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Nosotros los artificiales

Los obsesos de lo “natural” intentan escarbar cada vez más adentro. Dicen querer consumir directamente de la tierra, encontrar los recursos “primigenios” como si el momento de origen de cada especie fuera el estado perfecto y óptimo. Cualquier cambio o modificación será condenada a llamarse “artificial”. Pues la verdad es que estamos cambiando y es inevitable. Y así seguirá incluso cuando dejemos de llamarnos humanos.

Hace poco alguien me comentó que despreciaba a las personas que tenían perros porque estos no le eran naturales. Cambió de parecer al instante cuando respondí que junto con los perros estaban los cerdos, las vacas, el maíz, el jitomate y todas las demás cosas que nos comemos e utilizamos.

Cuando animales y plantas se integran a nuestra organización socioeconómica (hablando de poblaciones y no individuos), entonces podremos decir que esa especie se ha domesticado. Cambiamos nosotros, cambiamos a las demás especies y éstas a su vez nos van cambiabiando poco a poco. Hacemos que los granos y las hortalizas produzcan más de las partes que consumimos, moldeamos el comportamiento animal, haciéndolos más dóciles y al mismo tiempo nos adaptamos, como por ejemplo, muchos de nosotros somos capaces de digerir leche de vaca. Todos estos procesos e interacciones hacen de la domesticación un asunto complejo que requiere de la arqueología, la antropología y la biología evolutiva. En la domesticación generalmente hay una relación de interdependencia entre humano y planta/animal. ¿Cómo podrían haberse formado las primeras grandes civilizaciones sin el cultivo base de arroz, trigo, maíz o mijo? ¿qué habría sido de nosotros de no haber domesticado al lobo, al auroch o al caballo salvaje?

Pero yo sólo estoy soltando palabras al aire. Nadie ha expresado mejor este concepto que Antoine de Saint-Exúpery, cuando su personaje, el zorro, se lo explica al Principito:

“—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…”

Esto me recuerda a los famosos experimentos de domesticación de zorros plateados que se hicieron en los cincuentas en Novosibirsk, Russia, donde se seleccionaban a los individuos por su docilidad. A través de las generaciones se fueron notando cambios físicos, como colas y patas más cortas, color de pelaje en “parches”, orejas caídas; y de comportamiento, como balanceo de la cola, mayor inteligencia y deseo de contacto humano. Estos zorros se siguen criando y ahora contamos con la ventaja de rastrear todo el proceso desde el principio.

Como en todo proceso, en la domesticación hay gradientes. ¿Dónde está entonces la línea? ¿Dónde deja de ser natural? ¿Porqué cuando nosotros hacemos presión selectiva a una especie es artificial y cuando lo hacen otras (mutalismo, competencia, depredación, coevolución, carreras armamentistas) es natural? Si el proceso de selección artificial hay modificación genética “desde afuera” ¿Existe una diferencia neta entre una especie domesticada y un OMG, de los cuales casi todos vienen de especies ya domesticadas?

¿Que los toros de lidia se van a extinguir si se prohiben las corridas de toros? Tal vez, si nosostros los hicimos, depende si queremos seguirlos criando. La extinción de una especie domesticada no representa gran pérdida a los ecosistemas debido a que su interacción es casi nula o a veces negativa.

¿Que el plátano está diseñado? ¡Pues claro!, nosotros lo hicimos.

¿Que  vas a hacer la paleodieta porque eso hacían nuestros ancestros y es lo más “natural” que se puede comer? ¡Mucha suerte! La gran mayoría de frutas y hortalizas son resultado de la agricultura y la domesticación, así como el ganado actual y sus derivados, la miel y muchas otras cosas que se consideran como “alimentos permitidos” en esta dieta.

La selección artificial fue un punto clave para el desarrollo de las ideas de selección natural y evolución que expuso Darwin en “El Origen de las especies” sin tener ni idea de genética. Nos recuerda a todos que somos moldeables y cambiantes, que no hay statu quo en las especies. Nunca fuimos perfectos ni jamás lo seremos. Solo es cuestión de qué dirección tiene el barco en el que navegamos.

 

La imagen del principito es de aquí.

La de los zorros de acá.

Haz click aquí si quieres un zorro doméstico.

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Fugaces 17/08/12

ileana

ileana

Bióloga, mexicana y amante de los roedores. Tiene un inusual interés por las artes plásticas y el origami. Sigue estudiando para convertirse en investigadora, pero últimamente se le ha metido el gusanillo de la divulgación científica.

6 Comments

  1. August 16, 2012 at 2:32 pm —

    Uno de mis profesores de mejora genética define la moda de proteger razas autóctonas de animales domesticados que ya no tienen valor comercial como una especie de “síndrome de diógenes”.
    Las creamos nosotros porque nos eran útiles, ahora que ya no lo son… ¿para qué seguir gastando recursos en proteger esa población? Como bien dices, no representaría un problema para ningún ecosistema.
    Genial el artículo. ¡Gracias!

    • August 16, 2012 at 8:59 pm —

      Jajaja, sí, mucha gente todavía insiste en “salvar” a estas poblaciones

  2. August 16, 2012 at 7:54 pm —

    Está genial Ileana. ^_^

  3. August 16, 2012 at 9:02 pm —

    Yo por más que he tratado de entender qué es lo que define si algo es natural o artifical, no he logrado tener alguna definición clara, y que justifique todo el culto a lo natural que ahora está tan de moda. La única conclusión a la que he podido llegar es que algunas personas creen que existe una especie de sustancia-natural (¿un “natur-éter”?), que hace que todo sea bueno/saludable y que se evapora con la intervención humana. Sería interesante averiguar cómo es que estas personas miden la naturalidad de un producto o una costumbre.

    (Comentario misceláneo: No puedo evitar pensar que una dieta “primigenia” es lo que come Cthulhu… jaja.)

  4. August 16, 2012 at 9:45 pm —

    Un gran artículo.
    La obsesión por lo natural no se aguanta por ningún lado, es fruto de la ignorancia (o de un tipo de nuevo esnobismo).
    Respecto a la dicotomía natural/artificial, yo creo que si los seres humanos formamos parte de la naturaleza, nuestras acciones son por definición naturales; aunque estas acciones sean la selección artificial, la extinción de especies (por acción u omisión), o el cambio climático. Es natural que, en nuestra evolución como especie, hayamos extinguido al dodo, hayamos inventado las armas nucleares, y vayamos a generar algún cataclismo que acabe con la Tierra hecha unos zorros. Después, naturalmente, la vida seguirá, mientras en el planeta se den las condiciones adecuadas. Y con suerte nuestros tatararara(…)ranietos se expandirán por la galaxia, naturalmente, igual que tantas especies animales se han expandido por los continentes durante millones de años.

  5. August 27, 2012 at 9:03 pm —

    Muy buena entrada.

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