Spanish Inquisition

Spanish Inquisition: Exponiendo mis vergüenzas

He aprovechado estos cuatro días de fiesta para arreglar la habitación donde tenemos los ordenadores y libros. Lo llamaría despacho o biblioteca, pero sonaría más de lo que es realmente. La cuestión es que en esa habitación todavía había varias cajas que no habíamos abierto desde la mudanza, probablemente porque no echábamos de menos lo que había dentro. Y no me extraña. Todos tenemos un pasado. Algunos, como yo, bastante crédulo.

Abrir esas cajas ha sido como un mini-viaje al pasado, con momentos de vergüenza propia, y asombro infinito (“¿Me gasté dinero en ESTO?”). Y me ha hecho reflexionar sobre la trayectoria que ha llevado mi credulidad desde la adolescencia. Creer es fácil, es terriblemente fácil. Sólo tienes que escuchar-leer-ver algo y creértelo. Punto. Sencillo e indoloro. Lo difícil es preguntarte si es posible, investigar, estudiar, aprender, hacer un ejercicio de crítica y sacar conclusiones objetivas.

Cuando estudiaba veterinaria, empecé mi acercamiento a las terapias naturales. ¡Ser capaz de curar una enfermedad sin provocar efectos secundarios ni generar residuos! ¿No es precioso? Desde luego la idea es muy atractiva. Así que empecé a estudiar homeopatía, naturopatía, reiki, acupuntura, flores de bach… y ahí está el problema, que las estudié (en lugar de, simplemente, creer en ellas). Intenté encontrar los mecanismos que hay detrás de cada terapia y tratamiento, y no los encontré. La fisiología, patología, inmunología y farmacología que sabía chocaron de frente con una especie de mundo mágico de luz y color donde no se sostiene ni el primer ¿por qué? que se pueda plantear frente a ellos.

libros (Copiar)Pero de aquellos acercamientos (que por otro lado agradezco, por darme la visión de lo que NO quiero hacer en mi vida y en mi profesión) quedaron ciertos residuos en forma de libros. Maravillosos títulos como “Feng shui para occidente“, “Diccionario de las medicinas naturales” o fichas sobre los remedios florales, aromaterapia o I-Ching pueblan mi estantería. Aunque quizá la palma al magufismo máximo se la lleva una colección de libros de Osho. ¡Ah! y un ejemplar de Camino.

Y como no quiero ser la única que reconozca en público sus vergüenzas (aunque es difícil superar a Osho y Camino juntos en la misma estantería) ¿tenéis algo en casa que muestre un pasado crédulo? ¿qué fue lo que os hizo dudar de ello? y sobre todo, ¿debería tirar los libros o aún se les puede encontrar algún uso?

La foto de cabecera la acabo de tomar con mi móvil. Que no sólo hay libros magufos en mi estantería (aunque tampoco destacan por su realismo :P)

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Elara

Elara

Veterinaria, eterna doctoranda, lectora empedernida, rolera, gamer y friki hasta la médula. Intenté ser homeópata, acupuntora, naturista, lectora de manos, médium y católica, pero lo tuve que dejar porque no me creí nada. Y descubrí que lo que pasaba es que era escéptica.

27 Comments

  1. April 3, 2013 at 10:18 am —

    Con lo de Osho me has dejado KO…
    Creo que no conservo ningún libro vergonzante —pero sí, de chaval leía a Von Daniken, a Berlitz y a otros magufos de pro, ¿quién no se ha tragado alguna?—, aunque puede que haya guardado alguno por su valor humorístico. Hmmm… tengo que mirarlo. Y, ahora que lo pienso, conservo las Obras Completas de José Antonio que, en política, son magufería de la buena. 😀
    Para deshacerme de libros que ya no quiero, suelo llevarlos a la librería de una amiga que vende de segunda mano. Tratándose de libros magufos, podrías escribir una nota en su interior explicando sus falsedades y venderlos o regalarlos.

  2. April 3, 2013 at 10:25 am —

    hola, yo haria una hoguera a manera simbolica ;).
    de lo que siempre me he arrepentido es haber malgastado mi tiempo en lectura de material magufo, (recuerdo una revista, DUDA, la cual coleccioné) habiendo tanto material cientifico igual o mas impresionate que el material magufo, ahora no perdono libro de divulgacion que caiga en mis manos, es como si intentara recuperar ese valioso tiempo perdido.

    • April 3, 2013 at 10:30 am —

      Hombre, Aldo, yo creo que el tiempo empleado en conocer al enemigo nunca es tiempo perdido, ¿no?

      • April 3, 2013 at 10:34 am —

        si en ese momento hubiera sido desde es punto de vista esceptico, te doy toda la razon, pero fue desde la lente de la credulidad con la cual lei ese material, el cual solo reforzaba lo que queria creer.

