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ECO-ILÓGICOS

Hay que tener mucho cuidado con ciertos movimientos sociales y políticos; sobre todo si son vox populi, por decirlo de alguna forma. Cuando las ideologías son impopulares, como las que nos atañen en este espacio, por ejemplo (escepticismo, feminismo, ateísmo), se puede estar casi seguro de que aún no han sido secuestradas por algún poder hegemónico. Al poder no le interesan los nichos de mercado, sino la gran masa; la venta dura.

Estoy hablando de ecologismo, claro. Es que, según se han dado las cosas en los últimos cincuenta años, haría falta que alguien sea o cínico o estúpido para declararse abiertamente contrario a tal movimiento. No es en absoluto bienvenida la idea (hágase énfasis en esas palabras “la idea”) de continuar propiciando mecanismos de explotación de recursos no renovables, y menos si su utilización conlleva la contaminación ambiental.

Pues bien, es justamente esta popularidad la que ha convertido al ecologismo en blanco fácil de la demagogia y la descontextualización política.

Por ahí por 1962, a raíz de la publicación del libro “Primavera silenciosa” de la bióloga estadounidense Rachel Carson, el ecologismo comenzó a ganar una fuerza inédita a nivel político, lográndose la prohibición del DDT por sus efectos devastadores en el medioambiente. De entonces hasta hoy hemos sido testigos de paulatinos avances positivos en las políticas industriales en el planeta. O al menos eso es lo que creemos.

¿Por qué hay que tener cuidado con el ecologismo? Bueno, porque como no ha logrado hacer tambalear ni un poco al mercado, es éste quien ha tomado ventaja de su debilidad. El mercado se ha encargado de hacer de esta ideología una moda incuestionable, disfrazándose de activista y lanzando productos supuestamente amigables con el ambiente. Y la gente tan ancha como siempre. Ahora cualquiera que sale a la calle puede jurar sobre la tumba de todos sus antepasados que la humanidad entera es ecologista, lo que viene a ser como que los millones de fans de Justin Bieber se declaren melómanos.

Y es que el ecologismo conlleva un cambio social que no se limita a la condescendencia medioambiental y vana que se expone día a día en los medios. Conlleva un cambio social que implica el replanteo de la matriz productiva global. Y esa es la parte que a la gente no le gusta, porque lo que quiere es festejar el Día de la Tierra desde su Ford F150 mientras se atraganta con su McDonald’s.

Parece que este fenómeno alcanzó a desestabilizar las casillas de los ecologistas que sí entendían más o menos de qué se trataba la cosa, al punto que les obligaron a encontrar una diferencia radical; y debe haber sido entonces cuando muchos se convirtieron en los misántropos reaccionarios que vemos pulular ahora con tanta vehemencia.

Y para muestra de esta extraña forma de arrogancia, les invito a ver un video de George Carlin al respecto. Miren con confianza, les juro que no me voy a ninguna parte.

George Carlin – Salvando al Planeta

¿Ya? Ok. Solo para quedar claros: el ecologismo no es el movimiento que procura que los humanos abracemos árboles. Es imposible que toda la humanidad se sume a una causa que resulta dicotómica para la mayoría de prejuicios en boga, sobre todo los comerciales. Entiéndanlo de una vez, no se puede ser capitalista y ecologista. Son cosas mutuamente excluyentes, son “contra natura”, para hablarlo en el mismo lenguaje, ¿sí? ¿Que por qué no? Bueno, porque el capitalismo se basa justamente en la generación de capital por medio de la explotación de recursos. Ergo, por definición, no es compatible con el ecologismo. Y por otro lado, pretender que el ser humano se extinga o al menos revierta su desarrollo tecnológico con el propósito de salvar al planeta, no solo es la subcampeona de las soberbias (la campeona es creer que el Universo fue creado para nosotros), sino que es impráctico y, paradójicamente, antiecológico. ¿Por qué? Porque la única forma de salir de este embrollo apocalíptico en el que nos ha metido el consumismo es el desarrollo de tecnologías que nos permitan universalizar, abaratar y garantizar fuentes de energía renovables y poco contaminantes. ¿Entendido? Bien, ya pueden dejar de acariciar la hojita de la plantita que está en ese macetero de plástico en su departamento y pensar en soluciones útiles y creativas que reemplacen el sistema en curso.

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Hiruc

Hiruc

Ex-graffitero, diseñador gráfico publicitario y director creativo de una agencia de publicidad social y política en Quito.
Anarquista, escéptico aficionado y autor del blog No Creo en Cucos.

