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Post invitado: Naturalmente Idiotas

Una amalgama entre la saturación publicitaria y la sacralización de lo natural ha convertido a nuestra sociedad en una turba de idiotas (me incluyo, claro). Y es que ambas cosas van muy de la mano, así como el huevo y la gallina, sin que nadie pueda responderse a ciencia cierta qué fue lo que nos atacó primero. Por lógica podemos deducir que lo primero fue la sacralización de lo natural; que luego de una era industrial muy próspera y, por tanto, muy contaminante, un grupo de neo-hippies le dio fuerza a la ya olvidada práctica de sembrar lo que uno fuma, extendiéndola a eso de sembrar también lo que uno come. De ahí, claro, como el movimiento se volvió “mainstream” por utilizar el argot hipster, la publicidad se aprovechó de ello.

Lo que pasó después lo conocemos muy bien. Un buen día, llegamos al supermercado y encontramos que todas las marcas sacaron su producto en versión “light”, “bio”, “eco” y la famosísima “100% natural”. Pero no bastó con eso; de pronto y sin que nadie se dé cuenta del embuste, también las prendas de vestir, las bolsas plásticas, las medicinas, el packaging, los bolígrafos y hasta las vallas publicitarias comenzaron a llegar con sus sendas etiquetas verdes. En algunos casos, cabe decir, la moda por la ecología hizo posibles avances tecnológicos interesantes y realmente beneficiosos como ciertos vehículos, la onda de andar en bici y los focos ahorradores. Otros, en cambio, como el Día de la Tierra, se mantienen hasta ahora solo para servir de pretexto de promoción a las grandes corporaciones.

No, no es conspiranoia. Resulta que soy publicista desde hace poco menos de veinte años y conozco tan bien a la publicidad como para odiar su lado oscuro, que lastimosamente es el que vemos a diario. “Sus” lados oscuros, en realidad, aunque por esta vez me refiera únicamente al responsable del incremento del consumismo y, con ello, de la contaminación ambiental. La creatividad publicitaria logró hacer de una moda tonta un estilo de vida tonto. “¡Pero si el mensaje general es educativo! ¡Promueve el cuidado del medioambiente!”, dirán ustedes. Bueno, sí pero sí a medias. Esa constante y verde persuasión para hacer el bien no es más que un disfraz. ¿O me van a decir que la mayoría… que muchos… que alguna persona se pone a contrastar la información de esa etiqueta que alegremente dice “100% biodegradable”, o de aquella otra que pone “producto orgánico”? Yo diría que más bien son muy pocos los que lo hacen. Por eso, se aprovechan para embutirnos productos con características que no requerimos, so pretexto de hacernos creer que limpiamos un poco nuestra conciencia ecológica.

Por cierto, eso de “orgánico” es lo más “in” del movimiento. Hoy en día ya no solo basta con que el producto sea natural, sino que además tiene que ser orgánico. Según sé, cuando se dice que algo es orgánico, significa que está basado en enlaces de carbono e hidrógeno. Por tanto, a menos que el tomate haya crecido a través de átomos de silicio, sigue siendo orgánico, ¿no? Bueno, no. Nuestros amigos fundamentalistas verdes le han añadido otro significado a la palabra: que haya sido cultivado de acuerdo a métodos tradicionales, sin sustancias sintéticas. O sea, un tomate que no ha sido ni fertilizado ni fumigado con químicos, por ejemplo. Es decir, un tomate pequeño, desabrido y con gusanos. Ah, y además caro.

green-money-financial-footprint-cash-eco-banking-photo¡Por fin encontramos la palabra clave! ¿se dan cuenta? Caro. No necesariamente natural, no tan biodegradable y menos orgánico de lo que parece, pero irremediablemente caro. He ahí el secreto del movimiento comercial ecológico. ¿Por qué odiamos los transgénicos? Nosotros no lo sabemos; ellos, porque abaratan el costo de la comida. ¿Por qué decimos que los productos naturales son más saludables? Nosotros porque creemos cualquier cosa que dice la tele; ellos, porque aunque sea mentira que son naturales, cotizan mejor. ¿Por qué creemos que las bolsas biodegradables son mejores para el ambiente? Nosotros porque desconocemos la contaminación que genera su proceso de fabricación; ellos, porque sus empresas quedan como reinas de la protección ambiental.

Ya viene siendo hora de que comencemos a cuestionarnos todos estos paradigmas ecológicos que, aunque altruistas por concepto, han sido secuestrados por el mercado de una manera tan cínica que da risa. Seamos honestos: estas prácticas comerciales no soportan el menor análisis. Gaseosas que auspician olimpiadas, petroleras que hacen activismo ecológico, bancos solidarios, comida rápida saludable, cosméticos animalistas, supermercados que generan conciencia de consumo… yo lo que creo es que, por más que hablen mucho de naturaleza, estas empresas no han podido todavía desembarazarse de la suya.

SOBRE EL AUTOR
andr3sAndrés Caicedo V.
Ex-graffitero, diseñador gráfico publicitario y director creativo de una agencia de publicidad social y política en Quito.
Anarquista, escéptico aficionado y autor del blog No Creo en Cucos.

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Daniela

Daniela

Born and raised in Mexico City, Daniela has finally decided to abdicate her post as an armchair skeptic and start doing some skeptical activism. She is currently living in Spain after having lived in the US, Brazil and Italy. You can also find her blogging in Spanish at esceptica.org.

6 Comments

  1. July 4, 2013 at 11:46 pm —

    ¡Un mensaje sumamente directo!

    Normalmente el normal de la gente no se cuestiona nada de todo eso, basta con que hayan escuchado alguna vez que algo tiene “muchos químicos” para que los “químicos” sean malos.

    Últimamente me estoy creando todo tipo de enemigos en la familia cuando alguien dice algo asi y yo le pregunto “¿en qué sentido es malo??” 😀

    • July 5, 2013 at 12:36 am —

      A mi me pasa lo mismo en la oficina. Soy la odiosa que interviene cuando se ponen a hablar de que los tomates de ahora no saben como los de antes.

    • July 5, 2013 at 1:25 am —

      En las discusiones familiares yo suelo disfrutar el ver cómo se desarman en explicaciones cuando les recuerdo que el agua, el aire y las células del cuerpo humano están hechas de químicos…. jajaja >:)

      Por otra parte, siempre me ha parecido demasiado descarado lo elitista que es esta moda “natural-SUSTENTABLE”, que promueve que cada uno se cultive sus propias lechugas, como si todos tuviéramos el tiempo/recursos/espacio para plantar y cosechar a pequeña escala.

  2. July 5, 2013 at 8:03 pm —

    Gran post. Amén a todo.
    (¿Se puede decir “amén” aquí??)

  3. July 7, 2013 at 5:59 pm —

    Un ejemplo: en las bolsas de papel de Primark pone “el papel es un recurso natural y renovable”.

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