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Posts desde Skepchick: Viaje por la cultura norteamericana a través de la radio

Hace poco me pasé 16 horas conduciendo, solo, por el Medio Oeste americano. Tenía el mp3 cargado con mi música favorita, con la serie Last Chance to See y con el libro El mundo y sus demonios, pero olvidé cogerlo.
Así que, en lugar del entretenimiento cómodo y familiar que tenía que llenar mis horas de soledad al volante, me vi reducido a surfear por las ondas de radio de un país extranjero, en busca de algo apetecible. He pensado que valía la pena compartir el resultado.
La radio es muy diferente de la televisión o internet. No hay guías, ni marcas de agua en las esquinas, ni páginas de “Acerca de”. Sin nadie que me aconsejara sobre qué emisoras merecían mi tiempo, simplemente iba moviendo el dial secuencialmente, esperando toparme con algo que pudiera cantar o disfrutar. Cuando encontraba una emisora, esta rápidamente se desvanecía en la estática mientras yo devoraba las largas millas rurales.
El resultado es que fui sometido a una ametralladora de cultura norteamericana. Gran parte de ella me era familiar, como canadiense que soy. El Top-40, los anuncios de comida rápida, y los insípidos concursos por teléfono eran indistinguibles de los que tenemos ahí arriba en el norte. Las diferencias, sin embargo, me sorprendieron, y luego se convirtieron en patrones discernibles.

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La primera cosa que noté fueron los anuncios sobre medicina.

¿Tiene usted o un ser querido dolores de cabeza ocasionales? ¿Somnolencia? ¿Irritabilidad? ¿Goteo nasal? ¿Orina de color amarillo? Todos y cada uno de esto síntomas podrían ser los del Síndrome de Muerte Súbita. Hable con su médico hoy mismo acerca de ello antes de que sea demasiado tarde.

El alarmismo relacionado con la salud me impactó. Constantemente se radiaban anuncios obviamente diseñados para hacer que la gente pague para ver a un médico, y luego pague por cualquier medicamento que este le recete para curarse, o por pruebas para detectar la enfermedad. Sin embargo no se hacían afirmaciones acerca de las curas o las pruebas en sí. La estratagema era evidente y transparente. Era simplemente una campaña para inculcar la hipocondría, y hacer que la gente pidiera medicamentos para enfermedades que ni siquiera tienen. Me pareció repugnante.
No menos repugnante eran los anuncios de casinos. Escuché varios que eran publi-reportajes como recompensa por mecenazgo habitual, animando a la gente a ir todos los días para aumentar sus probabilidades de ganar en el sorteo de la lotería. Estos siempre terminaban con una declaración (asumo que obligada por ley) dicha a toda velocidad, referente a jugar de una manera responsable. La yuxtaposición es absurda. Una petición de un minuto para ser increíblemente irresponsable tanto con tu tiempo como con tu dinero, seguida por un recordatorio de cinco segundos de que no debes hacerlo.

Programas de entrevistas
Lo curioso de ir saltando de una emisora a otra, es que pocas veces sabía en un primer momento lo que estaba escuchando. La música tiene rasgos muy reconocibles, pero los programas de entrevistas necesitan más tiempo para averiguar de qué van. Normalmente tenía que escuchar durante casi un minuto antes de poder discernir el tema del que hablaban. Por otro lado, sin saber nada acerca del programa, no escuchaba con mis prejuicios cargados y activados. Así tenía la oportunidad de decidirme después de escuchar en vez de antes, que es la práctica estándar actual.
Dejadme decir que NPR era excelente. Con las zonas de radio cambiando, perdí y redescubrí su emisora varias veces, y cada vez pensaba “esta radio es excelente, me pregunto qué es.” Las noticias eran informativas y basadas en hechos. Los entrevistadores hacían preguntas inquisitivas e inteligentes, y dejaban que los invitados, que constituían un amplio rango de expertos relevantes, hablasen. Su narración era accesible sin ser complaciente. Así que muy bien hecho, NPR.
En marcado contraste, Rush Limbaugh se me apareció como un tipo violento y enojado, medio loco e inmune a cualquier sentido de la razón o la lógica. Os recuerdo que yo no sabía lo que estaba escuchando cuando sintonicé. De hecho, tuve que buscar quién era más tarde. Le escuché despotricar locamente sobre Obama, al que hacía responsable, de alguna manera que no explicó, de la situación del empleo y otros problemas económicos que estoy bastante seguro son anteriores a la aplicación de sus nuevas medidas de protección de la salud. Escuché durante diez minutos, confundido tanto por su aparente falta de interés en la causalidad como por su abierto rechazo a las estadísticas, antes de que una cuña le interrumpiera y me dijera que estaba escuchando a Rush Limbaugh, “La Voz de la derecha.”
Para alguien de fuera, la voz de la derecha suena un poco demente.

