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Inocencia Interrumpida

Hoy me voy a desviar de mi usual cantaleta sobre ciencia, para hablarles de dos niñas que en principio tienen poco en común, más allá de que sus desgarradoras historias han sido plasmadas en las noticias de todo el mundo en las últimas semanas.

Supongo que han oído hablar del caso de Malala. Malala Yousafzai es una activista paquistaní de 15 años que lleva varios años peleando por los derechos de la mujer,  particularmente por su derecho a tener una educación, después de que el régimen talibán prohibiera el acceso a la educación a las niñas en el valle del río Swat, la región donde ella habita. Comenzó su carrera como activista a los 11 años, escribiendo un blog para la BBC bajo el pseudónimo Gul Makai, donde describía su vida bajo el régimen talibán, y sus opiniones sobre cómo promover la educación de las niñas. Posteriormente, el New York Times filmaría un documental sobre su vida en medio de la intervención militar paquistaní en la región (advertencia: contiene imágenes violentas).

 

Desde entonces, Malala ha sido entrevistada por la prensa y la televisión, recibió por parte del gobierno de Pakistán el Premio Nacional por la Paz en 2011, y fue nominada por Desmond Tutu para recibir el Premio Internacional de Paz para los Niños. Por desgracia, su activismo tampoco paso desapercibido por el régimen talibán. Hace un par de semanas, Malala recibió un balazo en la cabeza y otro en el cuello por parte de un militante talibán, mientras regresaba a casa en un autobús escolar. La chica logró sobrevivir el ataque, y ha sido traslada a Gran Bretaña, donde se encuentra en rehabilitación. El portavoz del movimiento Talibanes de Pakistán, afirmó que Malala era el “símbolo de los infieles y de la obscenidad”, y sostuvo que volverían intentar asesinarla si logra recuperarse. Al parecer, no hay nada más aterrador para un talibán que en una niña de 14 años que se atreve a expresar lo que piensa.

Y luego esta el caso de Amanda Todd. Una niña canadiense que, cuando tenía solo 12 años, fue convencida por un hombre en un chat de enseñarle sus senos, después de decirle lo hermosa que era. Un año después, el mismo hombre la contactó por Facebook amenazándola con publicar su foto si no hacía un “show” para él. El individuo sabía todo acerca de ella: su dirección, el nombre de sus familiares, de sus amigos y de su escuela. Poco después, su foto sería mandada a todos sus contactos, dejando a la chica con depresión y ataques de ansiedad. Sus padres la cambiaron de escuela por el acoso que recibía de parte de sus compañeros, y un año después, ya que había logrado entablar nuevas amistades, el señor creo un perfil falso de ella en Facebook con su foto desnuda como portada.  El abuso escolar comenzó de nuevo, y con ella su depresión, su consumo de alcohol y de drogas, así como el hábito de cortarse.

La chica volvió a cambiarse de escuela, donde empezó a hacerse amiga de un chico que ya conocía, y que parecía gustarle Amanda.  El chico la invito a su casa, donde tuvieron relaciones. La semana siguiente, la novia del chico y sus amigas atacaron a Amanda en la escuela, insultándole y pegándole, hasta dejarla tirada en el suelo, mientras el chico miraba el espectáculo, y otros lo filmaban. Después de que su padre la rescató de una zanja donde quedo tirada, ella trató de suicidarse ingiriendo lejía. La chica se mudo con su madre a otra ciudad, pero el acoso continuó por Internet, poniendo fotos de botellas de lejía y de zanjas en su muro, diciéndole que ojalá la siguiente vez no fuera tan estúpida y en verdad lograra suicidarse. A principios de septiembre, Amanda publicó un video en YouTube donde describe a detalle lo que les acabo de contar: cómo fue chantajeada, perseguida por el individuo, acosada y atacada físicamente por sus compañeros a través de cuatro escuelas y dos ciudades. Hace un par de semanas Amanda se suicidó.

