¡La invasión de las diatomeas del espacio exterior!

¡La invasión de las diatomeas del espacio exterior!

¡Ya están aquí! ¡Por fin se ha descubierto vida extraterrestre! ¡Un Misterioso Meteorito del Espacio Exterior™ cayó a finales de diciembre (un poco tarde para el fin del mundo, pero bueno) en Sri Lanka, portando diatomeas fósiles! ¡Vida! Bueno, ¡ex-vida fosilizada! Pero ¡del Espacio Exterior™!

¿Es esto cierto? Permitidme responder parafraseando a Pharyngula, en un artículo de temática parecida, pero que en su caso trataba de un meteorito con bacterias:

No.

No, no, no. Nononono, no.

No no no no no no no, no.

No.

Podría dejarlo aquí, pero luego me llaman dogmática y tal. Así que empecemos por el principio. El principio es que salió publicado un artículo en una revista, seria sólo de nombre, llamada Journal of Cosmology. En su (bastante lisérgica) web, se enorgullecen de anunciarla como “peer reviewed“, ¡como las revistas científicas de verdad, oiga! Y en el artículo se anunciaba, con profusión de fotos al microscopio electrónico, que en ese meteorito se han hallado fósiles de diatomeas. ¡Fósiles de diatomeas! ¡Maravillaos!

Retrocedamos un momento, para los no-biólogos. Una diatomea es un alga unicelular con una pared celular de sílice. Hay muchas especies de diatomeas, son muy bonitas, y se dan en muchos ambientes diferentes. Y son seres vivos.

Así que encontrar diatomeas en un meteorito es un descubrimiento excepcional. Extraordinario. Con lo cual requiere, como dice el dicho, evidencias extraordinarias.

Examinemos entonces la evidencia aportada por los autores del artículo. No hace falta ser biólogo, ni geólogo, ni astrofísico, ni nada, para hacerse una serie de preguntas que nos permiten evaluar la fuerza de los argumentos presentados. Vamos a verlo.

1. Un meteorito cayó en la provincia de Polonnaruwa en Sri Lanka

Pues no lo sé, la verdad. Cuando busco en Google todo lo que encuentro son enlaces al dichoso artículo del JoC y docenas de titulares churrodísticos del estilo de “Científicos descubren vida extraterrestre”. Lo más parecido a una evidencia independiente que he encontrado es esto, y es una birria. Pero va, aunque no tengo ninguna evidencia externa ajena al propio artículo y su repercusión mediática, supongamos que fuera así. Que si no esto se acaba enseguida.

2. El meteorito es una condrita carbonácea

Polonnaruwa meteorite, maybe

¿Condrita carbonácea, o bizcocho reseco? ¡Tú, el lector, decides!

Pues no soy geóloga, así que lo supondremos también, pese a que comparto las dudas de Phil Plait sobre el pedrusco en sí. No es sólo que no tenemos ni idea de si cayó un meteorito o no. Es que además no sabemos quién, cuándo, cómo, en qué condiciones y con qué controles o garantías se envió a los autores del artículo. No nos lo dicen. Tenemos una foto de lo que parece un terrón medio desmigajado, nos dicen que es un meteorito que cayó en Sri Lanka, nos dicen que es una condrita, y nos tenemos que conformar con eso. Y eso es muy poco.

Ah, no, que lo han analizado y hay olivino. Que está, sí, en las condritas. Y en todas partes. Pero bueno, sigamos suponiendo que cayó un meteorito en Sri Lanka (haciendo un ejercicio de suspensión de incredulidad de nivel oro olímpico), y continuemos.

3. En el supuesto meteorito se ven fósiles de diatomeas

La mayor parte de la evidencia presentada son fotos al microscopio electrónico. Y desde luego en el “meteorito” se ve algo. Mirémoslo de cerca:

Diatomea no fósil en no meteorito

“Venimos en son de paz, terrícolas”

A poco que rebusques en internet verás que, efectivamente, esas bonitas estructuras son de diatomeas. Es bastante fácil verlo, y las fotos del artículo son lo bastantes buenas para dejar poco resquicio a la duda de si son o no diatomeas. Lo que pasa es que no son fósiles. Pero bueno, nadie es perfecto…

Un momento. ¿¡No son fósiles!? No. Son diatomeas de agua dulce sin fosilizar. En concreto, algunas de ellas son de la especie Rossithidium pusillum. Se ven tan bien porque la pared silícea de una diatomea sale genial en un microscopio electrónico de barrido, que es lo que usan en el artículo. Y no son fósiles porque se ven muy enteras, igual igual que si fueran unas diatomeas normales y corrientes, de las de toda la vida. Las diatomeas fosilizan bien, pero no tan bien.

Vale, no son fósiles. ¡Pero al menos sí son diatomeas! ¡Del espacio exterior™!

