En memoria de Rita Levi

En memoria de Rita Levi

Hace apenas dos días (el 30 de diciembre del 2012) murió Rita Levi-Montalcini, neuróloga ganadora del Premio Nobel de Medicina en 1986. Aunque la noticia ha salido en los medios, se ha visto un tanto empañada por las uvas, las galas de fin de año y las campanadas. Creo realmente que la vida de esta mujer merece ser recordada. Esta es la traducción de su autobiografía, disponible en inglés en la página web de los Premios Nobel

Mi hermana gemela Paola y yo nacimos en Turín el 22 de Abril de 1909, las más jóvenes de cuatro hermanos. Nuestros padres eran Adamo Levi, un ingeniero eléctrico y dotado matemático, y Adele Montalcini, una pintora de talento y una exquisita persona. Nuestro hermano mayor Gino, quien murió hace doce años por un ataque al corazón, fue uno de los más conocidos arquitectos italianos y profesor de la Universidad de Turín. Nuestra hermana Anna, cinco años mayor que Paola y yo, vive en Turín con sus hijos y nietos. Desde que era adolescente, ha sido una admiradora entusiasta del gran escritor sueco, laureado con el Nobel, Selma Lagerlöf, y me contagió tanto su entusiasmo que decidí hacerme escritora y escribir la saga italiana “a la Lagerlöf”. Pero las cosas tomaron un rumbo diferente.

Los cuatro hermanos disfrutamos del más maravilloso ambiente familiar, llena de amor y devoción recíproca. Nuestros padres eran sumamente cultivados y nos inculcaron su alta apreciación por la búsqueda intelectual. Sin embargo, era el típico estilo de vida victoriano, todas las decisiones eran tomadas por el cabeza de familia, el marido y padre. Él nos amó cariñosamente y tenía un gran respeto por las mujeres, pero creía que una carrera profesional interferiría en los deberes de una esposa y madre. Por lo tanto, decidió que tres de nosotras – Anna, Paola y yo – no entraríamos en los estudios necesarios para una carrera profesional y que no entraríamos en la universidad.

Desde su infancia, Paola había mostrado un extraordinario talento artístico y la decisión de nuestro padre no evitó que se dedicara a tiempo completo a la pintura. Se convirtió en una de las pintoras más excepcionales de Italia y en el presente está aún en plena actividad. Yo tuve más dificultades. A los 20 años, me dí cuenta que posiblemente no podría ajustarme al rol femenino tal como había concebido mi padre, y le pedí permiso para comenzar una carrera profesional. En ocho meses cubrí mis lagunas en latín, griego y matemáticas, me gradué en el instituto y entré en la escuela de medicina de Turín. Dos de mis colegas de la universidad, y amigos íntimos, Salvador Luria y Renato Dulbecco, recibieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, diecisiete y once años antes, respectivamente, antes de que yo recibiera el mismo prestigioso premio. Los tres fuimos estudiantes del famoso histólogo italiano, Giuseppe Levi. Estamos en deuda con él por sus magníficas enseñanzas de la ciencia biológica, y por haber aprendido a acercarnos a los problemas científicos del modo más riguroso, incluso cuando ese acercamiento era todavía insólito.

En 1936 me gradué en la escuela de medicina con matrícula cum laude en Medicina y Cirugía, y me matriculé en la especialización de tres años en neurología y psiquiatría, todavía sin saber si debería dedicarme totalmente a la profesión médica o perseguir al mismo tiempo la investigación básica en neurología. Mi perplejidad no duró mucho tiempo.

En 1936, Mussolini publicó el Manifiesto por la defensa de la raza, firmado por diez “científicos” italianos. El manifiesto fue pronto seguido por la promulgación de leyes excluyendo de carreras profesionales y académicas a los ciudadanos italianos no-arios. Tras un corto período pasado en Bruselas como invitada de un instituto de neurología, volví a Turín al borde de la invasión de Bélgica por el ejército alemán, en la primavera de 1940, para encontrarme con mi familia. Las dos alternativas que teníamos era emigrar a EEUU, o realizar alguna actividad que no necesitara ni apoyo ni conexión con el mundo ario en el que vivíamos. Mi familia escogió esta segunda alternativa. Entonces decidí montar una pequeña unidad de investigación en casa y la instalé en mi dormitorio. Mi inspiración fue un artículo de 1934 de Viktor Hamburger analizando los efectos de la extirpación de un miembro en embriones de pollo. Mi proyecto apenas había comenzado cuando Giuseppe Levi, quien había escapado de la Bélgica invadida por los nazis, volvió a Turín y se encontró conmigo, convirtiéndose, para mi orgullo, en mi primer y único asistente.

El bombardeo de Turín por las fuerzas aéreas anglo-americanas en 1941 hizo imperativo abandonar Turín y trasladarnos a una casa de campo donde reconstruí mi mini-laboratorio y retomé mis experimentos. En el otoño de 1943, la invasión de Italia por el ejército alemán nos obligó a abandonar nuestro ahora peligroso refugio en Piemonte y escapar a Florencia, donde vivimos escondidos hasta el final de la guerra.

En Florencia estuve en contacto diario con muchos cercanos, queridos amigos y partidarios valerosos del Partito di Azione. En agosto de 1944, el avance del ejército anglo-americano forzó a los invasores alemanes a abandonar Florencia. En la oficina central anglo-americana, fui contratada como médico y asignada a un campo de refugiados de guerra que fueron traídos a Florencia por cientos desde el norte, donde la guerra todavía rabiaba. Las epidemias de enfermedades infecciosas y de tifus abdominal extendieron la muerte entre los refugios, donde yo estaba al cargo como enfermera y médico, compartiendo con ellos su sufrimiento y el peligro diario de la muerte.

La guerra en Italia acabó en mayo de 1945. Volví con mi familia a Turín donde retomé mi posición académica en la universidad. En el otoño de 1947, una invitación del profesor Viktor Hamburger para encontrarme con él y repetir los experimentos que realizamos algunos años antes en embriones de pollo, cambió el curso de mi vida.

A pesar de que yo había planeado quedarme en San Luís durante sólo diez o doce meses, los excelentes resultados de nuestra investigación hizo imperativo posponer mi vuelta a Italia. En 1956 me ofrecieron el puesto de profesor asociado y en 1958 el de profesor titular, puesto que ocupé hasta mi retiro en 1977. En 1962 establecí una unidad de investigación en Roma, dividiendo mi tiempo entre esta ciudad y San Luís. De 1969 a 1978 mantuve el puesto de directora del Instituto de Biología Celular del Italian National Council of Research, en Roma. Sobre el retiro en 1979, me convertí en profesor invitado en ese mismo instituto.

Imagen: Rita Levi a los 98 años.

Veterinaria, eterna doctoranda, lectora empedernida, rolera, gamer y friki hasta la médula. Intenté ser homeópata, acupuntora, naturista, lectora de manos, médium y católica, pero lo tuve que dejar porque no me creí nada. Y descubrí que lo que pasaba es que era escéptica.
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