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La conexión marciana

Ayer por la mañana me levanté a mi hora habitual, es decir, a una hora a la que no debería ser legal levantarse. Pero en vez de levantarme con mi habitual actitud de “matar a todos los humanos” lo hice dando saltitos por todas partes, hecha un ovillo de energía.

Esto no es normal.

Pero el día tampoco iba a ser normal. Ayer por la mañana, a las 7:30 hora española, la sonda Mars Rover Curiosity llegaba a Marte tras un viaje de doscientos cincuenta y cuatro días; Colón tardó más, pero no tenía tantos millones de kilómetros por recorrer.

Ya se han posado varios cochecitos teledirigidos en Marte. Algunos, como el entrañable Rover, cumplieron con creces su cometido después de accidentadas llegadas resueltas por el procedimiento, sencillo pero expeditivo, de dejar que se pegasen el batacazo y acolcharlos con airbags, a ver si luego rodaban. El Rover rodó y aguantó esta manera algo bestia de planetizar (al parecer se dice planetizar, yo qué sé).

Y también llegó sano y salvo el Spirit, el pobrecito Spirit, que fue más allá del deber y se dio unas vueltas la mar de majas por Marte, dejando un rastro de orugas en la arena rojiza, y provocó la tira más triste jamás dibujada por xkcd. Allí debe seguir, azotado por la tenue atmósfera marciana y es de suponer que cubriéndose lentamente de polvo. Por el contrario, su compañero Opportunity sigue activo, encantado de la vida. Ayer por la mañana estaba a punto de recibir, o bien compañía robótica, o bien un montón de chatarra. A esas alturas no lo sabíamos.

La atmósfera marciana, tenue pero no inexistente, es sólo uno de los problemas con los que se ha tenido que enfrentar esta última, y más ambiciosa, misión de la NASA. Lo que se quería posar suavemente sobre Marte no era un cacharrito cualquiera: era un trasto de casi una tonelada de peso, más o menos como un coche. Lanzar este trasto al espacio, hacerle recorrer unos cien millones de kilómetros hasta Marte, y conseguir que se pose sin convertirse en un montón de basura hipertecnificada en la superficie de un planeta que no es el nuestro es el equivalente a vendarse los ojos, emborracharse bien a fondo, lanzar un dardo, y acertar en el centro de una diana situada a dos husos horarios de tu posición. Más o menos.

Lo que quiero decir es que la tarea no era fácil. Y como podéis encontrar todo tipo de detalles técnicos en todas partes sólo con poner Mars Curiosity en Google, yo voy a dedicarme a contaros mi desayuno.

Como os decía, ayer por la mañana me levanté pizpireta y me preparé el café en mi taza de la NASA. Luego conecté con NasaTV en el iPad, abrí twitter en el portátil, y busqué el hashtag #VamosMSL. A continuación, y gracias a todo esto, tuvo lugar una de las horas más interesantes y emocionantes que he pasado en la última decada.

Wall-E

En Escéptica nos hemos encariñado con el Curiosity tanto como con él

Gracias a internet, tenía conexión casi en tiempo real con la sala de control de la misión, y a la vez estaba conectada con cientos, con miles de personas que como yo, en sus diferentes zonas horarias, habían robado tiempo al sueño o al descanso o al trabajo para poder seguir con expectación el final del viaje de la sonda Curiosity. Porque todos nos estábamos haciendo en esos momentos la misma pregunta: ¿llegaría sana y salva la sonda a la superficie del planeta?

La NASA, aparte de su pericia técnica, tiene un sentido escenográfico genial; nos había estado explicando pacientemente por qué este era un momento muy delicado, qué podría pasar, de cuántas maneras podría la sonda pulverizarse en confetti electrónico. Estábamos todos preparados y éramos un público más que dispuesto. Conjuntados con polos azules, compartiendo los cacahuetes que son superstradición en estos casos, los técnicos y directores (uno de ellos, Bobak Ferdowsi, con el mohawk más absolutamente GENIAL de la historia) miraban tensos las pantallas, comentaban cosas en voz baja o se hacían fotos con los teléfonos. De vez en cuando pasaba algo y se oían aplausos y aullidos de triunfo, pero moderados, como si el partido no hubiera acabado. En Twitter mi cronología avanzaba como una liebre, con la gente retuiteándose cosas o repasando las simulaciones informáticas de la peligrosa llegada de la sonda a Marte. Yo daba sorbitos de mi taza de la NASA y me preguntaba si lo conseguiría. Conmigo, millones de seguidores más de todo el mundo.

Cuando se anunció que el paracaídas se había desplegado los aplausos fueron más intensos y la tensión empezó a notarse de verdad. En realidad había poco que hacer, por no decir nada; todo estaba ya hecho. Mientras nosotros nos retorcíamos las manos, cruzábamos los dedos, animábamos por Twitter a un cacharro manufacturado, el destino del cacharro en cuestión ya había sido decidido. Pero aún tardaríamos unos minutos en saberlo. Yo estaba sentada en el borde de la silla, mordiendo el borde de la taza de la tensión. ¿Cómo fue todo aquello?

Pues primero así:

Y luego así:

 

Pero mejor vedlo entero (y subtitulado) vosotros mismos.

El estallido de alegría de los técnicos cuando empezaron a recibir telemetría de la sonda debió contagiarse en ese momento a todo el planeta. En Twitter creo que más de uno tuvo que hacer un esfuerzo para teclear cuando lo que quería era aplaudir; o quizá sólo fui yo. Pero di brincos en la silla, puñetazos en el aire, y con una tostada en la mano grité “¡SÍ!” toda contenta porque gente que no era yo, gente que sabía mucho más que yo, había conseguido llevar una tonelada de material científico a otro planeta, para poder conocerlo mejor. En ese momento los técnicos que se abrazaban y reían, y la gente que bromeaba y jaleaba en Twitter, y los periodistas que cubrían la noticia o la retransmitían por sus páginas web, y yo misma a punto de salir a trabajar, estuvimos juntos, unidos por el espacio virtual, por el amor a la maravilla de la ciencia, y por haber estado presentes un día en el que el futuro se presentaba un poquito mejor que un día antes.

Así que por todo esto: gracias, NASA. Gracias, Curiosity. Gracias, internet. Y gracias, ciencia.

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Daurmith

Daurmith

Daurmith empezó a jugar con esto de los blogs en 2001 y no ha parado desde entonces a pesar de las protestas. Pensó que así aprovecharía por fin los años que pasó estudiando biología molecular, y descubrió que le encanta hablar de la realidad tal como es; es más divertido.

A pesar de la evidencia fotográfica, Daurmith no es un gato.

2 Comments

  1. August 8, 2012 at 12:50 pm —

    ¡Argh! ¡No había leido el XKCD del Spirit! Es devastador, ahora ya no valgo para nada hasta que coma algo de chocolate.

  2. August 8, 2012 at 11:17 pm —

    Oh! qué triste la viñeta del Spirit. Me recordó a Roy en Blade Runner. Lejos la escena que más me ha hecho llorar en la vida:

    I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched c-beams glitter in the dark near Tannhäuser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain. Time to die.

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