FeaturedPosts desde SkepchickSalud

Desórdenes alimentarios: Las historias que contamos

Posts desde Skepchick es una sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art LabTeen SkepchickQueerekaSkepchick.se y, por supuesto,Skepchick.

Cuando me comprometí a escribir en la serie de Desordenes Alimentarios de Teen Skepchick, dije que escribiría sobre experiencias personales. Después de todo, ya lo hago. No iba a ser tan difícil hacerlo de nuevo, ¿verdad?

Pero, eso no es cierto, y nunca lo será. He contado esta historia ayer. Inesperadamente. Nunca la había contado completa antes. Es, en definitiva, la razón por la que dejé de el baile.

(Ahora tengo que poner acá una señal gigante de advertencia y, en luces de neón: Voy a ser absolutamente franca acerca de la Anorexia Nerviosa y las tendencias anoréxicas atléticas. Voy a contar una historia sobre cosas que he hecho, y si eso te va a hacer sentir mal, por favor no sigas leyendo)

Yo era una bailarina. No una aficionada, esto para mí no era algo que hiciera a veces alguna tarde que tuviera libre. Para cuando me gradué de la escuela, ocupaba alrededor de veinte horas a la semana en el estudio de baile. La forma de mis pies cambió. Dañé una de mis rodillas. Vestía calzas todos los días, sopesaba los méritos de mis zapatillas de punta favoritas (Grishko 2007, arco medio, ancho 5X, talla 6.5), y, por un tiempo, quise ser una bailarina profesional.

Hay un número de razones por las que no pude hacerlo, y tomé la decisión de seguir psicología en la escuela sin arrepentimientos. Nunca pensé que dejaría el baile. Sería algo que siempre amaría, una de mis cosas favoritas de volver a casa durante las vacaciones. Durante mi primera Navidad y mis vacaciones de primavera en casa, me lancé de nuevo a la rutina de baile. Tomé un programa completo de clases, despertando miserablemente machucada los primeros días, hasta que mis músculos volvieron a estar en forma.

Y pasó lo inevitable: mis amigas bailarinas progresaban y se volvían más fuertes, flexibles y talentosas cada vez que volvía. Ya no pasábamos la mayor parte de nuestro tiempo libre juntas, además, se habían vuelto más cercanas entre ellas mientras yo estaba lejos. Conversamos sobre el verano, periodo en el que yo estaría en casa por meses y disponible para entrenar apropiadamente de nuevo y así sentir que era parte de la compañía. Estaba emocionada.

Fui a casa a mediados de junio, donde me encontré con un pequeño papel en un show esperándome. Estaba encantada. Ya no era la estudiante retornada demasiado vieja. Estaba de vuelta en mi antiguo puesto. El show era sofisticado: La compañía  ejecutaría extractos del Lago de los Cisnes, Don Quijote y Cármen en un club de campo. Varios bailarines habían sido contratados para entrenar y presentarse exclusivamente para la ocasión.

Estos bailarines hablaban español, su lengua madre, y se conocían de shows previos y otros estudios de baile.

Yo hablo Español. En realidad, eso no es del todo cierto. Lo hablo bastante mal. Pero años de ejercicios de lectura en la escuela y clases de profundización en la secundaria me habían asegurado entenderlo bien. También solía leer libros completos en este idioma.

De manera que necesité unos cuantos días para ajustarme al acento cubano y a la velocidad con que hablaban mis compañeros antes de comenzar a entender algunas partes sueltas de lo que decían. Así fue como, en unos pocos días, escuché “Levanta ese culo gordo”. Unas pocas semanas después los escuché quejándose acerca de cómo yo no lograba progresar y sobre lo triste que era observarme. Entonces, mi cerebro se ajustó y pude escuchar estas cosas casi todos los días en que ensayábamos. Agudicé el oído para las burlas y, así, comenzé a odiarme a mí misma cada vez más. En las prácticas individuales, cada vez que tomaba posición para ensayar, todos podían observarme. Era una vigilancia constante. No podía concentrarme en mi baile. Estaba constantemente escuchando y tratando de traducir, pretendiendo que no me molestaba.