¿Seguro? Recapitulemos:

Esto es una condrita meteorítica de verdad

Esto es una condrita meteorítica de verdad

Tenemos un pedrusco que nos dicen que es un meteorito. Porque sí, porque nos lo dicen y punto. Es un pedrusco con una composición consistente con algunos meteoritos… Y con un montón de piedras totalmente terrestres. En el que se encuentran restos de diatomeas de agua dulce. Identificables al nivel de especie. De esas que hay aquí, en el planeta Tierra.

Entonces la cosa se resume en dos posibles casos:

Caso Uno: los autores del artículo han recibido una piedra creyendo (o queriendo creer) que es un meteorito. En realidad, era una piedra perfectamente normal encontrada en una zona con agua dulce cerca. La analizan, partiendo de la premisa (incorrecta) de que es un meteorito, y encuentran indicios de diatomeas. Inmediatamente concluyen que hay diatomeas en el espacio exterior porque es la conclusión a la que querían llegar desde el primer momento y se dejaron por hacer importantes controles y comprobaciones.

Caso Uno y Medio: se trata efectivamente de un meteorito, pero contaminado con diatomeas del espacio interior. O sea, de la Tierra. Por aquello de haber caído sobre la Tierra, que tiene diatomeas. Y porque nadie nos dice cómo han garantizado la no contaminación.

Caso Dos: en el espacio exterior hay diatomeas que han evolucionado de manera tan pero tan parecida a las de la Tierra que coinciden punto por punto con las que tenemos aquí, hasta el punto de que un taxónomo las identificaría como terrestres sin la menor duda. En un caso de evolución convergente que pondría a prueba incluso la paciencia de los guionistas de Star Trek, que no vacilaron en poner un caso de evolución paralela en otro planeta en el que se repetía incluso la historia de los Estados Unidos. Con bandera y todo. Estas diatomeas idénticas a las nuestras han llegado vía meteorito procedente de ex-cometa, donde no han tenido tiempo siquiera de fosilizar. Pero son aliens, ¿eh? Aliens del todo. Os lo juramos. Probadito del todo.

El Caso Uno y el Uno y Medio requieren: el planeta Tierra tal como está. Si acaso, algún meteorito que cae. Nada más.

El Caso Dos requiere: otro planeta igual a la Tierra, con condiciones iguales a las de la Tierra, en la que se dan diatomeas como las de la Tierra, que no fosilizan en el interior de un meteorito que va a parar a la Tierra, en un sitio donde hay diatomeas como las del meteorito.

Los autores están firmemente suscritos al Caso Dos, como muestra el párrafo que cierra el artículo:

We conclude therefore that the identification of fossilised diatoms in the Polonnaruwa meteorite is firmly established and unimpeachable. Since this meteorite is considered to be an extinct cometary fragment, the idea of microbial life carried within comets and the theory of cometary panspermia is thus vindicated (Hoyle and Wickramasinghe, 1981,.1982, 2000;Wickramasinghe, Wickramasinghe and Napier, 2010). The universe, not humans, must have the final say to declare what the world is really like.

Que os traduzco gratis, porque os quiero:

Concluimos por tanto que la identificación de diatomeas fosilizadas en el meteorito de Polonnaruwa ha sido firmemente establecida y es indiscutible. Ya que este meteorito está considerado como un fragmento de un cometa extinto, la idea de vida microbiana transportada en el interior de los cometas y la teoría de la panspermia cometaria queda así reivindicada (Hoyle and Wickramasinghe, 1981,.1982, 2000;Wickramasinghe, Wickramasinghe and Napier, 2010). El universo, no los humanos, debe tener la última palabra en declarar cómo es el mundo realmente.

Qué poético. Me pregunto si los autores saben lo que es la Navaja de Ockham. Aunque creo que, en su caso, lo aplicable es más bien el Hachazo de Ockham (© @sovcolor).

Daurmith empezó a jugar con esto de los blogs en 2001 y no ha parado desde entonces a pesar de las protestas. Pensó que así aprovecharía por fin los años que pasó estudiando biología molecular, y descubrió que le encanta hablar de la realidad tal como es; es más divertido. A pesar de la evidencia fotográfica, Daurmith no es un gato.

4 Comments

  1. Una cuarta hipótesis que vale la pena plantearse: Las diatomeas de la Tierra son iguales a las del espacio exterior no por convergencia evolutiva, sino por que… ¡todas las diatomeas de la Tierra son del espacio exterior! De hecho, este meteorito es la prueba irrefutable de que la vida tiene un único origen (reptiliano) y va de planeta en planeta por el universo.
    Irrefutable he dicho.

  2. Uff, el “Journal of cosmology” hace tiempo que viene con este tipo de artículos, siempre el meteorito que cayó y que traía tal y cual cosa… recuerdo haber leído un par de otros artículos en ese sitio, sobre el mismo tema. Una lástima que le quiten seriedad al asunto :/

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