Spanish Inquisition

Spanish Inquisition: Etiquétate aquí… o no?

Una de las cosas que tiendo a cuestionarme frecuentemente es el uso que le damos a las etiquetas que asignamos a las personas; incluyendo a nosotros mismos (“yo soy…”).

Si bien las etiquetas cumplen una función importante, como identificar a un individuo como parte de un colectivo o destacar una característica relevante de él o ella, existen no pocas veces en que éstas nos pueden jugar en contra, ya sea porque nuestro interlocutor las comprende erradamente, porque las asocia a algo que no le agrada, o porque con eso cree saber más de ti que tú mismo/a.

La situación que describo suele darse con mayor intensidad en temas que resultan polémicos (que por lo menos en mi país suelen ser: fútbol, partidos políticos y religión… los que en lo personal me parece que tienen más semejanzas que diferencias, pero bueno, ese es otro tema). Una vez que te identifican con una etiqueta (club deportivo, partido o secta, según corresponda) la discusión tiende a transformarse más en una competencia tribal del tipo “nosotros somos más mejores que ustedes porque nosotros somos los buenos y ustedes los malos”.

Esto me ha llevado muchas veces a evitar identificarme con una etiqueta para eludir esa parte de la conversación que se vuelve una competencia como éstas que ilustra Alberto Montt, y poder mantenerme en un nivel argumentativo más acorde al Siglo XXI.

Sin embargo, entiendo que mucha gente prefiere dejar en claro sus etiqueta (sobre todo de las que identifican a colectividades) con la finalidad de dar a conocer a un grupo, generalmente invisibilizado o menospreciado, para marcar una diferencia o para reivindicar una postura que ha sido típicamentebasureada (como frecuentemente ocurre con el ateísmo o el feminismo, por ejemplo.

Ahora viene la parte donde les pregunto a ustedes:

Al momento de enfrentar un tema polémico en una discusión ¿se posicionan como parte de un grupo, o prefieren mantener eso al margen? ¿dicen “soy escéptico” cuando van a explicar por qué tal producto milagro no funciona? ¿al momento de defender la igualdad de derechos, se declaran feministas o prefieren no ser etiquetados de entrada? ¿qué experiencias han tenido con las etiquetas?

————-

La imagen de cabecera es (edit: era…ahora la puedes ver aquí abajo) una viñeta de La Pulga Snob que muestra uno de las posibles complicaciones asociadas a las etiquetas.
paquetes

Spanish Inquisition, antes conocida como Tercer Grado, es una sección donde Escéptica pide tus opiniones, experiencias y comentarios sobre diversos temas de interés. ¿De interés para quién? Pues por lo menos para el autor del post, y esperemos que de vez en cuando para ti también. Nombrada en honor a los famosos sketches de la serie Monty Python´s Flying Circus, la podrás encontrar todos lo miércoles en nuestro blog.

Previous post

Fugaces 01/07/13

Next post

Post invitado: Naturalmente Idiotas

Pangui

Pangui es un homínido de los que prefieren dudar e investigar antes de creer y afirmar. Empezó a existir en un país llamado Chile y se ha quedado ahí hasta el momento. Interesado en comprender de manera científica el comportamiento humano llegó a ser psicólogo debatiendo con posmodernistas y religiosos varios.

4 Comments

  1. July 3, 2013 at 7:16 pm —

    Para mi, depende. He notado que soy más propensa a etiquetarme cuando acabo de unirme a un colectivo. Por ejemplo, cuando descubrí que era atea (sí, lo descubrí… long story), me dediqué a proclamarlo a los cuatro vientos. Lo mismo con el escepticismo, quería publicar al mundo mi etiqueta elegida. Después, depende mucho del foro, aunque creo que me etiqueto más de lo que debería.

