CienciaCosas que te van a interesar

Extraterrestres… ¡llamen ya!

Varias vueltas ha dado la Tierra al Sol, y no. SETI no escucha E.T.s todavía. ¿Y si SETI está equivocado? ¿Escucharemos algo alguna vez? Sobre un tema del cual no tenemos datos, podemos deliberar eternamente. ¡Hagámoslo!

No se trata, simplemente, de si están “ahí” fuera o no. ¿Por qué un E.T. querría comunicarse? El proyecto SETI asume, implícitamente, la existencia de unos extraterrestres tremendamente similares a nosotros. Y no me refiero a que tengan dos brazos, dos piernas o cabellos rubios, al más puro estilo de Semjase, la hermosa pleyadiana. ¡No! Significa, simplemente, que han decidido tomar el camino del descubrimiento y explorar el mundo que les rodea. Han descubierto prácticamente las mismas leyes de la naturaleza que nosotros, y quizá otras más elementales y profundas. Y eso es harto parecido a nosotros, creo yo.

SemjaseSemjase, según Billy Meier. A mi no me miren.

Cuando hablamos de vida extraterrestre, una cuestión más elemental surge automáticamente: ¿Qué es la vida? ¿Es lo que se reproduce? ¿Lo qué está hecho de carbono? ¿Es lo que piensa, o por lo menos, tiene alguna clase de conciencia de sí? ¿Lo que es producto de la evolución natural? Casi nadie duda que una célula está “viva”. Si construyeramos una máquina tan compleja como una célula, así fuera del tamaño de una casa, ¿la consideraríamos viva? O quizá la vida es, como dicen los místicos, lo que tiene “espíritu” y/o “alma”. Bueno, quizá no.

Nuestra ignorancia sobre la vida es casi absoluta. Dibujar el escenario de la vida es como querer pintar un colorido paisaje a una sola tinta. Pero hay cosas que si sabemos. Tenemos conocimiento de nuestro tortuoso origen desde el fango, y una noción de la inmensa cadena de fortuitos acontecimientos que desembocaron en nuestra existencia. Aún así no queda del todo claro que tan “fácil” resulta la aparición de la inteligencia como la conocemos.

¿Será fácil o difícil? Hay quien aboga porque es una consecuencia relativamente frecuente de la evolución. Lo cierto es que, al menos aquí, tuvo que pasar casi toda la historia del universo para surgir. No olvidemos que durante más de la mitad de la historia de la vida en la Tierra, los seres pluricelulares no se decidían en hacer acto de presencia.

¿Si la inteligencia como la conocemos, aquella que motiva a investigar e indagar, fuera tan rara como el número y disposición de los dedos en nuestra mano y no otra? ¿Sobrevaloramos la inteligencia? Tal vez la inteligencia es una característica más, como la velocidad del guepardo, la electricidad de la anguila, o la altura de la jirafa. Solo una característica más: la inteligencia del ser humano. Irrepetible en el esquema del mundo.

¿Por qué no un universo lleno de cosas como plantas, seres inmóviles o microscópicos? Otra posibilidad: la civilizaciones tecnológicas abundan a lo largo y ancho del universo, pero el poder destructor otorgado por la tecnología las hace desaparecer rápidamente. Son, quizá, como los destellos de flash que provocan las cámaras en un estadio deportivo. Hay muchos. Pero casi nunca se presentan al unísono, y cuando lo hacen no suelen estar cerca. El universo podría ser un tapiz de destellos rápidos y breves de inteligencia, que jamás se ven entre si.

Estadio deportivoNo veo ningún flash por aquí.

Es fácil imaginar un mundo lleno de artistas o filósofos existenciales que no construyen tecnología. Serían tremendamente inteligentes, pero no sabríamos nada de ellos. No por SETI. Resulta irónica la posibilidad de que sea esa clase de civilización la que tenga mayores esperanzas de vida. Al menos ellos no crearían armas de destrucción masiva que les permitiera autoaniquilarse. ¿Son esas las civilizaciones que llenan el universo?

Otra más: realmente es fácil autodestruirse, pero no imposible de evitar. Quizá solo son interesantes quienes lo han logrado, y un intento por establecer contacto está supeditado a esa característica. Quizá existe una tecnología desconocida para nosotros, que dada su dificultad y tiempo de desarrollo, representa el éxito de la supervivencia, y los E.T.s solo están interesados en buscar rastros de tal cosa… que no tenemos.