7 Comments

  1. August 1, 2013 at 11:13 pm —

    Muy de acuerdo. Brevemente:
    1. Es imposible ser ecologista y ser coherente (igual que, por ejemplo, ser vegano). Solo seria posible subiéndose a una montaña sin electricidad ni agua corriente, y comiendo lo que recolectas; pero 7000 millones de personas haciendo eso, nos cargaríamos el planeta igualmente.
    2. El ecologismo es una moda occidental, es decir que afecta a unos 1000 millones de personas. A los otros 6000 les importa un pito.
    3. Además, ¿qué derecho tenemos los “occidentales” a pedirles a China, India, o Brasil, que miren por el medioambiente, cuando nosotros llevamos 150 años echándole mierda? (de hecho, en lugar de ensuciar menos, compramos a países pobres su cuota de emisiones para poder contaminar más.)
    4. Hay problemas muchísimo más importantes que “salvar el medioambiente”, y a los cuales se destinan una ínfima parte de recursos: el hambre, la pobreza, países con una esperanza de vida de 50 años, el acceso al agua potable, enfermedades erradicadas en occidente y que matan a millones en países pobres, etc. etc.
    5. Como escéptico, me pone muy nervioso que alguien traduzca “a billion” por “un billón” y se quede tan ancho.1 billion (en inglés) = 1 millardo = mil millones = 10^9 ; 1 billón (español) = 1 millón de millones = 10^12; será que no se ve la diferencia!

    • August 1, 2013 at 11:20 pm —

      «de hecho, en lugar de ensuciar menos, compramos a países pobres su cuota de emisiones para poder contaminar más.» Coincido con eso. Justamente para lograr ese objetivo es que sirve toda la propaganda dizque ambientalista, que funge como confesionario católico; no es otra cosa que una forma de eximir a la sociedad de consumo.

    • August 7, 2013 at 7:54 pm —

      Hola Bruno. Creo que en la medida de lo posible uno puede tomar ciertos hábitos que hagan que consuma menos energía, gaste menos material, use medios de transporte colectivos, evitar el consumo excesivo, comprar productos con menos embalajes, etc… que si son aplicados por todos podría significar algo para el consumo energético total de un país, con menos emisiones de CO2, menos exportación de crudo, etc…
      Esto no creo que sea incoherente.
      También creo, en referencia al punto 4, que esos problemas mucho más importantes que mencionas, están directamente relacionados con los anteriores que he comentado. La energía y materiales de que disponemos excesivamente unos pocos hace que el resto no pueda disfrutar de esos mismos privilegios. Por lo tanto, al final, una cosa sí tiene que ver con la otra.
      Hablo desde un tono dialogante y respetuoso. Espero no recibir respuestas grotescas que generalmente se ven en este tipo de conversaciones.
      Un saludo.

    • August 7, 2013 at 10:38 pm —

      Estoy de acuerdo contigo en que hay problemas importantísimos a los que no se destinan muchos recursos. Sin embargo, muchas veces los problemas medioambientales afectan más a las poblaciones más pobres. Pongamos el ejemplo de mi ciudad (Guadalajara, México), donde hay un río (el Lerma-Santiago) profundamente contaminado que pasa junto a los barrios marginales. Esto se conoce como conflictos socioambientales.

  2. August 2, 2013 at 3:22 am —

    “la propaganda dizque ambientalista, que funge como confesionario católico”
    Creo que esa frase da en el clavo. Relato una experiencia facebookística que viví el año pasado para el día ese en que se supone que todo el planeta apaga las luces por una hora:
    Una persona publica propaganda de “La Hora del Planeta”. Yo le respondo diciendo que esa iniciativa es más perjudicial que beneficiosa, incluso peligrosa, y listo algunas alternativas no tan vistosas pero más efectivas para gastar menos electricidad. El resultado: fui acusado de saboteador, de que no me importa el planeta, y remató con una frase así como de que si yo no quería hacer nada, que no le impidiera a otros esforzarse. O.o
    Mi conclusión fue: esta tontera es una moda: importa la forma, no el fondo. Si la cuestionas, eres el malo y punto.
    Y lo peor es que es una de esas tendencias borregas que se las dan de soy-crítico-yo-no-caigo-en-las-trampas-del-sistema.

  3. August 6, 2013 at 1:58 am —

    A mí me resulta gracioso cuando los escépticos, que supuestamente están entrenados a detectar y evitar las falacias lógicas, se tiran un clavado y nadan entre non sequiturs cuando hablan del ecologismo.
    El comentario de bruno arriba de todo es un buen ejemplo, donde la totalidad de los puntos son irrelevantes. 1) tu quoue y falacia del nirvana, 2) ad populum 3) tu quoque, y 4) falsa dicotomía.

    En fin, el ambientalismo bobo es un problema. La gente que se cree que por apagar la luz durante una hora o usar alguno de los “black googles” (buscadores que tienen el fondo negro para supuestamente ahorrar energía) están salvando al planeta están equivocados. Peor aún los que se compran el verso de las empresas de agua embotellada (si querés reducir tu impacto ambiental, tomá agua de red, que es cientos de veces más ecológica). Irónicamente, también es errónea la idea de que estamos frente a un apocalípsis (idea expresamente apoyada por este post).
    Pero nada de eso significa que no sea una buena idea reducir nuestro impacto ambiental y tener una economía sustentable.

  4. August 6, 2013 at 3:37 am —

    Bueno… solo por aclarar, jamás dije que no es una buena idea reducir nuestro impacto ambiental. Solo que es justamente el “ambientalismo bobo” que mencionas el que motiva que escriba cosas como esta.

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