    • July 4, 2013 at 3:41 am —

      Yo tiendo a etiquetarme más cuando pienso que tendré tiempo suficiente para explicar todo lo que la etiqueta implica, si no, prefiero dar una idea “suelta” pero argumentada de manera precisa, sin entrar a “lo que el escepticismo plantea es que…” o “en realidad el feminismo no es eso, sino que…”, porque eso generalmente desvía la atención a la etiqueta más que al argumento. Creo que eso lo aprendí a la mala con “conductista” XD.
      (yo también descubrí que era ateo… después de una educación religiosa no es fácil descubrirlo!)

  2. July 7, 2013 at 11:25 am —

    (¡Por fin veo bien el post!)
    Yo huyo de las etiquetas como de la peste. Ya he comentado otras veces que, el hecho de que un grupo de gente tenga unas mismas ideas o posturas, no me parece que los convierta necesariamente en una comunidad; o al menos, por una cosa que nos asemeja, habrá otras 10 que nos diferencia.
    Además el hecho de colgarte una etiqueta te da el estatus de pertenencia a la tribu, que en general es lo que se busca; pero en nombre de, y al amparo de la tribu, se cometen demasiadas barbaridades…

  3. July 8, 2013 at 3:50 am —

    Antes era más proclive a etiquetarme como “escéptico” de lo que soy ahora. En la actualidad prefiero no decirlo, salvo que tenga la confianza de que se entenderá cabalmente. Estoy con bruno cuando dice que, al amparo de la tribu, se cometen muchas barbaridades. Y temo decir que se cometen también bajo el amparo de la etiqueta “escéptico”.

    El “movimiento escéptico” del que fui testigo en los últimos años del siglo XX y primeros del XXI, no se parece al de nuestros días. Era prácticamente la única resistencia a la ola de irracionalidad, superstición e ignorancia, que imperaba en la sociedad. Se intentaba abrir camino. Hacia una fuerte distinción entre las cuestiones científicas y religiosas. Hoy se ven los frutos de ese esfuerzo, pero es diferente. Las cuestiones religiosas se mezclan con las pseudocientíficas (podría estar justificado, según la definición que se use para “pseudociencia”). Pero me parece que la presión que ejerce sobre el sinsentido de nuestra sociedad es numérica, de fuerza bruta. Tiene más que ver con el ruido que hace, que con verdadero avance en la comprensión.

    Veo poca comprensión de los mecanismos psicológicos que gobiernan la adherencia a las pseudociencias o la religión. Quiero decir: no hay empatía entre “el movimiento” y el conjunto de la población al que van dirigidos sus mensajes. Y eso la hace profundamente ineficaz. Cuando habla con “el otro bando” (los creyentes, los defensores inocentes de las pseudociencias) le habla a una pared, porque no sabe hablar su lenguaje. Algunos escépticos de antaño eran amantes de la “mística”, que de verdad antepusieron su rigor y honestidad intelectual sobre la fantasía, y por tal razón, entendían mejor al “otro” y ofrecían un mensaje mucho más eficaz. Carl Sagan, en su más tierna juventud, creía plausibles las historias de platillos y visitas extraterrestres. Estudió en profundidad muchos textos sagrados. A Susan Blackmore le pareció vivir una experiencia fuera de su cuerpo, y dedicó años y años a intentar demostrar que fue cierta… decepcionándose. Ray Hyman creyó, también en su más tierna juventud, que las líneas de las manos podían de verdad revelar algo sobre sus poseedores. ¡Martin Gardner creía en Dios! Todos ellos, en su momento, miembros distinguidos del antiguo CSICOP. Hoy tenemos “días de la blasfemia” que me parecen, por decirlo suavemente, ineficaces formas de difundir la noción de que todas las ideas, religiosas o no, deben ser escrutadas.

    La idea de que es más importante el proceso de destilación que el producto de dicha destilación, se ha ido perdiendo.

    Por esas razones, y otras más, prefiero no etiquetarme abiertamente como escéptico.

Leave a reply