Ecologismo, esoterismo, soldados y hippies

Ecologismo, esoterismo, soldados y hippies

Suelo comprar té en una tienda vegetariana que me queda de camino a casa y (como siempre) me sorprende la mezcla de ciencias y falacias que se suelen reunir en este tipo de establecimientos.

Junto a comida sin gluten para celíacos, productos de comercio justo y un sinfín de derivados de la soja en todas las presentaciones posibles (todo muy razonable), hay cursos sobre ecología y talleres de astrología. Hay una mujer leyendo el tarot y una revista gratuita sobre “energías alternativas”. Publicidad de videntes, homeópatas y acupunturistas. Clases de “Kabbalah” y talleres de “sanación del niño interior”. Anuncios sobre clases de yoga, del normal en el que haces estiramientos, y del que te pone en contacto con la serpiente Kundalini.

Este curioso revoltijo de saberes y bazofias suele darse mucho en entornos similares, con lamentables consecuencias para muchos productos, actividades y conocimientos científicamente válidos que tienen que codearse con despojos esotéricos y pseudocientíficos. ¿Cuándo empezó esto a ser así? Pues básicamente es una consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, los procesos contraculturales de los años 60, y la aparición de los grandes medios de comunicación.

La cultura occidental ha estado más o menos influenciada por corrientes esotéricas provenientes de Asia a lo largo de los últimos siglos, aunque no pasaban de ser modas pasajeras entre las élites. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial cambió todo esto. Los grandes movimientos de tropas hicieron posible en aquellos tiempos lo que jamás se hubiera realizado en épocas de paz: más de un millón de occidentales, provenientes en su mayoría de Estados Unidos, pero también de Gran Bretaña, Francia y Canadá, viajaron a combatir en Japón, Tailandia, Filipinas y las Islas del Pacífico. (1)

No estamos hablando de comerciantes acostumbrados a la variedad de culturas, ni de académicos en viaje de estudios. La mayor parte de estos soldados eran jóvenes inexpertos que salían por primera vez de su país, de su región o incluso de su pueblo. A su regreso, venían cargados de influencias enormes, mal aprendidas y pobremente asimiladas, de todo lo que habían visto y oído. Es parte de lo que nos ha llegado.

Soldado de EEUU durante la ocupación de Japón

Por ejemplo: más de 350.000 soldados estadounidenses que ocuparon Japón, se llevaron a casa todo el sincretismo absorbido durante siglos por Japón de las ricas culturas de India y China. Las otras guerras asiáticas, la de Corea y la de Vietnam, sirvieron como colofón a esta enorme mezcla de culturas en las que se colarían montones de ideas religiosas, supersticiones y esoterismos que inundaron occidente en la segunda mitad del siglo XX.

Pero nada de esto hubiera sido posible sin el fenómeno de la contracultura en los años sesenta. Esa revolución juvenil en busca de cambio fue la que abrió la puerta a todo lo que sonara como un desafío a los valores que intentaba derribar. El movimiento contracultural aceptó como válida, sin importar su veracidad científica, cualquier manifestación cultural por primitiva o absurda que fuera, con tal de que fuera diferente de lo tradicional. (2) El discurso contra “los químicos” comienza aquí, y el uso de “remedios naturales” y “medicinas ancestrales” se redescubre y amplía. Al mismo tiempo surge un rechazo hacia el rigor científico por considerarse aliado de las industrias, especialmente las fabricantes de químicos pesticidas y armamento, ambas muy ligadas.

Parte de esa inquietud sobre la desaforada industrialización y la crítica al estilo de vida moderno permite que surjan en occidente los movimientos ecologistas, por un lado, y las alternativas vegetarianas, por otro. Lamentablemente, a estas inquietudes venían pegadas miles de tonterías adjuntas a la “nueva era” en épocas dominadas por el Tercer Ojo de Lobsang Rampa. Una especie de descubrimiento juvenil que pronto se convirtió en universal gracias al auge de los medios de comunicación: hasta los Beatles, en su momento de más popularidad, hicieron su peregrinación a la India tras el viaje místico de George Harrison.

