de antiguos astronautas.

Las figuras de Nazca en Perú, inmensos dibujos solo visibles a gran distancia, le parecían tener un propósito particular: ser observables por los tripulantes de antiguas naves espaciales. ¿Qué decir de los gigantes de Pascua? Grandes figuras de piedra que le resultaban difíciles de concebir como creaciones humanas. “Demasiado grandes para ser movidas por personas de la época” concluía.

Elucubrar con extraterrestres del pasado, más que un ejercicio de gran imaginación, comenzaba a revelarse en su caso, como uno que hacía gala de muy poca.

Lo mismo comentaba de las pirámides Egipcias. Conjeturaba que eran el producto de ingeniería extraterrestre, ignorando evidencias en contra de tal propuesta. Unas de las más relevantes se encuentran en las marcas de medición de las mismas piedras que las constituyen, o en las inscripciones escondidas dentro, ahí, donde nadie podía verlas. Textos que dicen cosas como: “¡Dios mio! ¡Lo conseguimos!” firmado “Equipo Tigre 11”. O “Los borrachos de Micerino”. Algo difícil de asociar a técnicos extraterrestres, pero muy fácil de relacionar con simples constructores humanos.

Muchas de estas pruebas se las debemos a…

Mark Lehner, reputado egiptólogo. No solo encontró algunas de las frases mencionadas. También fue capaz de localizar lo que parece ser una ciudad perdida, que fungió en su momento como soporte vital a sus constructores.

No ha sido ajeno a lo extraordinario. Siendo joven, su obsesión por Egipto iba más allá del interés académico o arqueológico. Ahora se define a si mismo como “escéptico total”, pero lo cierto es que la prudencia y el rigor intelectual le llegaron poco a poco. Su objetivo original al visitar aquel país era localizar la “Sala de los Registros” bajo las patas de la esfinge. Lugar donde se afirma que los antiguos habitantes de la Atlántida guardaron sus milenarios conocimientos. No está de más decir que jamás se ha encontrado dicha sala. Y que Mark, a estas alturas, está convencido de que jamás existió.

Mark LehnerNo encontrará a persona alguna, más parecida a un Indiana Jones de la vida real, que a este tipo.

¿De dónde sacó semejante idea? De una organización en la cuál militaba, que incluso lo ayudó económicamente con el objetivo de estudiar antropología en El Cairo, para así lanzarse de lleno a la búsqueda de tan preciado lugar.

Resulta irónico que él, enviado con el propósito de encontrar evidencias a favor de los antiguos Atlantes, terminara por volver más difíciles de creer tales historias.

La organización que lo envió, llamada Edgar Cayce’ s Association for Research and Enlightenment, está inspirada en las enseñanzas y mensajes de, claro…

Edgar CayceEdgar Cayce. También conocido como “el profeta durmiente”. Según cuentan sus cronistas, se inducía un trance que lo mantenía aparentemente dormido, en el que repentinamente hablaba sobre sucesos del pasado y el futuro. O asuntos más triviales, como remedios y curaciones. Algunas de estas últimas dictadas a gran distancia del enfermo, como guiadas por una extraña capacidad de ver al paciente a lo lejos. Eso si. No podemos ignorar el hecho de que, en algunas ocasiones, llegó a dictar prescripciones a pacientes que… ejem… ya habían fallecido.

La compilación de sus dichos sobre lo trascendente y lo trivial ahora es conocida como sus “lecturas”. Las lecturas de Edgar Cayce.

Entre sus predicciones y dichos más populares se encuentran los relacionados con la Atlántida. Pero de la Atlántida quizá podamos hablar… después…

La imagen de Erich von Däniken salio de aquí.
La imagen de Edgar Cayce salió de acá.
La imagen de Mark Lehner es de aquí.
El jeroglífico es de ésta página.

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Javier

Javier

Licenciado en Matemáticas Aplicadas y Computación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante mucho tiempo interesado en la difusión del pensamiento crítico, la ciencia y el escepticismo. Enamorado de la astronomía, temas afines a la computación, la religión, así como cuestiones éticas involucradas. Colmado de una imperiosa necesidad de expresión y una pasión mística en un mundo sin Dios.

6 Comments

  1. August 1, 2012 at 1:57 pm —

    Yo no entiendo como conciben a una humanidad que llegó desde las cavernas al burj khalifa sin pasar por las pirámides, tendría que poder aplicarse una especie de teorema de bolzano a la historia…
    Respecto a las cosas muy pesadas, hay un carpintero jubilado en usa que se divierte moviendo cosas muy pesadas con herramientas y métodos muy básicos, el tipo ya se armó su stonehenge en el jardín, están los videos en youtube…

  2. August 1, 2012 at 7:18 pm —

    No hay nada mejor para subestimar el ingenio humano que atribuirle la cultura y tecnología a seres que ni siquiera tenemos pruebas de que existen.

    • August 2, 2012 at 4:08 pm —

      Si. Me parece que hay una tendencia a subestimar las capacidades de las personas que nos precedieron. ¿Será un síntoma de los avances (sobre todo técnicos) tan vertiginosos de nuestra época?

      Es posible que, en algún nivel, pensemos que no podían ser iguales o mejores a nosotros, considerando que eran “atrasados”.

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