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Tampones lejanos

Creo que cualquier persona que se haya puesto un tampón en algún momento de su vida tendrá el reflejo de cerrar las piernas en el momento de explicarle en qué consiste el tampodka.

A estas alturas ya sabemos que esa práctica es un bulo cacareado por un señor que quería sacar los cuartos a padres despistados. Ya sea por vía vaginal o anal, intuimos que introducirse un trozo de algodón empapado en alcohol no debe ser muy buena idea. Ya no solo por la molestia que provoca, sino por lo difícil de conseguir, no parece una práctica muy recomendable para hacer en el baño de un bar de mala muerte a las tantas de la madrugada.

Un tampón es un cilindro de algodón enrollado, diseñado para introducir en la vagina y absorber el flujo menstrual sin la molestia de que salga al exterior. Los fabricantes nos recomiendan cambiarlo entre cuatro y ocho horas, y no tenerlo nunca más de ocho horas. Por supuesto, en ningunas instrucciones de uso se nos indica cómo usar el tampón para introducirlo ya empapado; pero es que un tampón empapado ya no es capaz de cumplir su cometido.

Atención: en este post se muestran imágenes de tampones, ninguno de ellos está usado ni verás sangre; pero si eres sensible y los productos de higiene femenina te dan asco, deja de leer aquí.

Esta es la pinta que tiene un tampón recién sacado del envoltorio:

El de la foto en concreto tiene un aplicador de papel, biodegradable. También los hay con aplicador de plástico, que son los más populares.

El funcionamiento es similar al de una jeringuilla: el aplicador se introduce en la vagina, se empuja el cilindro posterior, se retira el aplicador y el tampón queda introducido.

Un tampón sin usar tiene este aspecto:

Como se puede ver es algo pequeñito, del grosor de un dedo aproximadamente. El problema viene cuando se empapa y se expande. Cuando está dentro de la cavidad vaginal, se adapta a su forma según se va empapando. El “problema” se presenta cuando lo empapamos fuera e intentamos introducirlo ya hinchado:

Vemos que el volumen se duplica con creces y, además, sin el aplicador es realmente difícil tratar de introducirlo: vamos a derramar gran parte del líquido en el intento y lo más seguro es que quede mal colocado y nos produzca molestias (además de seguir rezumando, lo cual es muy incómodo si piensas pasarte la noche bailando o haciendo vida social).

Vale, pero ¿y si lo empapamos dentro del aplicador y luego lo introducimos? Bueno, tampoco es fácil:

Vemos cómo la punta se hincha al absorber el líquido, haciendo más difícil y molesta la inserción. En este caso, como el aplicador es de papel, ha vencido frente a la expansión del tampón. Si el aplicador fuera de plástico no se abriría (o no tanto), pero también impediría que se absorbiera una mayor cantidad de líquido.

En mi experimento, con el aplicador de papel, fue imposible sacar el tampón sin romper el aplicador, por lo que lo descartamos para poder emborracharnos. Con el aplicador de plástico podríamos sacar el tampón (no sin dificultad), pero derramando parte del líquido.

Si comparamos esta última foto (el tampón fue empapado dentro del aplicador) con la tercera (el tampón se empapó fuera del aplicador), vemos que el tampón está prácticamente seco y que es capaz de seguir absorbiendo. El tampón no va a cumplir su cometido de emborracharnos, sino que va a seguir cumpliendo su función principal: absorber nuestros fluidos.

El inventor del tampodka, además de ser un timador y un listillo, es un ignorante en cuanto a productos de higiene femenina se refiere. La próxima vez, haga su bulo un poco más plausible, ¿vale?

Nota: como no tenía en casa esa menstruación alien y azul de anuncio de compresa, el líquido amarillo utilizado no es otra cosa que colorante alimentario disuelto en agua (de ahí las motitas que se ven en el agua y el tampón). No es orina. Repito: NO es orina.

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silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

8 Comments

  1. May 30, 2013 at 1:26 pm —

    Y yo que ya estaba diseñando toda una linea de productos asociados para ofrecérsela a evax… tampón con sombrillita plegable en vez de hilo (elegantísimo para cócteles tropicales), aceitunita con palillo como émbolo del aplicador, tampones que detecten el garrafón con variaciones de color… ilusiones perdidas.

    • May 30, 2013 at 1:33 pm —

      Eres un visionario. Yo pagaría por el detector de garrafón.

    • May 30, 2013 at 7:19 pm —

      No puedo des-leer lo de la sombrillita y me dejará traumatizada por el resto de mi vida.

  2. May 30, 2013 at 4:07 pm —

    Por eso, como se dice por acá: “no hay que avivar giles”

  3. June 1, 2013 at 3:25 pm —

    “si eres sensible”??No es mas apropiado si eres mongolo?Buen post.

  4. June 1, 2013 at 7:31 pm —

    No se trata sólo de “un señor que quería sacar los cuartos a padres despistados”, sino una alucinante cantidad de supuestos profesionales de la medicina, desde toxicólogos hasta ginecólogos, pediatras que han mandado el método científico a tomar por saco y se han dejado engañar como colegiales.

  5. July 30, 2013 at 4:25 am —

    Buen artículo, aunque veo algo innecesaria la advertencia, pero claro, con los animales que se encuentra uno en ocasiones nunca se sabe.

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