Dejé de comer, de nuevo. Luego de más de dos años manteniendo un consumo promedo de >1,000 calorías por día, ya no lo estaba haciendo más… Estaba deslizándome hacia la anorexia atlética. Era socia de un gimnasio, de pronto, me encontré haciendo pesas y trotando dos horas diarias. También empecé a hacer unas cuantas horas extras de práctica de ballet. El resto del día lo pasaba trabajando como becaria.

En mis días buenos me comía un sandwich y tomaba unas pocas tazas de café. En los malos, solo la mitad de un sandwich.

Me puse súper flaca, aunque nunca tanto como para llegar tener el culo huesudo que alcancé a tener en la preparatoria, cuando, a todo esto, llegué a calificar dentro de la muy estrecha definición del diccionario y del “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” de anorexia nerviosa, cuando estaba al 75% de mi peso corporal recomendado. Igual que en la preparatoria, todos me decían lo guapa que me veía.

Dos meses después de sudar la gota gorda en el gimnasio y de barras y espejos, los trajes para el show llegaron. Había habido un error en el pedido. El único traje disponible para mi era un XS. Nos los probamos sobre nuestras mallas de ballet en medio del salón de ensayos. El mío ni siquiera me subió sobre las caderas.

El show era ese fin de semana, me excusé con gracia diciendo que tenía conflictos de horario con el trabajo y que, sería más facil si no bailara después de todo. No hubo ningún problema en absoluto.

No he vuelto a bailar desde ese verano. Ni siquiera una sola vez. Me he puesto la ropa, las zapatillas. He encontrado un cuarto vacío y he puesto la música para ensayar los “plies”… y simplemente no he podido.

Ya no me llamo a mí misma una bailarina. Hablo sobre cómo yo solía bailar. Me corté el pelo bien corto, porque que ya no necesito tenerlo largo para peinarlo para una presentación de ballet. A veces me abruma. No puedo escuchar música sin ver la coreografía, y ha sido así desde que puedo recordar. Pero ya no me veo a mí misma ejecutando las coreografías. Soy demasiado pesada para ser levantada por un acompañante. Nadie va a querer levantar mi gordo culo.

Fui a casa el verano pasado y trabajé en los mismos lugares. Fui al estudio de baile dos veces. Saludé, abracé a todo el mundo. Socializamos un poco y luego me excusé diciendo que tenía cosas que hacer. Después, conduje hasta el Starbucks más cercano y me puse a llorar.

Este año estoy viviendo cerca de un estudio de ballet. Paso por ahí todos los días, es imposible evitarlo en mi camino a la escuela. Las chicas entran vistiendo mallas negras hasta las rodillas y los codos, peinadas con horquillas. En la noche, cuando llego a casa de la escuela, puedo escuchar la música que rebota en los espejos y en el entablado del piso.

Y me da pena.


Para quien quiera que le preocupe: estoy bajo tratamiento y terapia. Todos los jueves asisto para conversar y sentirme un poco mejor. Esta no es una historia sobre las causas de los trastornos alimentarios. Yo tenía un trastorno antes de que esta historia me sucediera. El Ballet no lo causó. Las opiniones sobre mi cuerpo tampoco lo causaron. Lo que estas sí causaron fue hacer mucho más difícil el aceptar que estaba bien haber ganado el peso que había perdido.

Por Kate Donovan

Kate es una estudiante abiertamente atea, feminista, demisexual y derriba-mitos. Estudia Pisicología y Desarrollo Humano en Chicago. Hace malabarismo ocasionalmente, te tejería algo calentito si te conociera y lee cualquier cosa que caiga en sus manos. Fue criada creyendo que la medicina alternativa funcionaba, y ahora ocupa su tiempo encarándola escépticamente. Puedes encontrarla en twitter en @donovanable

 La imagen de cabecera fue obtenida acá.

Previous post

Fugaces 15/02/13

Next post

Fugaces 18/02/13

Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

2 Comments

  1. February 21, 2013 at 7:49 pm —

    La traducción tiene varios errores ortográficos (…)

Leave a reply