 

 

Ahora bien, la vida de estas dos chicas difícilmente podría ser más diferente en términos de su entorno, sus batallas y su manera de enfrentarlas. A veces hasta es difícil concebir cómo estas chicas cohabitan una misma época de la historia humana. Malala ha tenido que luchar contra una gran cantidad de personas que pretenden imponerle limitaciones en sus derechos humanos más básicos simplemente por tener la mala suerte de nacer mujer: cómo se puede vestir, a dónde puede ir, cómo se debe de comportar, qué puede y no puede saber o aprender, y a qué puede aspirar en la vida. Pero, la sociedad occidental no tiene la batalla de la desigualdad de género del todo ganada. Porque, que quede claro, el caso de Amanda no se trata solo de un individuo enfermo que acosó a una niña, la cual no supo cómo sobreponerse emocionalmente a las agresiones recibidas y acudió al suicidio como solución. El tipo particular de acoso del que fue víctima Amanda por parte de sus compañeros no aparece en un vacío. Esta tragedia también es producto de una sociedad que tiene expectativas de comportamiento diferentes para las mujeres que para los hombres; un doble rasero que marginaliza a aquellas mujeres (y niñas) que no cumplen con los estándares de moral.  La chica que, con la curiosidad, ingenuidad y falta de juicio característico de una persona de su edad, tuvo a mal enseñarle brevemente los senos a un desconocido por Internet, no recibió empatía por parte de sus amigos después de ser víctima de este abuso sexual, sino que fue deshonrada  y tachada de puta por ellos. También son las historias de dos chicas que se les ha arrebatado la oportunidad de disfrutar su niñez y “sufrir” su adolescencia y pubertad como cualquier chica de su edad debería poder hacerlo.

Vale la pena también reflexionar sobre el papel que el Internet ha jugado en la vida de estas dos chicas. En el caso de Malala, el Internet fue la herramienta que le permitió compartir la situación precaria en la que viven las niñas y mujeres paquistaníes bajo el régimen talibán, a través de su blog y sus múltiples entrevistas. Después del ataque, el Internet ha propagado la historia de esta niña a todo el mundo, creando consciencia de la gravedad de la situación, y ayudando a empujar iniciativas como “I am Malala”, que pretende exigir a Pakistán y al mundo entero, que todos los niños alrededor del mundo tengan la oportunidad de recibir una educación para finales del 2015.

En el caso de Amanda, el Internet ha sido el foro que en un principio permitió que un pedófilo tuviera tan fácil acceso a una niña de 12 años, que la acosara sexualmente, la persiguiera averiguando todo detalle de su vida privada, y con ello la chantajeara y humillara públicamente. Todo esto bajo el velo del anonimato que le confiere la red. También fue el foro principal con el cual sus compañeros de escuela continuaron la agresión psicológica de la cual fue víctima. Es increíble pensar en el ostracismo que sufrió esta chica, cuando hombres como este, o como Michael Brutsch, el notorio troll de Reddit de nombre Violentacrez que creó secciones dedicadas a imágenes pornográficas y violentas de niñas y mujeres en este sitio, no solo no son marginalizados por la comunidad del Internet, sino que en muchas ocasiones son alimentados por esta misma.  Es un pequeño consuelo pensar que en sus últimos días de vida Amanda decidió utilizar el Internet a su favor, y diseminar su versión de los hechos por la red, logrando así arrollar la imagen que sus agresores habían forjado de ella a través de tres tortuosos años.

 

La imagen de la cabecera es de Nighat Dad.

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lucy

lucy

Nacida en México, Luciana siempre ha tenido interés por temas científicos, al grado de tener la osadía de navegar el circuito académico durante la última década. Sin visos de lanzar el ancla en un área específica, ha metido mano en temas que van de materiales, a nanotecnología y últimamente en biotecnología. La vida no corre prisa, y entre inmersiones a las obscuras aguas del trabajo experimental, esta rata de laboratorio tratará de subir a la superficie para tomar un poco de oxígeno y perspectiva al escribir para escéptica.

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