Desahogos

En el romance de la ciencia

La relación del amor y la ciencia es diversa, amplia y profunda. No por nada Carl Sagan subtituló a su libro El cerebro de Broca como Reflexiones sobre el romance de la ciencia (Broca’s Brain: Reflections on the Romance of Science). Al hablar sobre la popularización de la ciencia en su libro El mundo y sus demonios, él mismo nos dice: «No explicar la ciencia me parece perverso. Cuando uno se enamora, quiere contarlo al mundo. Este libro es una declaración personal que refleja mi relación de amor de toda la vida con la ciencia».

La empresa científica pocas veces se realiza en solitario y, teniendo suerte, se puede llevar a cabo en compañía de un ser amado. Ann Druyan nos habla del momento en que su esposo Carl le propuso matrimonio, mientras trabajaban codo a codo preparando el mensaje que llevarían consigo las naves Voyager: «En aquel momento experimentamos lo que debe de sentirse al descubrir una nueva ley de la naturaleza. Era un eureka, el momento de la revelación de una gran verdad, que confirmarían incontables pruebas a lo largo de los 20 años siguientes. Sin embargo, suponía también asumir una responsabilidad ilimitada. ¿Cómo podría volver a sentirme bien fuera de ese mundo maravilloso una vez que lo había conocido?»

Pero ellos no son los únicos. Aunque existe quien pone en duda el romanticismo de su relación, una de las parejas de la ciencia más famosas es la de Marie Curie (de soltera Marie Sklodowska) y Pierre Curie. Ambos galardonados con el Nobel. Marie escribió a una amiga de Varsovia una carta que rezaba: «Voy a casarme con el hombre del que te hablé el año pasado […] La suerte ha hecho que estemos profundamente próximos el uno del otro y que no podamos soportar la idea de separarnos.»

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No podemos olvidar a Mileva Maric y Albert Einstein. Ella, la única mujer inscrita en matemáticas en su clase que, según muchos, gracias a los debates científicos mantenidos con su marido, coadyuvo al desarrollo de la relatividad.

Por otro lado, se dice de la filósofa Hipatia que su devoción al conocimiento fue tal que no conoció el amor romántico, permaneciendo célibe toda su vida. Otras fuentes indican que se casó. Como haya sido, su amor por el conocimiento está más allá de toda duda.

Ciertamente hay que tener amor a algo, si es aquello a lo que dedicaremos la vida.

Bertrand RussellBertrand Russell tenía mucho que decir sobre el amor. En Matrimonio y moral, un libro vanguardista para su época, dijo: «Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos.» En su autobiografía nos comenta: «Tres pasiones, simples pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad.»

Sin duda poseía una idea elevada del matrimonio y del amor: «Lo esencial de un buen matrimonio es el respeto de la personalidad de cada cónyuge, combinado con la intimidad profunda, física, mental, espiritual, merced a los cuales un amor serio entre hombre y mujer es la experiencia humana mas fructuosa. Como todo lo grande y valioso, ese amor reclama su moralidad propia, y con frecuencia impone sacrificar lo de menos importancia; pero ese sacrificio debe ser voluntario, porque si no lo es destruiría las bases del amor.»

Muchos recuerdan a José Manuel Rey, profesor del Departamento de Análisis Económico de la Universidad Complutense de Madrid, con su respuesta a la pregunta de “¿por qué terminan las relaciones?” Propuso un modelo matemático algo desalentador, que mostraba el esfuerzo necesario para mantener una relación en pie. Más allá de si el susodicho modelo refleja la realidad o no, algo es seguro: vivir en pareja no es fácil.

¿Qué hay del amor por la verdad? Esa devoción cuasi-religiosa por lo verdadero. Resulta indispensable al momento de abordar el mundo, permitiéndonos anteponer las revelaciones que surgen de nuestra exploración sobre nuestras más preciadas expectativas y esperanzas. Anteponer la verdad a nuestros deseos. Actitud necesaria (indispensable) en el ejercicio de la ciencia.

¿Qué hay del amor de madre, hermano o amigo?

¿El amor es, simplemente, reacciones químicas y físicas en el cerebro? Seguramente sí, como todos y cada uno de nuestros pensamientos, reflexiones y sentimientos. Y tan real, me parece, como todos ellos.

