Ciencia

La persona ideal, una historia de sexo y taxonomía.

Desde que leí el ensayo de “Sobre avispas y WASP” de Steven Jay Gould, Kinsey se convirtió en mi nuevo héroe científico. Sí, el mismo Alfred C. Kinsey, que revolucionó la investigación y conocimientos sobre sexualidad humana. Pero lo que me cautivó no fueron sus descubrimientos en materia del sexo, sino que Kinsey era un taxónomo especializado en avispas que por azar terminó dando una conferencia de sexualidad y como no había suficiente información decidió buscarla por su cuenta. Gould enfatiza la importancia del concepto de variación, necesario para entender las bases de la teoría evolutiva, a nosotros mismos y el mundo que nos rodea.

Lo que hizo distinto Kinsey fue trasladar su enfoque intelectual  a sus investigaciones de sexualidad, siguiendo un modelo de pensamiento taxonómico, además de que era bastante obsesivo a la hora de tomar sus muestras. Comenzó por realizar muestreos mucho más amplios que los llevados hasta entonces en ninguna investigación. Se negó a extrapolar resultados obtenidos de la clásica población de estudiantes; por lo que tomaba muestras heterogéneas de viejos y jóvenes, cultos e iletrados, pobres y ricos, de la ciudad y el campo. Así podría detectar si había diferencias importantes que se estuvieran pasando por alto.

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Alfred Kinsey en una de sus innumerables entrevistas.

En esos tiempos muchos taxónomos todavía veían a los organismos organizados en cajas,  cada una correspondiendo a una especie. Según ellos las especies debían definirse en “esencias”, ideas provenientes del esencialismo que ha dominado el pensamiento occidental desde que Platón arrojó sombras sobre la pared de la caverna, animándonos a prescindir de los continuos y a dividir la realidad en una serie de categorías correctas e inmutables. Los objetos individuales que están próximos a su esencia son buenos; los que se separan de ella son mallos, e incluso irreales. La variación en el menor de los casos es un inconveniente. Todo esto llevaba a que se definieran especies a partir de muy pocos individuos, si se presentaban diferencias se consideraba otra especie o un individuo aberrante.

En las siguiente imagen podrán ver las diferentes formas que pueden presentar los individuos de Harmonia axyridis. Para el ojo inexperto (o para el taxónomo esencialista) todas estas catarinas/mariquitas/vaquitas de San Antonio (¡Ay! qué difícil es hablar el español) serían consideradas como especies diferentes. Y como éste hay muchísimos más ejemplos.

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Los distintos vestidos de Harmonia axyridis

Por el otro lado los taxónomos como Kinsey, con una mejor comprensión de la teoría evolutiva, veían el mundo de una manera muy diferente. Los criterios de juicio por comparación con un ideal se descartan, aceptando las gradaciones y los continuos como algo fundamental. A lo que podría parecer esta exagerada recolección de datos, Kinsey seguía sus principios de la predominancia e irreductibilidad de la variación.

Lamentablemente el esencialismo sigue activo en el pensamiento colectivo, que va muy bien de la mano con el legado ideológico de la revolución industrial; basado en la eficiencia de la producción. Para tener una buena producción se debe normalizar el proceso y los productos; esto se realiza descartando a los individuos/objetos que salen del rango deseado. Industrializamos todo: la educación, el tiempo de ocio, la cultura y nuestros planes de vida. Todo debe corresponder al ideal y para cualquiera que no lo cumpla reaccionamos de forma agresiva y punitiva hacia ese individuo (o por lo menos lo pensamos).

Crecemos con este bagaje de cultural occidental, con estas ideas que vienen con las historias que nos cuentan. ¿Quién es el héroe en la mayoría de las ocasiones?  ¿Quién es desechable, quién el indefenso y dependiente? Durante siglos hemos cargado con el concepto de hombre blanco heterosexual como ideal humano, como la esencia de nuestra especie. Nos inventamos ciencias y filosofías para justificar nuestras divisiones artificiales y actos infames contra aquellos “los imperfectos”.  Y continuamos haciéndolo, medicando a nuestros niños al menor signo de comportamiento inusual, acusando a los bisexuales y transgénero de “falta de decisión”, a las parafilias (las que implican consentimiento mutuo, claro) de “perversión”, entre infinidad de cosas.

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Algunas “inconveniencias humanas”

De alguna manera todos escribimos y monitoreamos que se cumpla esta lista invisible que se nos da desde niños, en las canciones que nos canta nuestra madre, en las caricaturas de nuestra infancia, en el “consejillo ocasional”  del tío/abuelo/amigo, en cada anuncio que escupen los medios. Una lista que dicta desde cómo debemos ser físicamente hasta cómo debemos vivir nuestra vida.

Para estar en la cima de la curva, para lograr acercarnos a nuestra esencia, al ideal, debemos primero anularnos a nosotros mismos.

 

BONUS: fyanimaldiversity es un tumblr donde ofrecen imágenes de variaciones en especies animales, desde tiburones y cuervos blancos, hasta cebras con rayas cafés y peces payaso con bandas negras.

El por qué es tan difícil hablar el español.

Imágenes de: cabecera, Kinsey, catarinas, gente.

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ileana

ileana

Bióloga, mexicana y amante de los roedores. Tiene un inusual interés por las artes plásticas y el origami. Sigue estudiando para convertirse en investigadora, pero últimamente se le ha metido el gusanillo de la divulgación científica.

2 Comments

  1. April 3, 2013 at 12:18 pm —

    Como curiosidad, en Canarias la mariquita también se llama sarantontón, aunque he conocido quien me asegura que no es lo mismo, que se refieren a especies distintas. Es un fenómeno curioso; como tienes dos palabras para definir el mismo objeto parece que una “sobra” y se realizan distinciones artificiales. Algo similar ocurre con papayo/papaya y mango/manga. Adaptando la realidad al lenguaje y no al revés. Sí, qué difícil es hablar el español xD

    • April 3, 2013 at 6:50 pm —

      Y quién sabe cuántos más nombres tendrá este insecto en español. Gracias a Linneo por los nombres científicos.

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