CienciaEscepticismoTeorías de la conspiración

Conspiración: esa es la cuestión.

Como ya sabemos, esta semana falleció Neil Armstrong que, afortunado él, podemos considerar como el primer ser humano en pisar otro cuerpo celeste. Es tan fácil de decir, tan acostumbrados estamos ya, que olvidamos lo increíble y extraordinario que es. Es verdaderamente un hecho que nos introduce en el mito y la leyenda.

La medida en que este hecho resulta extraordinario es también la medida en que se vuelve triste, al menos, cuando pensamos en lo hondo que han calado las ideas de este suceso como un fraude.

El deceso de Armstrong es uno de tantos hechos que, siempre, saca a relucir la conspiranoia subyacente a nuestra concepción del mundo. La pregunta que surge es: ¿Pasó o no pasó?

¿Por qué no creo en la conspiración del engaño y otras tantas?

El problema con las conspiraciones es que su prueba es “la falta de evidencia” a su favor. Nunca está basada en hechos, sino en la “perspicacia” o “sospechosísmo” del señalador. Como en los celos irracionales, que tienen más relación con la “actitud” del celoso ante las circunstancias que con la realidad misma, la posición conspiranóica depende más de la “actitud” del sospechoso ante lo que ve que de la realidad misma. Es siempre un test de Rochard donde uno ve lo que quiere ver. No significa que no puedan ser ciertas, simplemente que no podemos tomar demasiado en serio esas ideas de entrada.

Las ideas de conspiración son profundamente seductoras. Nos hacen sentir que sabemos más sobre el mundo. Nos hacen sentir que tenemos el control, que somos más listos que los demás. Que vemos lo que nadie ve. Que descubrimos el “hilo negro” del mundo. Es siempre un “argumento emocional” que puede ser muy poderoso.

Los hilos negros del mundo

Es tan fácil imaginar una conspiración. Tan fácil ser seducidos por la idea de que, detrás de todo, hay un personaje oculto que maneja los hilos. No suena descabellado cuando nos familiarizamos con la naturaleza humana. Cuando conocemos sus ansias de poder, de control y ambición. ¿Cuándo es “sabio” tomar en serio una conspiración?

Si una conspiración no explica mejor los hechos que la idea “normal” de las cosas, esa idea no vale mucho la pena hasta que aparezcan más evidencias a su favor. Regresando al caso de Neil Armstrong, la conspiración no puede explicar las piedras de la Luna ni la opinión de los geólogos de todo el mundo al respecto. No puede explicar el desarrollo tecnológico asociado al viaje. No puede explicar los retroreflectores láser de la Luna, ni el silencio de los soviéticos.

Al menos no sin tomarse más molestias que simplemente enviando gente a la Luna.

La aparición de pruebas falsas aumenta el problema. Documentales que cuentan historias de fantasía, fotos trucadas o mal analizadas, solo alimentan la sed por lo poco convencional y el deseo de saber lo que otros no.

Las ideas de conspiración que podemos asociar al mundo del misterio (Illuminatis, viajes a la Luna falsos, extraterrestres capturados, etc.) pecan de ingenuos al ser completa y absolutamente dependientes de una estabilidad en los intereses de los involucrados que resulta absurda. Son conspiraciones que dependerían de tantas personas durante tanto tiempo (casi siempre son internacionales y trans-generacionales), que resulta muy difícil creer que nadie haya abierto la boca. Que nunca hayan existido intereses en conflicto. Nadie le contó a la esposa, a la amante, al hijo. Nadie se peleó con ellos, y nadie quiso hacerle una mala jugada a nadie. Al menos de una forma que nos permita tener pruebas. Nadie tiene nada.

Símbolo en el dólar estadounidenseUno de los símbolos favoritos de los Illuminatis, dicen.

Para mi, el tiempo que una conspiración puede permanecer oculta es inversamente proporcional a la cantidad de personas involucradas en la misma. Pero esto último es solo una opinión.

Por otro lado, Carl Sagan decía que, ante el deseo de que algo sea verdad, más escépticos y críticos debemos ser. Yo deseo que sea verdad el viaje a la Luna. ¿Cómo debo ser crítico ante tal idea?

Todos deseamos el acontecer de lo extraordinario. Pero resulta evidente que no tenemos la seguridad absoluta de nada. La zozobra que esto pueda causar es un estado permanente del escepticismo. Es su carga. Ante un hecho tan hermoso como la presencia del hombre en la Luna, debemos ser escépticos, pero esto no significa negarlo. Un error de interpretación nos puede llevar muy lejos de la verdad y hacernos perder algo increíble. La Luna nos reclama todas las noches, se mete por nuestras ventanas y nos susurra al oído. ¿Cómo no querer creer en alguien que ha dejado ahí su huella?

Basado en todo lo que yo sé y entiendo, al menos en este caso, eso extraordinario si sucedió.

La mano que mece los hilos salió de aquí.
La foto de “montaje” salió de acá.

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Fugaces 31/08/12

Javier

Javier

Licenciado en Matemáticas Aplicadas y Computación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante mucho tiempo interesado en la difusión del pensamiento crítico, la ciencia y el escepticismo. Enamorado de la astronomía, temas afines a la computación, la religión, así como cuestiones éticas involucradas. Colmado de una imperiosa necesidad de expresión y una pasión mística en un mundo sin Dios.

2 Comments

  1. August 30, 2012 at 9:32 pm —

    ¿Que pasa cuando le dices a Buzz Aldrin que es un fraude? Pues esto pasa. http://www.youtube.com/watch?v=1wcrkxOgzhU&feature=youtu.be

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