Spanish Inquisition: La Experiencia Religiosa de un no Creyente

Spanish Inquisition: La Experiencia Religiosa de un no Creyente

Durante muchos años extrañé creer en Dios. Echaba de menos cuando era niña y le oraba por las noches. Echaba de menos la sensación de seguridad que me daba el saber que mi madre oraba por mi todos los días. Pero lo que más echaba de menos era la certeza de que la muerte no es el final y que luego de esta vida me reuniría con los míos para siempre. Todo como parte de un plan perfecto. Perder esa sensación de infinito fue triste. No desgarradora, no traumática. Solo triste. Quizás fue solo triste porque cuando dejé de creer en Dios era muy joven para preocuparme realmente por la muerte. Eso fue hace ya más de quince años.

Unos pocos años antes de cumplir los treinta me encontré a mi misma recordando esa sensación de infinito. Descubrí que no me había vuelto a sentir así en años. Y me puse a pensar en ello.
Una persona religiosa abraza una creencia que, aunque no tenga coherencia interna, da sentido diario a su vida. Y no solo eso, también le entrega una experiencia religiosa de la vida. Cuando dejé de creer en Dios, y perdí ese relato para siempre, no pensé en que quizás debería llenar ese espacio con otra cosa. Así que pasé un tiempo de mi vida sin sentir nada parecido a la experiencia religiosa. Es que, en realidad, pasé varios años sin pensar mucho en la vida, absorbida por esa cosa urgente llamada rutina.

Pero, un verano en que mi ex y yo agarramos el auto y nos fuimos de viaje, me encontré pensando otra vez en la sensación de infinito. Recuerdo que estábamos acampando en una playa vacía (y sin ningún tipo de equipamiento o urbanización) del norte de Chile junto a otra pareja amiga. Ese día, nuestros compañeros habían ido de excursión a la playa vecina y mi ex estaba tomando fotografías en los farellones cercanos. Estaba complétamente sola.

Había pasado unas horas leyendo un libro de Stephen King y estaba muerta de calor, así que me fui al agua y me dediqué a flotar mirando el cielo. De pronto, me maravillé de una manera tan violenta que me puse a llorar de golpe. Me vi ahí, flotando en el agua, subiendo y bajando con el oleaje, frente a la naturaleza inmensa y al cielo abierto y me sentí pequeña y frágil. Me acordé en ese momento de mi mortalidad y de la brevedad de mi existencia y de la de todos mis seres queridos. Fue como si se me hubiera rajado el pecho.

Pero, además de eso, me sentí enormemente privilegiada por poder experimentar la realidad con mi cuerpo. Poder sentir el mar, el viento y los ruidos y disfrutarlos. Me dije a mi misma: Es realmente asombroso que la evolución haya llegado a generar unas criaturas que, en un día caluroso, se dediquen a flotar en el agua y se maravillen. Y ¡Saz! había recuperado la experiencia religiosa.

 

Una foto de la playa de la que les hablo. Se llama Playa Blanca y (para los lectores chilenos) queda justo al sur de Puerto Viejo, cerca de Caldera.

Una foto de la playa de la que les hablo. Se llama Playa Blanca y (para los lectores chilenos) queda justo al sur de Puerto Viejo, cerca de Caldera.


Desde ese día, cada vez que me encuentro frente al mar, y las condiciones se dan para meterme al agua, lo hago. Aunque no tenga calor y el agua esté como usualmente está en las costas de mi querida patria: Helada. Se podría decir que flotar en el mar, para mi, se ha transformado en un sacramento. Me voy a flotar y refresco mi amor por la vida, renuevo mi gratitud por estar viva y tener el privilegio de, justamente, poder flotar en el mar.

Y si bien para mi esta práctica es una especie de pináculo de lo que yo llamaría “estar consiente del hecho de estar vivo y sorprenderse por eso”, desde entonces ando con esa idea casi todo el día, y todos los días, en la cabeza. Así que pasé de no tener experiencias religiosas, a tenerlas casi constantemente. Y es agotador. Es agotador porque ocupa gran parte de mi tiempo y no me deja pensar en cosas prácticas como cuáles serán mis próximos pasos profesionales o qué quiero hacer con esta vida que me maravilla y me duele.

¡Preguntas!

Lo siento, este Spanish Inquisition me ha salido más largo de lo que tenía previsto. Mi idea original era preguntarles a ustedes, queridos lectores, sobre cuáles son sus experiencias religiosas. Siendo ustedes personas naturalistas, ateas, racionalistas, escépticas ¿Hay algo en particular que los haga sentir la maravilla del Mundo y del Universo? ¿Algo que los deje abrumados y sobrecogidos? ¿Cada cuánto tiempo lo experimentan? ¿Qué experimentan? Y, por último ¿Debería consultar con un psiquiatra?