Poco a poco todas las realidades culturales exóticas se fueron vendiendo, cómodamente empaquetadas al gusto occidental, hasta darles la forma que tienen en el presente. La parafernalia mística se comercializa tras haber sido absorbida por el sistema de mercado, (ese mismo que también absorbio la contracultura transformándola en una moda), en el que hoy en día son un bien más.(3) La efectividad sigue siendo nula a nivel científico, pero ya hacen parte de una vida cotidiana por donde se pasean orondas, sin ningún pudor. Así, vemos cómo tanto esoterismo se ofrece a diario en farmacias, en supermercados, en librerías, en medios de comunicación, y circula impune entre tus familia y amigos como si fuera válido, real e inofensivo.


(1) Hobsbawm, Eric. Historia del Siglo XX. La época de la guerra total.
(2) Harris, Marvin. Vacas, cerdos, guerras y brujas. El retorno de las brujas.
(3) Selva, David. Marketing y contracultura: de como lo alternativo se convierte en masivo

 

* He cambiado el título por recomendación de Txema Campillo, quien me recuerda que no estoy hablando de ecología sino ecologismo. Gracias por el dato.

Blogger, periodista, lector, escritor, hablador, friki a medio tiempo (sobre)viviendo en Madrid. Cinismo y escepticismo a la carta.

12 Comments

  1. Aquí hay una imagen que creo que ilustra bien el punto: http://media02.viva-images.com/classifieds/8d/9/44809534/large/8.jpg?dt=aaf84765d11112ee760abecf28bf75c6

  2. Muchas gracias por la información.

    Además se nota que ya es un nicho de consumo perfectamente definido. Herboristerías, zonas de productos vegetarianos o adelgazantes, ropa hippie y productos orientales… con enfoque hacia la mujer, como se ha tratado en “post” anteriores sobre si la mujer es más receptiva a este tipo de engaños

  3. ¡Wow! Así que de ahí se abrió la caja de Pandora.
    Me pregunto qué darán en las clases de ecología, y ahora me entraron las ganas de dar unas yo, explicando cosas como la teoría de biogeografía de islas, dinámicas de poblaciones y comunidades o la ecuación de Lotka-Volterra.

    • Puedes dar esa clase, pero primero le tienes que camibar de nombre. En lugar de “Teoría de biogeografía de islas, dinámicas de poblaciones y comunidades” tienes que decir: “Geografía biodinámica, la teoría de las comunidades como islas”. Listo, éxito asegurado (por lo menos el primer día).

  4. Muy recomendable libro en esta línea es Rebelarse vende: el negocio de la contracultura (Nation of Rebels: Why Counterculture Became Consumer Culture en la edición estadounidense) de Joseph Heath y Andrew Potter.

    Y habría que añadir que todo este revoltijo ha sido asumido como parte de la izquierda sin ninguna actitud crítica, lo cual sólo empeora la situación.

  5. [...] ecologia, esoterismo, magufo, medicina alternativa » noticia original Esta entrada fue publicada en General por admin. Guarda el enlace [...]

  6. Dicen los anglosajones que cada historia tiene dos lados, y creo que no deberíamos olvidar el otro lado de la psicodelia

    LSD y Silicon Valley: de cómo las drogas fundaron un imperio http://www.abc.es/20100408/ciencia-tecnologia-tecnologia-informatica/silicon-valley-como-drogas-201004081036.html

    La ignorancia mata…: “Internet la inventaron una panda de hippies” – Pepe Cervera… – http://www.viadescape.com/laignoranciamata/2006/12/internet-la-inventaron-una-panda-de.html

    francispisani.net: La PC: Gracias a los hippies – http://www.francispisani.net/2005/06/la_pc_gracias_a.html