El día de hoy es un pretexto para hablar del amor y la amistad. Aquí en escéptica esperamos que esos sentimientos de amor y fraternidad con vecinos, familia, amigos y, quizá, una persona especial, inunden sus vidas. Que nuestra inteligencia, guiada por un amor y devoción al conocimiento, el aprendizaje y la ciencia; pero sobre todo, por quienes nos rodean, permita reducir nuestras diferencias y conflictos, llevándonos a nosotros, a nuestra especie y civilización, hasta su máximo potencial.

Sagan y Ann de aquí.
Marie y Pierre de aquí.
Bertrand Russell de acá.

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Fugaces 15/02/13

Javier

Javier

Licenciado en Matemáticas Aplicadas y Computación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante mucho tiempo interesado en la difusión del pensamiento crítico, la ciencia y el escepticismo. Enamorado de la astronomía, temas afines a la computación, la religión, así como cuestiones éticas involucradas. Colmado de una imperiosa necesidad de expresión y una pasión mística en un mundo sin Dios.

6 Comments

  1. February 15, 2013 at 11:27 am —

    Un gran post, lleno de optimismo.
    Los que somos nihilistas recalcitrantes, sin embargo, pensamos que por desgracia el “amor y devoción al conocimiento, el aprendizaje y la ciencia” se ven en general superados por amores destructivos: a un dios, a una bandera, a un equipo de fútbol… Destructivos porque van en sentido contrario al amor al conocimiento, a abrirse a otras cosas, y que por ello, y parafraseando tu última frase (con una ligera varación), “llevándonos a nosotros, a nuestra especie y civilización, hasta su máxima degradación”.

    • February 15, 2013 at 1:12 pm —

      Bruno, le diste palabras a mis pensamientos.

  2. February 15, 2013 at 3:31 pm —

    Supongo que habrá que hacer una distinción entre la actitud y los hechos. Si bien es posible y probable que jamás se alcance el “máximo potencial”, hablar de la “máxima degradación” no es menos “utópico” (distópico), Me parece.

    Somos dados a pensar en términos de extremos y reacios a admitir los términos medios. A veces creo que nos repelen. Hay estados que, sin alcanzar el “máximo potencial” que poseen, son cualitativamente muy diferentes, siendo unos más deseables que otros.

    Si no hubiera en nosotros una pizca de esperanza, deseo, “amor”. ¿Entonces para qué hacemos escéptica en primer lugar? ¿No sería, en parte, una gran incongruencia?

    • February 15, 2013 at 3:54 pm —

      Es cierto que nunca llegamos a la máxima degradación: cuando creemos que no podemos caer más bajo, siempre aparece alguna noticia que lo empeora… Lo peor de todo es que muchos hechos demuestran que también podemos llegar al máximo potencial, es decir que ambos pueden coexistir: el ingenuo Rousseau junto al visionario Hobbes (el filósofo, no el tigre de Calvin).
      Pero hablando en serio (o más bien en un sentido práctico), por muy descreído que uno sea, siempre hay que trabajar y luchar en favor de la verdad, el conocimiento, el amor (palabras todas ellas fácilmente tergiversables y con un reverso tenebroso), para tratar de que la luz prevalezca.

    • February 15, 2013 at 4:56 pm —

      A mi me parece que la balanza está siempre tendiendo a cargarse hacia el lado de la ignorancia. Basta una generación que no reciba educación para que ideas y costumbres supersticiosas resurjan. Ejemplos: movimiento antivacunas, new age, teocracia en Iran… Y supongo que es porque el pensamiento científico no es intuitivo y nos ha costado un enorme esfuerzo llegar a él. Es algo que debe ser enseñado como lo más precioso que poseemos como especie. Lo mismo con los derechos hunanos. Por eso nuestor activismo, aunque chiquito, es importante.

  3. February 16, 2013 at 10:55 pm —

    Mi historia de amor favorita con científicos fue, es, y siempre será la de la primera mujer de Feynman: http://losmundosdebrana.wordpress.com/2013/02/15/mr-mrs-feynman/

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