Spanish Inquisition, antes conocida como Tercer Grado, es una sección donde Escéptica pide tus opiniones, experiencias y comentarios sobre diversos temas de interés. ¿De interés para quién? Pues por lo menos para el autor del post, y esperemos que de vez en cuando para ti también. Nombrada en honor a los famosos sketches de la serie Monty Python´s Flying Circus, la podrás encontrar todos lo miércoles en nuestro blog.

La imagen de cabecera la obtuve acá.

La imagen de la playa la encontré acá. Si pinchan el enlace podrán ver también la ubicación de la playa en el mapa.

"Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google) Es miembro entusiasta de la Asociación Escéptica de Chile."

15 Comments

  1. A mi me pasa lo mismo cada vez que la naturaleza me recuerda que soy un diminuto punto dentro de un punto azúl pálido.

  2. Como puse en un comentario ayer, los niños tienen una curiosidad y una capacidad de sorprenderse y maravillarse que perdemos con el tiempo. Para mí eso son las “experiencias religiosas” que deberíamos tener: sorprenderse y maravillarse de cuán bello puede ser un paisaje, de la inmensidad de las montañas, de un cristal de cuarzo, de la miel que fabrican las abejas, de poder ver fotos de la tierra desde el espacio, de que podamos cruzar el charco en 10 horas, de una videoconferencia con alguien al otro lado del mundo…
    ¿Un dios? Quién lo necesita.

  3. Yo evito llamarlas ‘religiosas’ (o ‘espirituales’), pero entiendo claramente a qué tipo de experiencias se refieren =). Prefiero calificarlas de ‘sobrecogedoras’, ‘experiencias cumbre’, ‘plenitud’, u otro sinónimo que no implique salirse del naturalismo.

    En mi caso, esa sensación me ocurre cuando veo que un homo sapiens (incluido yo) se supera a sí mismo, aprende algo nuevo o resuelve un problema… sobre todo con los niños (creo que elegí bien ser psicólogo y trabajar en escuelas, jaja). Me recuerda que por muy imperfectos que seamos, somos animales capaces de ser cada día más inteligentes, fuertes y bondadosos.

    Lamentablemente en mi caso, me es difícil encontrar alguien con quién compartir esto, pues la mayoría de las personas, o no se maravillan con esto, o piensan que “los niños son seres de luz” o que “diosito hace milagros en nosotros”, o cosas así u.u

  4. Quizás, si no se castraran las mentes infantiles con indoctrinación y educación mediocre (léase aprender de memoria) tendríamos más gente observando la realidad con ojo crítico y científico.

  5. Me ha encantado tu testimonio.

    Respecto a la pregunta. Si. Tengo esa clase de experiencias todo el tiempo, pero no sabría decir exactamente qué cosa las motiva. La muerte es un tema que me transporta directamente ahí, pero no es el único.

    Respecto a la forma de llamarlas, no tengo problemas en decirles “espirituales”. Ayuda a la idea de que esas “experiencias” no son exclusivas de la religión ni la visión religiosa. Pero también suelo llamarlas “experiencias numinosas”.

    • Numinoso como Rudolf Otto numinoso? (Lo acabo de googlear)

  6. No recuerdo donde lei sobre lo penoso que es que las religiones se hayan apropiado, poniéndoles su nombre, de este tipo de experiencias… en lo personal no me disgusta que lo hayan hecho y entiendo que en su momento fuese la explicación mas cercana.

    Ese sentimiento de pertenencia con nuestro entorno y a la vez de conciencia de nuestra insignificancia es sobrecogedor, abruma pero también como bien acierta lulú en el articulo, nos da la oportunidad de ver lo afortunados que somos por estar, precisamente, abrumados, pues somos una extraña coincidencia y somos muy afortunados de ser.

    Sobre la pregunta, en lo personal, tengo este tipo de experiencias muy de vez en cuando, no tengo un ritual propiamente, sino que son pensamientos que surgen de la cavilación.

    • …”somos una extraña coincidencia y somos muy afortunados de ser.”

      Cuando pienso que quizás hoy mismo muera atropellada o qué se yo, pienso algo así. “Bueno, no importa, he tenido la gracia de existir”

  7. Para mi no hay nada como estar sola en el campo, sobretodo si es un espacio muy abierto. Me siento chiquita y libre a la vez.

  8. Precioso…

    Yo tengo esa sensación casi todo el tiempo, y empezó en las clases de biología: darme cuenta de que somos una máquina compuesta por millones de células que interactúan entre ellas con una precisión asombrosa, para mí fue una experiencia, más científica que religiosa, pero vamos, la sensación es esa. Y cuanto más aprendí, más me asombré, de la capacidad de la naturaleza por depurar cada proteína, molécula, citoplasma o membrana para conseguir que una célula haga lo que debe hacer, con una tasa de fallo tan baja. Aprender fisiología, genética, inmunología, ecología, parasitología… fue haciendo que mi asombro por lo que somos (no sólo nosotros como humanos, sino todos los seres vivos) creciera más y más.