  3. April 3, 2013 at 10:37 am —

    Es difícl escribir con una mano tapándome la cara de puro bochorno, pero allá va…
    Veo vuestras vergüenzas y subo a: dos libros de PUNSET (¡Hola, Daurmith!) y uno de Lucía Etxebarría. Además he leído incontables números de la publicación mensual “Cuerpomente”. Pero no eran míos, así que no cuenta.

    • April 3, 2013 at 12:07 pm —

      ¡Hostia, había olvidado que por casa hay un Punset! Gracias por recordármelo.

      • April 3, 2013 at 2:44 pm —

        Puestos a confesar, mis ‘punsets’ fueron un regalo de mucho amor y buenas intenciones y quiero conservarlos.

    • April 4, 2013 at 2:46 pm —

      ¿¿Punset?? NnnnnnnoooooOOOOOOOOOoooOOoooOOooOoOOooooooooo···..

      Bueno, ¿y qué tal los libros, qué tal?

      Yo me confieso culpable de algunos Caballos de Trolas y otro de Benítez sobre la Sábana Santa, algún libro crédulo sobre OVNIs, y un Sánchez-Dragó, aunque de la primera época.

  4. April 3, 2013 at 10:39 am —

    “en esa habitación todavía habíaN varias cajas”
    Me cago en la puta hostia…

    • April 3, 2013 at 2:01 pm —

      XDDDD Es que parte de las vergüenzas que expongo son mis faltas de ortografía. Ya está corregido, muchas gracias por el aviso, pero que conste que la ira lleva al lado oscuro 😉

  5. April 3, 2013 at 10:43 am —

    En mi casa no, pero en casa de mis padres hay auténticas joyas: las obras completas de Von Däniken, un par de libros de J.J. Benítez (“Los Astronautas de Yavé” y “Existió otra Humanidad”) y “El misterio de Orión” de Bauval y Gilbert. Además creo que he visto en alguna parte una colección de “Grandes Misterios de la Historia” que promete. La mayoría son de mis padres -los 60 y 70 hicieron mucho daño a las estanterías- pero tengo que reconocer que alguno, el de Orión, me lo compré yo. Y avergonzarme… pues tampoco me avergüenzo mucho. Disfruté mucho de V. Däniken cuando era un chaval (todos lo hemos hecho, reconocedlo) y ahora es divertido, de cuando en cuando, sacarlos y echarles un ojo. Son como los programas de Friker, con un par de cervezas (o sin ellas) son pura comedia.

    Y en política, “Raza” de cuando mis padres iban al instituto (creo) y, lo peor de lo peor, una biografía de las Spice Girls que le regalé a mi hermana cuando era adolescente.

    Seguro que me dejo alguno.

  6. April 3, 2013 at 11:09 am —

    Yo tengo por ahí el Alquimista de Paulo Coelho. Un ex-novio, buen lector y bromista pesado, me lo recomendó. Por esas épocas yo ya veía con sospecha a Coelho, pero decidí creerme la recomendación. Vaya pérdida de tiempo. Al día de hoy no sé si me lo recomendó en serio o por ser un ex-novio bromista y vengativo.

    • April 3, 2013 at 2:05 pm —

      Yo también lo tengo, pero no lo he puesto por no haberlo comprado yo. Sinceramente, no tengo ni idea de dónde ha salido, pero nunca pude pasar de la segunda página. Igual alguien está esperando a que se lo devuelva. Le he hecho claramente un favor no haciéndolo 😉

      • April 3, 2013 at 2:59 pm —

        Ese debemos de tenerlo rodando por casa todo el mundo. En mi caso es de mi mujer, aunque creo que ella no se lo ha leído y yo sí (para ver de qué iba el pájaro). XD
        Afortunadamente, con años de trabajo, ya no compra ni lee mongoladas de estas.

  7. April 3, 2013 at 11:11 am —

    Comprar lo que se dice comprar, a pesar de lo inmenso de mis tragaderas en la juventud, poca cosa: me viene a la mente un ejemplar de “Más Allá” cuando estaba en la universidad, pero no lo conservo. Además una vez le regalé a un amigo un libro de aprender a hipnotizar y me consta que practicaba. Tampoco sé si lo conserva.
    En cuanto a una utilidad para esos libros, aparte de las energéticas o mecánicas (hay muchas posibilidades: desde proyectiles a reparación de mesas que cojean), estoy convencido de que ‘no son completamente inútiles, al menos sirven de mal ejemplo’.

  8. April 3, 2013 at 11:29 am —

    Yo tengo uno sobre digitopuntura, y el de Tarot de la “Biblioteca básica de los temas ocultos” de Jiménez de Oso (cuádrense, que es un clásico). 😀 Maguafadas leídas, unas cuantas más (prestadas por amigos, de bibliotecas…), pero comprados con intención, esos.

