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I’M GOD (PRONÚNCIESE “AM GOD”)

Son muchas las razones que me motivan a estar abiertamente en contra de la religión. Sobre todo de las religiones abrahámicas: judaísmo, cristianismo e islam con todas sus subcategorías, sectas y demás fauna, por ser las que más promueven la misoginia, la homofobia, la teocracia y la guerra santa.

Pero la razón principal de mi abierto desagrado no es ni siquiera la cantidad de crímenes, violaciones e irregularidades fiscales que son características de estas instituciones, sino el dogma.

El dogma es el mal inicial. Es la poderosa herramienta que, disfrazada de virtud, descuartiza inmisericorde el pensamiento crítico desde los primeros años de vida. Es el dogma el que se enquista en los cerebros más jóvenes para cerrarle el paso a la curiosidad. El dogma es por naturaleza incuestionable y, por tanto, imposible de verificar; el dogma es sagrado.

Las personas que protegen un dogma sienten que la sociedad entera debe velar por el respeto del mismo y creen tener derecho a un trato especial cuando se lo menciona. Si bien la mayoría de las veces son religiosos, vienen adosados a distintos espacios humanos: política, espiritualidad, moral, sociedad, familia, etnia, medio ambiente, origen geográfico… hasta la más banal forma de entretenimiento tiene una subcultura que protege de todo mal a alguno de sus representantes.

El dogma es la perennización de lo sagrado. Por tanto, para poder eliminarlo hay que comenzar por desacralizar todo: banderas, religiones, ideologías, ideólogos, procesos históricos, personas, líderes, reglas… todo. Llegar a una especie de nihilismo (sin que sea necesario volverse apático), es clave para formar un verdadero pensamiento crítico. La razón no admite sacramentos.

Imagen de cabecera: “Cuidado con el Dogma”. Valla de la Freedom From Religion Foundation en Texas

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Hiruc

Hiruc

Ex-graffitero, diseñador gráfico publicitario y director creativo de una agencia de publicidad social y política en Quito.
Anarquista, escéptico aficionado y autor del blog No Creo en Cucos.

1 Comment

  1. September 1, 2013 at 7:30 pm —

    Gran post, 100% de acuerdo. El dogma, y con él el adoctrinamiento a los niños (mucho más vulnerables, por maleables y por confiados), es el segundo peor invento de la humanidad. El dogma cierra las puertas al conocimiento, y castra la curiosidad natural y la capacidad de sorprendernos y maravillarnos que tenemos. Si en última instancia los dogmas dan respuesta a todo, ¿qué sentido tienen la inteligencia, la capacidad de pensar, de razonar, de analizar?

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