    • La contracultura empapó prácticamente todas las realidades presentes en los países donde más fuerza tuvo. Y su influencia se dejó sentir en muchas expresiones, desde el arte hasta la ciencia. Pero pretender que jugó un papel fundamental en el nacimiento de la computación moderna me parece un poco exagerado: la industria informática venía desarrollándose con mucha fuerza en los años 70, y si bien la tendencia original era a producir mega computadoras tipo Univac, los japoneses ya habían comenzado la producción en serie de pequeñas y baratas calculadoras de bolsillo, que presagiaban la aparición de los computadores personales (PC). Y la creación de internet se dio en los ochenta, más influida por la guerra fría y las comunicaciones de masas que por la contracultura. Es decir, acepto la influencia, pero no la veo determinante en el sector. Sin embargo, tan pronto pueda le echaré un vistazo al libro reseñado en los artículos.

  7. Los beatniks, los hippies, los Beatles, el marketing… la espiritualidad, y una India donde hay más violencia, injusticias y superficialidad y superstición de la que más de un tonto se pudiera imaginar:

    http://www.desastrecajon.es/pensamientos/ver/53/Espiritualidad/en/India/

  8. [...] » noticia original [...]

  9. En vista de la evidencia, más nos valdría aceptar la influencia, si bien la discusión sobre si ésta fue determinante o no es más difícil de zanjar. Entiendo que es difícil superar el estereotipo del jipi colgado (favorito de los media y de algunos supuestos herederos de la contracultura), pero el verdadero escepticismo debería ser capaz de examinar los asuntos más allá de los topicazos, especialmente si son tan cutres como este. No digo que el artículo abunde en ellos y comparto muchas de las cosas que én el se destacan, pero insisto en que un fenómeno tan complejo y tan masivo como el de la contracultura tiene muchas facetas.

    Más en este artículo del NY Times sobre un libro similar a The Dormouse y donde, de nuevo, se destaca la importancia que tuvo Whole Earth Catalog a la hora de despertar el interés pòr temas científicos en mucha gente de la época

    Fred Turner – From Counterculture to Cyberculture: Stewart Brand, the Whole Earth Network, and the Rise of Digital Utopianism – - New York Times – http://www.nytimes.com/2006/09/25/arts/25conn.html

    Tampoco hay que olvidar la relevancia de un antiguo jipi y letrista de Grateful Dead como es John Perry Barlow – http://en.wikipedia.org/wiki/John_Perry_Barlow

    Y uno de mis personajes favoritos, cuya necrológica escribí a raiz de su fallecimiento en 2002

    Bob Wallace, empleado número 9 de Microsoft, inventor del término “shareware” y más tarde fundador de Mind Books, una librería online dedicada a extender la cultura enteógena, fue encontrado muerto en su casa del norte de California el pasado viernes 20 de septiembre. Bob nació en Washington D.C. en 1949 y se unió a Microsoft en 1978, cuando la empresa de Bill Gates tenía tan sólo 10 empleados. Cinco años más tarde, abandonó Microsoft -que ya contaba con 300 trabajadores- para montar Quicksoft, donde desarrolló junto a dos colaboradores el concepto de “shareware”. Esta pasión por compartir y extender el conocimiento llevó a Bob a crear Mind Books y a participar activamente en grupos de noticias y listas de correo -alt.drugs.psychedelics entre los primeros, la lista de MAPS entre las segundas- donde respondía con precisión y exactitud a todo tipo de cuestiones sobre drogas psiquedélicas, principalmente, sin entrar jamás en polémicas innecesarias. Fue así -y gracias a su apoyo económico a asociaciones como MAPS, Dance Safe o Erowid, entre otras- como a lo largo de los años Bob se convirtió en un tipo respetado y querido. En el grupo de noticias citado, su muerte ha causado una gran conmoción, ya que participó en él desde su creación hasta su muerte. Vaya aquí un cariñoso y emocionado recuerdo hacia alguien que se ha ido demasiado pronto. Como dijo uno de los participantes en el hilo abierto tras su muerte en alt.drugs.psychedelics, “el mundo es un poco menos inteligente sin él”.

    Erowid Bob Wallace Vault –
    http://www.erowid.org/culture/characters/wallace_bob/wallace_bob.shtml

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