    Luego ya me puse a leer de ciencia de verdad y quedaron arriconados, pero no los pienso tirar. No me roban tantísimo espacio, y no reniego de ninguna faceta de mi historial. Pasé por esa fase, y ya está. 🙂

  9. April 3, 2013 at 11:31 am —

    ¡Uy! Pues yo si tengo varios, aunque no todos los leí desde la credulidad. No me avergüenzo de ellos. Son mi colección y la prueba de que, al criticar la pseudociencia y la mala praxis, uno no habla al tanteo.

    Entre otros están: El kybalion, Lo que revela la firma, Los remedios de Edgar Cayce, Más allá de la cortina de la vida, Las profecías del fin del milenio, He visto la luz, Cambios en la Tierra (de Rhea Powers, La gran oleada (de Benítez), etc, etc. :S

  10. April 3, 2013 at 1:07 pm —

    Tengo un libro titulado “Magia negra” que compré de adolescente. Tiene una cubierta muy bonita y misteriosa. Fue fundamental en mi formación escéptica. Gracias a él gané mis primeros billetes haciendo ataduras y leyendo runas y tarot a mis compañeros de curso y a algunos adultos también. Con el tiempo me fui dando cuenta que hiciera como lo hiciera y dijiera lo que dijiera la gente se iba contenta. Cada vez me volví más vaga y al final simplemente improvisaba y dejaba que mi imaginación vuele. Llegó un punto que me daba vergüenza ajena la estupidez y credulidad de la gente y dejé de hacerlo. Lo guardo por si algún día me quedo desocupada y tengo que retomar los sucios negocios 😉

  11. April 3, 2013 at 1:14 pm —

    Pues yo no conservo ninguno, y tampoco leí mucha magufada en mi vida (a parte de la Biblia) Alguien me prestó El caballo de troya de J.J. Benitez pero fui incapaz de terminarlo, lo encontré malísimo. Creo que si revisara entre mis papeles me encontraría un folleto de Green Peace con un listado de productos transgénicos, el que usaba cada vez que iba al supermercado… ¡Al final no podía comprar casi nada! Por ahí me anduve perdiendo, pero ya me encontré.

  12. April 3, 2013 at 1:19 pm —

    Ordago a la grande: La colección completa de Espacio y Tiempo (dirigida nada más y nada menos que por el Dr. Jimenez del Oso, 50 libros), varios de JJ Benitez, Coelho, y un par o tres de templarios. Afortunadamente todavía en casa de mis padres.
    En mi casa lo máximo que hay es un tocho-libro de Punset (creo que es un 4 en 1 o así de mi amantísima esposa).

  13. April 3, 2013 at 4:19 pm —

    Pues bueno… algunos de Lobsang Rampa; Seducción subliminal; alguna que otra cosa de grafología, un par de programación neurolingüística y un montón de revistas de Año Cero. A mi me parece que más que vergüenza o algo así, es bonito verlo como un proceso de aprendizaje, además que te da una perspectiva diferente cuando hablas con alguién que “aún cree” en esos temas.

  14. April 3, 2013 at 5:29 pm —

    El único libro del que me avergüenzo es un “Diccionario de los sueños”, no lo compré yo, pero se lo secuestré a una amiga hasta que me devolviera un dinero que me debía y nunca me devolvió, así que de todos modos perdí.

  15. April 3, 2013 at 6:23 pm —

    Dos títulos de paollo coelho que recientemente se fueron al contenedor de papel, uno de ellos el onmipresente Alquimista, alguna cosa de Bach (el de la gaviota de las narices) y en el pueblo, en casa de mi madre, creo que debe estar “los visitantes de las estrellas”, un intento de darle credibilidad documental a las majaradas de Daniken

  16. April 5, 2013 at 6:45 pm —

    Ufff!!! creo que el que más recuerdo (y que más vergüenza/rabia me da de habérmelo leído dos o tres veces) es El Alquimista. Justo al tiempo que empezaba a leer otro de Coelho (La Quinta Montaña), empecé a notar que eran muchas palabras juntas que no decían nada (por lo menos nada coherente), y que el famoso “maktub” era uno de los mensajes más odiosos, autodestructivos y conformistas que existieran. Por esa época también descargué e imprimí el Tao Te King, que a pesar de tener pocas páginas, tampoco terminé por consistir básicamente en hablar de algo que (supuestamente) no se puede comprender.
    Hace pocos años me insistieron en que leyera El Tercer Ojo, pero no pasé de las primeras páginas.

  17. April 7, 2013 at 11:37 am —

    Mis libros de la vergüenza son casi todos de autoayuda. Algunos los regalé hace tiempo a una libería de viejo, pero luego pensé que sería mejor que dejaran de rodar por el mundo así que con los que me quedan me dedico a hacer malos poemas, inspirada en esto http://gallery.humument.com/v02-026

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