    Más todavía, cuando tengo delante un animal enfermo (lo cual me pasa bastante a menudo, gajes del oficio), no sólo es un animal enfermo: es la suma de las reacciones de su cuerpo para librarse de la enfermedad, más las estrategias de las bacterias/virus/parásitos para evitar que se libren de ellas, más las reacciones de los medicamentos sobre los receptores celulares… y lo encuentro precioso.

    Siguiendo el paralelismo, creo que la biología es mi religión.

    Además, tengo el privilegio de vivir en una zona rural, sin contaminación lumínica por la noche que me deja ver las estrellas como nunca las había visto en la ciudad, y con una gran riqueza en fauna: estar en casa y ver tejones, zorros, milanos, lechuzas, águilas ratoneras, liebres, conejos, jabalíes… hace que viva en un estado constante de asombro y alegría que ya quisieran muchos creyentes.

    • Gracias.

      Qué agrado vivir lejos de la contaminación lumínica. Hace tiempo que no veo el cielo estrellado al natural. Acá, además de ser ciudad, está casi siempre nublado.

      Creo que el conocimiento es mi religión.

  9. Por lo que leo, creo que además de en el mar a muchos nos pasa por el lado de nuestras profesiones, a mi me maravilla la humanidad, la naturaleza, la evolución, cuando veo maquinarias muy complejas o extraordinarias, grandes desafíos de la ingeniería desde un acelerador de partículas kilométrico a un brazo robot capaz de interpretar los pulsos cerebrales o los millones y microscópicos transistores y compuertas que hacen que pueda estar escribiendo esto.
    Voy arriba de un avión y no puedo creer que el tipo de al lado le resulte indiferente la cuestión de que una máquina pesadísima se esté elevando a miles de metros de altura con nosotros adentro, del desafío que eso implica y todo lo necesario para que suceda.

    Por otro lado, también sucumbo frecuentemente ante la idea de la muerte, nuestra pequeñez y finitud en un universo que mide el tiempo y el espacio en unidades tan grandes que están fuera de nuestra real comprensión y la soledad que eso implica para nuestra especie.

  10. Muy molón y muy de acuerdo. Copypasteo lo que puse en el Muro de Elara.
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    Mas o menos, van por ahí los tiros. Me siento en el Stadtwaal, o enmi casa de Galicia, y miro transferencias de energía, de materia, y de información. Veo como crece un tallo de hierba, y como crece el que tiene al lado, y como crecen miles, millones de tallos de hierba. Veo que la mayoría de ellas son hermanos. Veo los pulgones picando en los tallos, y chupando su savia, y veo la hormiga que los ordeña, y la araña que caza a la hormiga.

    Y me imagino, no veo, los dieces elevado a muchas bacterias y hongos que pudren la hierba muerta, y los virus que entran en ellas, con códigos genéticos extraños y misteriosos, quizá portando una pequeña secuencia que ahí mismo, entre la hierba, cambiará el mundo paa siempre. Oigo a los pájaros, y escucho como inventan algo nuevo con sus canciones. Veo a los álamos, que forman un bosque, y se que todos ellos son clones de uno solo. Pienso que tengo un solo modelo para un fenómeno, como la traducción de ADN a ARN, y me flipo con la cantidad de billones de veces que se está repitiendo ante mis ojos. Y sí, es religioso. La biología, la física, la química, todas esas cosas ocurren siempre en unos números tan inimaginablemente elevados que se parecen mucho al infinito. Y sentir el infinito es una experiencia espiritual.
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    Y por cierto, y como protesta, estoy hasta el cipote de leer por ahí que la gente que mantien un pensamiento científico es poco espiritual. Hay gente mas espiritual, (entendemos por espiritual con mas tendencia a tener experiencias subjetivas sobrecogedoras), y menos. Sin embargo, dada mi experiencia, el magufismo y la espiritualidad son términos no correlacionados. He conocido a gente que se hincha a reiki, homeopatía, y leer libros del gurú Pepe, y que en cuanto les dejas diez minutos solos y callados en el campo, ya están nerviosos porque quieren volver al coche. En cambio no he conocido aún a un biólogo vocacional al que dejes solo en el campo y no le sorprenda el anochecer porque estaba a cuatro patas mirando debajo de una piedra.

  11. Amigos, sobre este tópico les recomiendo “El Pequeño Libro de la Espiritualidad Atea” de André Comte Spon-Ville.

    http://www.revolucionnaturalista.com/2008/08/la-espiritualidad-naturalista-andr.html#.UQMHPh1bZPw

    También Sam Harris toca el tema en la última parte de “El Fín de la Fé” y en su blog ha dicho que está escribiendo un libro exclusivamente sobre lo mismo.

    • Hola, muchas gracias por los datos de lectura. Más textos para alargar mi cola de lectura :/

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