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Posts desde Skepchick: El lodazal de la apropiación cultural

En las últimas semanas, la apropiación cultural ha aparecido en conversaciones unas cuantas veces, y he pensado que podría abordarla aquí. Es un asunto turbio y que hay que matizar, e inevitablemente lo haré mal. A pesar de ello, creo que es lo suficientemente importante como para intentarlo.

Para aquellos que no hayáis oído la expresión con anterioridad, la apropiación cultural es la adquisición de algún aspecto de otra cultura dentro de la nuestra. También, hace enfadar mucho a algunos.

¿Por qué?

Bueno, no siempre se hace con el tacto y la consideración que cabría esperar. Más bien, históricamente, se ha hecho mediante la invasión de un territorio, reclamándolo, y después aporreando la cultura local hasta que caían los caramelos. En muchos casos, la violencia continuaba con la esperanza de obtener más caramelos, dejando a los pueblos indígenas exhaustos y subyugados.

09 Chiste

Voy a seguir pegando hasta que caigan los caramelos

 

No se necesita de una brutalidad exagerada para que la apropiación cultural sea problemática. Imaginaos coger una pieza iconográfica, histórica y emocionalmente importante, y fabricarla en masa como juguete sexual (enlace no seguro para ver en el trabajo). No es difícil imaginar cómo alguien podría sentirse herido por la falta de consideración al verse mostrado por sus semejantes.

Más o menos eso es todo: no toméis cosas de otras culturas sin permiso, porque es desconsiderado y potencialmente hiriente. Por desgracia es bastante más complicado que eso.

Las culturas no existen como entes aislados; se mezclan, interactúan, sangran una en la otra, y cambian. Una idea inspira a otra, y muchas grandes ideas vienen de la unión de ideas. Además, si una cultura tiene una idea o una tradición brillante, parecería beneficioso para toda la humanidad extrenderla. Imaginaos si a los griegos les hubiera molestado que la gente utilizara el método científico. Fue un griego el que lo ideó, es suyo por derecho.

Ahí tenemos un problema. Tomar aspectos de otra cultura es malo, pero también lo es rechazar compartirlos. La solución justa más obvia, y la he visto sugerida, es pedir permiso.

Pedir permiso suena bien, pero ¿como demonios pides permiso a una cultura? Obviamente es imposible. Claramente se debería buscar a un representante de esa cultura. Con eso, sin embargo, se asume que todo el mundo en una cultura está de acuerdo en lo que es sagrado y lo que es de dominio público. Habiendo conocido a unos cuantos humanos, estoy bastante seguro de que encontrar a un grupo de más de tres o cuatro que estén de acuerdo en lo que es precioso, ofensivo, o soso, es una causa perdida. Para hacerlo más difícil, hay una pequeña paradoja de la ignorancia, en la que la persona que pide permiso podría no saber suficiente acerca de la cultura, para poder discernir quién podría ser un buen representante.

Joder.

Muy bien, un nuevo enfoque. ¿De qué culturas podemos sacar cosas sin tanto lío? Me han dado dos respuestas a eso: sacarlo de la cultura propia, o de la dominante. Nuestra propia cultura parece claramente segura, excepto por el hecho de que la mayoría de las culturas no son una cosa pura y monolítica. Típicamente son una quimera de memes adoptados, adaptados, comprados, prestados y robados de otras culturas, sin dueños evidentes ni pautas claras sobre cuándo expira el copyright y cuándo la ofensa inicial puede ser perdonada. Esto es particularmente problemático para la gente de culturas como la mía, esto es, ninguna cultura.

No tengo mucho de lo que se podía llamar un patrimonio cultural tradicional. Mis ancestros son un grupo de emigrantes europeos de lo más variopinto, que vinieron a Canadá escapando de la pobreza, la persecución y la opresión en sus naciones de origen. Abandonaron o rechazaron conscientemente su cultura, y se entremezclaron y se casaron entre ellos y con la población nativa de Canadá, diluyendo cualquier resto de sus tradiciones ancestrales más allá de cualquier punto de reconocimiento. Eso significa que no tengo una cultura propia a la que recurrir. Yo, y los que son como yo, necesariamente tenemos que tomar de las culturas de otros para nuestra inspiración.

Esto nos deja con el tomar de la cultura dominante. Esto, por supuesto, también es un esfuerzo desconcertante. La cultura dominante en Norteamérica es un guiso indescifrable de culturas. Es difícil discernir qué es bondad natural, qué es un pedazo de los bocados escogidos por otros, y qué es un aliño exótico ofrecido libremente para el disfrute de todos.

¿Qué es lo que estoy defendiendo de hecho con todo esto? Parecería que trato de decir que nadie debería hacer nunca nada artístico o ceremonial porque podrías ofender a otros. Bien, eso es estúpido. Prácticamente todo lo que puedas hacer ofendería a alguien. Lo que seria un buen principio es hacer un esfuerzo por ser consciente de estas cosas, y ser considerado con ello, y hacer un esfuerzo por informarse acerca de lo que uno emula.

Estoy ligeramente preocupado con que las figuritas recortables de gente con formas redondeadas sean una tradición de una cultura restringida a unos pocos, de la que no estoy al tanto.

SOBRE EL AUTOR
RyanRyan Consell es un artista escéptico, un bailarín de claqué que hace armaduras, un científico malabarista, un escritor escalador, un profesor de matemáticas espadachín, un gamer en uniciclo, un académico tira-fuego y un nerd devoto. Tiene un master en ciencias aplicadas, casi toda la carrera de bellas artes y déficit de atención. Es el autor de How Not to Poach a Unicorn y es la mitad del dúo cómico masoquista Creative Dissonance. Síguelo en Twitter @StudentofWhim

Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

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Posts desde Skepchick es una nueva sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt y, por supuesto, Skepchick.

 

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bruno

bruno

Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

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