Fugaces 07/01/13

Fugaces 07/01/13

De bollera, estrecha y/o puta, a feminazi y feminista radical. Lo mismo me da que me da lo mismo. Hace tiempo que comenté aquí el origen de la palabra feminazi. Cuando Rush Limbaugh empezó a llamar así a las mujeres que reclamaban sus derechos, sabía muy bien lo que hacía. Era gracioso, gracioso al mismo nivel que llamar “rogelios” (por lo de rojos) a los comunistas, y además asociaba inmediatamente la lucha feminista con lo peor del mundo para nuestra mansa sociedad: “ser radical”.

No, lo peor del mundo no es ser nazi, es ser una nazi radical. Foto: este Tumblr.

No, lo peor del mundo no es ser nazi, es ser una nazi radical. Foto: este Tumblr.

“Si te imaginas a un padre hablando de su hija “Es que mi hija es feminista”. ¿Suena a algo bueno o algo malo?. Yo creo que ya hemos cruzado la línea y por eso salen algunas despistadas diciendo que pasan del feminismo, cuando gracias a él están donde están.”

La cita anterior viene de La peligrosa ideología del género y el feminismo radical. Comparto esta opinión con @LaMoscaCojonera. Parece que quienes más hablan de feminismo, de ideología de género y queer son quienes se oponen desde el ultraconservadurismo, aplicando un sentido peyorativo a estos movimientos, que va calando en círculos cada vez más grandes. Esta también es mi impresión como “feminazi”, que es como nos llaman algunos compañeros y compañeras feministas, a algunas feministas, cuando nos pasamos de feministas. Antes me recomendaban un buen pollazo para mi histeria radical, ahora me trazan amablemente la línea entre el feminismo legítimo y el feminismo radical. Ahora hasta hay un feminismo que explica por qué las mujeres no somos mayoría en la ciencia, ya puedo estar tranquila y dejar de preocuparme por mis limitaciones. Hasta me han explicado por qué no debo maquillarme y ponerme tacones. Que bastante bien estamos, hoy en día hasta hay hombres feministas. Hasta aquí hemos llegado.

  • El mito de Saturno en La sinfonía del plomo: la intoxicación por plomo ha acompañado a los beneficios que la humanidad ha obtenido de él.

 

En la imagen de cabecera una mujer desafiando el principio Termofeminista que dice que “si pones en contacto a una mujer con un espejo y maquillaje, una verdadera feminista evolucionará desde monja a golfa, hasta que ambos estados se igualen, agradable de ver pero que no excite”. En The Barefoot Contessa (1954).

Tan escéptica que no me lo puedo creer.
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