Cosas que te van a interesarEscepticismo

Lógica irracional

Cuando Mary Wollstonecraft, una de las primeras feministas, publico su Vindicación de los derechos de la mujer en 1792, sus puntos de vista se consideraron absurdos por la gran mayoría de sus contemporáneos.

Después apareció un texto anónimo llamado Vindicación de los derechos de los brutos que, ahora sabemos, fue escrito por un distinguido filósofo de Cambridge llamado Thomas Taylor. Satirizaba el de Mary, intentando rebatir sus argumentos, mostrando que sus conclusiones se podían llevar más lejos.

Si se hablaba de los derechos de la mujer, ¿por qué no hablar respecto a los derechos de los animales? Según Taylor, se podían vindicar sus derechos usando los mismos argumentos. Por otro lado, decir que las “bestias” tenían derechos le resultaba obviamente absurdo. De forma que decidió considerar el razonamiento que llevaba a esa conclusión absurda también, y como se habían usado los mismos para vindicar los derechos de las mujeres, concluyó que las mujeres no merecían tales derechos.

Obviando cosas como el derecho al voto, los casos eran similares. Quizá la lógica de Taylor fue impecable y descubrió la equivalencia de ambas propuestas. ¿Por qué concluyó que las mujeres no tenían derechos, en vez de concluir que los animales si los tenían? La lógica según él, era prácticamente la misma.

Thomas TaylorThomas Taylor. Así tonto, lo que se dice tonto, no era.

Hay un razonamiento lógico ahí, pero también hay un fuerte componente capaz de crear y sostener una premisa, la cuál no parece justificable de manera racional. En este caso: que los animales no tienen derechos. ¿O me estoy aventurado demasiado? El caso nos permite profundizar en la pregunta de qué tan “artificial” o “real” es todo eso de los derechos. Los “derechos” no son una descripción de la realidad. Son, más bien, de esas cosas que se meten en el terreno del “deber ser” de la ética y la filosofía.

¿Existe un “conocimiento ético”? Algunos, como Sam Harris, afirman que la ciencia tiene algo que decir respeto a la moral y la ética, según entiendo, en la medida en que brinda parámetros objetivos a los cuales atenerse al momento de evaluar una situación particular. Hay algo objetivo al comparar una población donde, digamos, sus integrantes se exponen continuamente a enfermedades graves, siendo estos incapaces de acceder a la atención médica adecuada, y otra población donde no existe tal exposición y los servicios médicos están a la mano. El dolor y el placer son experiencias subjetivas, pero son objetivas en el sentido de que están ahí o no están, refiriéndome con esto a que alguien las experimenta o no. El “porque” último, que da respuesta a por qué es preferible una situación placentera a una dolorosa, es algo que ya solo se encuentra en el interior de nosotros mismos, pero que entendemos perfectamente.

Respecto a esto último, nosotros estamos decidiendo usar tantos parámetros objetivos como nos sea posible, para crear nuestra definición del “deber ser”. Taylor quizá no habría estado de acuerdo con Sam Harris o nosotros. Él tenía un “deber ser” diferente. ¿Lo califica como un tonto concluir lo que concluyó? No me lo parece. Lo que quiero resaltar aquí es cómo, en algunas ocasiones, nuestras conclusiones se basan, no solo en lo racional, sino que tienen un fuerte componente ideológico detrás, a veces invisible para nosotros mismos.

La ideología y los prejuicios estaban con Aristóteles cuando intentó explicar porque las cosas caían, cuando Ptolomeo colocó a la Tierra en el centro del universo, cuando Einstein insistió en decir que “Dios no juega a los dados”.

Aldous HuxleyAldous Huxley. Si, el de “Un mundo feliz”.

Aldous Huxley, hombre inteligente como pocos, interesado en el misticismo y los temas espirituales, tenía conclusiones interesantes fruto de sus experiencias con los alucinógenos. Daba cierto crédito a las experiencias místicas fruto de su ingesta. ¿Por qué? El sentido común nos diría algo como lo siguiente: 1) Nuestra mente es fruto de la actividad cerebral. 2) Un alucinógeno altera dicha actividad. 3) Resulta plausible asumir que la alteración en tal actividad equivale a una alteración en nuestra mente. Cualquier cosa fuera de lo común que sea pensada o percibida a raíz de la ingesta de un alucinógeno sería, por tanto, mera consecuencia de dicha ingesta. ¿Por qué no concluye lo mismo, atribuyendo dichas experiencias a algo externo a él mismo? ¿Por qué una cosa que nos parece tan obvia a nosotros no se lo parece a él? ¿Qué hay en la experiencia con el LSD o el peyote, que la vuelve tan persuasiva? ¿O es algo más que simple “persuasión”, involucrándose con los procesos mentales que nos hacen concluir cosas? Como anécdota personal, en unas vacaciones conversando con un chico que había experimentado con LSD, él terminó diciendo algo como: “Cuando lo probé, supe porque estaban vivos los árboles”.

Pero, ¿qué más da? ¿Por qué preocuparnos por los prejuicios y las ideologías? Estas elucubraciones son vanas porque, como todos sabemos, las personas preparadas de hoy estamos encima de cualquier prejuicio, cualquier ideología, cualquier irracionalidad. El esquema mental sobre el que se basan todas nuestras conclusiones es perfecto e impoluto.

La imagen de cabecera salió de Wikimedia.
Thomas Taylor también salio de Wikimedia.
Así es, Aldous Huxley también salió de la Wikimedia.

Previous post

¡Sácate el sostén!

Next post

Felinología aplicada: las propiedades sorprendentes de las heces de gato

Javier

Javier

Licenciado en Matemáticas Aplicadas y Computación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante mucho tiempo interesado en la difusión del pensamiento crítico, la ciencia y el escepticismo. Enamorado de la astronomía, temas afines a la computación, la religión, así como cuestiones éticas involucradas. Colmado de una imperiosa necesidad de expresión y una pasión mística en un mundo sin Dios.

2 Comments

  1. September 26, 2012 at 1:00 pm —

    En el caso de Huxley no veo conflicto entre las dos interpretaciones, la del común y la de Huxley. Simplemente él podía pensar que los alucinógenos son la puerta de entrada a la verdadera realidad, y que sin ellos estamos en un estado de ensoñación o de engaño: Necesitas algo externo para conocer la verdad. De modo que lo percibido por la ingesta es consecuencia de ésta pero no una “mera consecuencia” como dices. Él concluye lo mismo q tú y yo (las drogas alteran el cerebro),pero interpreta esa conclusión con otro significado(esa alteración conduce a la verdad). La lógica es la misma, pero cuando se llega al terreno de la interpretación, la conclusión no depende de ella…

    • October 6, 2012 at 10:19 pm —

      Creo que si hay un conflicto. Precisamente es lo que dices: ¿Por qué, en primer lugar, asume la existencia de esa “verdadera realidad externa”, y que además, se accede a ella con dichos fármacos? ¿Por qué, si todo podría ser explicado con la alteración en los procesos cerebrales sin recurrir a nada más?

Leave a reply