Radio Cristiana
Hay radio cristiana en Canadá. También es probable que haya comentarios políticos rabiosos. Yo no me los encuentro. Tengo mis emisoras locales favoritas memorizadas, y esa es la burbuja en la que vivo. Pero hay un montón de radio cristiana en el Medio Oeste rural. Hubo un tiempo en que más de la mitad de las emisoras disponibles eran abiertamente cristianas. Llegué a ser capaz de reconocerlas casi al instante y, en contra de mis instintos, las escuchaba. Mucho.
La música, en mi opinión, es horrible. Es aburrida, repetitiva y sin matices, incluso en comparación con el pop moderno. Al principio me preguntaba cómo una religión con una tan larga y rica tradición artística podía llegar a apoyar tales tonterías, sin interés y carentes de poesía o profundidad. Suponía que sencillamente no tenían mucho talento en stock con el que trabajar, pero poco a poco se me hizo evidente que no era un accidente. Habían elegido su estilo.
He desarrollado una hipótesis. Su objetivo no es hacer música interesante; buscan cosas que se te metan en la cabeza, cosas para que cantes con ellas. No son poemas musicalizados, son mantras. Se toma un mensaje simple, y se repite una y otra vez con un ritmo pegadizo. Son declaraciones acerca de algún aspecto de la fe, destinadas a ser cantadas e interiorizadas. La complejidad y los matices son enemigos de este objetivo.
Una cosa que puedo decir de la música cristiana, es que era casi indefectiblemente positiva. De acuerdo con las letras que escuché, todos vamos a ir al cielo, Jesús nos ama y Dios es imponente. Alguien tiene que decírselo a los predicadores.
Junto con la música, también había un acceso constante a alguien predicando acerca de algo, casi siempre algo horrible. No me refiero a horrible como de baja calidad. Muy al contrario, se trataba de oradores casi universalmente atractivos, con buena calidad de audio y buenos guiones. Su mensaje, sin embargo, era humillante. Hasta donde yo puedo entender, en toda América, hay alguien en la radio 24 horas al día diciendo a la gente que Satanás es real y viene a por ti, que todos somos pecadores, que ninguno de nosotros es digno, y que el fin de los tiempos está sobre nosotros. Escuché todas estas cosas varias veces en una soleada tarde de miércoles. Todo brotaba con absoluta convicción.
Me dejaron con añoranza de los días en que los sermones amenazando con el fuego del infierno se hacían solo los domingos, y ocasionalmente por parte de algún profeta callejero. Ahora los fieles tienen acceso permanente a un terror en streaming, en vivo y sin pausa.

Notas de cierre
Esta es, pues, la impresión que tuve de la cultura estadounidense a través de la radio, sin filtros. Vuestros anuncios dan miedo; las celebridades que hacen entrevistas en vuestras radios dan miedo; vuestros predicadores dan miedo. La música cristiana es deliberadamente banal. Y NPR es condenadamente buena.

SOBRE EL AUTOR

RyanRyan Consell es un artista escéptico, un bailarín de claqué que hace armaduras, un científico malabarista, un escritor escalador, un profesor de matemáticas espadachín, un gamer en uniciclo, un académico tira-fuego y un nerd devoto. Tiene un master en ciencias aplicadas, casi toda la carrera de bellas artes y déficit de atención. Es el autor de How Not to Poach a Unicorn y es la mitad del dúo cómico masoquista Creative Dissonance. Síguelo en Twitter @StudentofWhim

Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

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Posts desde Skepchick es una nueva sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt y, por supuesto, Skepchick.

 

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Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

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