¿Han visto lo fácil que es distinguir nuestras construcciones del entorno? Todo tan “geométrico” y tan simple, si lo comparamos con la estructura fractal de la naturaleza. Tal vez las civilizaciones que valen la pena son las que, en todo campo de acción, desarrollan con total naturalidad y soltura casi instintiva, estructuras de interrelaciones exquisitas y tremendamente complejas, apenas imaginables para nosotros. ¿Si la sofisticación de un mensaje o señal superase nuestras capacidades? ¿Si el mensaje de “algo” estuviera frente a nuestras narices y fuéramos demasiado estúpidos para darnos cuenta?

Galaxia

¿Existirán por allá inteligencias artificiales tan sofisticadas que, en términos prácticos, sean comparables a las creadas de forma natural? Máquinas que no puedan aburrirse o desesperarse, con la capacidad de mirar al universo con la precisión del nanosegundo, pero también de esperar y transformar 1.000 años en un parpadeo. ¿Qué prisa podrían tener lanzando un bit de información al espacio cada mes? Esa información solo sería asequible con recursos increíbles y lapsos inmensos de tiempo.

Para finalizar, pongo sobre la mesa la única realidad que conocemos sobre este asunto: nuestra incertidumbre. Quizá estamos solos en el universo. Quizá no hay otro mundo en todo el universo que tenga vida inteligente. Que no ha existido uno y que no existirá jamás. Que en toda esa vastedad, en toda esa enormidad, estamos solos. O quizá es lo contrario.

Cualquiera de las dos alternativas es impactante y extraordinaria. La hipótesis de nuestra soledad es escalofriante, así como la hipótesis de nuestra compañía. Sabemos que, de forma obligada, una de ellas será verdad.

La imagen de los radiotelescopios salieron de aquí.
Semjase salió de acá.
El estadio viene de este sitio.

Previous post

Olor a mi 2: olfateando la mentira

Next post

Nosotros los artificiales

Javier

Javier

Licenciado en Matemáticas Aplicadas y Computación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante mucho tiempo interesado en la difusión del pensamiento crítico, la ciencia y el escepticismo. Enamorado de la astronomía, temas afines a la computación, la religión, así como cuestiones éticas involucradas. Colmado de una imperiosa necesidad de expresión y una pasión mística en un mundo sin Dios.

7 Comments

  1. August 15, 2012 at 2:55 pm —

    Lo siento, pero: en el tercer párrafo , donde dice “¿Lo qué está echo de carbono?” te faltó una h. De resto muy bueno el artículo Javier. Saludos.

    • August 15, 2012 at 3:47 pm —

      ¡Gracias! A veces se nos escapan las letras…

    • August 15, 2012 at 3:51 pm —

      No te digo… que alguien me haga dormir más… ¡Muchas gracias!

  2. August 16, 2012 at 4:37 am —

    Inquietantes las alternativas de la soledad o compañia en un universo que empequeñece del todo en tiempo, potencial y en espacio, lo que pensabamos que era el universo. Espero que la doctora ‘Arroway’ de nuestros dias siga en su busqueda incesante de vida inteligente en otras partes del universo.

  3. August 16, 2012 at 9:33 pm —

    Como dije en otro post, estas cuestiones son pura metafísica (lo cual no les quita, ni mucho menos, romanticismo ni interés). En la práctica estamos solos, simplemente por cuestiones prácticas del tiempo que llevaría una comunicación a escala galáctica.
    Además creo que se empieza la casa por el tejado: primero habría que buscar atajos físicos que facilitaran dichas comunicaciones (p.ej. agujeros de gusano, pliegues interdimensionales, o similares). Una vez tuviéramos estas herramientas, los mensajes llegarían mucho más lejos en tiempos razonables. ¿Ciencia-ficción??

    • August 18, 2012 at 10:51 pm —

      Ufff. No hay manera de saber si tus sugerencias son solo ciencia ficción sin intentarlas primero.

      Es cierto, estas cuestiones son pura metafísica, harto romántica. 🙂

      • August 20, 2012 at 7:24 pm —

        Tres reflexiones:
        1. La buena ciencia-ficción, antes o después dejará de ser ficción. Por eso hay que intentarlo!!
        2. La paciencia es la madre de la ciencia. Pero sentarse a esperar pacientemente al lado del radiotelescopio hasta que llegue… Demasiado improbable, y demasiado pasivo.
        3. Más interesante y activo me parece intentar demostrar matemática y físicamente cuestiones como la n-dimensionalidad del espacio, los agujeros de gusano, etc. Esto tendría implicaciones inimaginables – bueno, inimaginables no, pero nos daría pistas sobre qué caminos tomar, tanto intelectualmente (nuevos campos de investigación) como físicamente (para explorar el universo).

Leave a reply