Religión y espiritualidad

001 – ASHERÁ

Una sola palabra, muy precisa, conforma el nombre de este blog. Y, justamente por su nombre, no es difícil adivinar que tiene dos posturas fundamentales: escepticismo y feminismo.

Son estas dos posturas (más la segunda que la primera) las que me inspiran a estrenar este espacio presentando no solamente a una diosa, sino a la antagonista por excelencia. El más conocido de sus nombres, deformado, satanizado, prohibido, resignificado y “marketeado”, puede llegar a escocer los vestigios de adoctrinamiento de las entrañas del más acérrimo desconverso: Astaroth.

Asherah, por Klem Kanthesis

Astaroth o Ashtaroth, forma plural de Ashtóreth, mejor conocida como Asherá, y también como Ishtar o Ashêrâh, es una deidad fenicia que sobrevivió a la tradición mesopotámica, en la que se llamaba Inanna. Pero más allá de tener tantos nombres, esta poderosa señora venía a ser la homóloga de Isis, Afrodita o Venus, y regía sobre la fertilidad, la vida, la naturaleza, el amor erótico y el placer carnal. Era la diosa de las buenas cosas, digamos. Esas que a Yahvéh no le gustan. Y ya que mencionamos al susodicho, cabe aclarar que Asherá era su esposa. El aludido Yahvéh, antes conocido como El, Eloah o Elohim, en plural, era el líder del panteón de Israel. Pero parece que Baal, su hijo, dios de la lluvia y la fertilidad, le suplantó en el trono. Baal, el conocido becerrito de oro que tanto molestaba a los patriarcas bíblicos era festejado con ritos bulliciosos y orgías desenfrenadas. Al parecer, esta sumatoria de fiestas de la fertilidad entre Baal y Asherá retorcieron el hígado divino de Yahvé, que tan acostumbrado estaba a llevarse las glorias de las conquistas. Después de todo, él estaba al mando de los ejércitos. Así que, un día, vio en un campesino viejo y esquizoide la oportunidad de recuperar su perdida hegemonía. Este viejo, llamado Abraham, recogió con gusto todas las exigencias que el ex de Asherá le dictaba, porque a él también le molestaban las fiestas.
A partir de esta extraña alianza, Yahvé logró deshacerse de sus competidores, y la historia se encargaría, en poco tiempo, de malograr la imagen de nuestra protagonista. No solo la marginaron, sino que hasta le cambiaron de género, convirtiéndola en un demonio de segunda, duque del Infierno y pretexto de rockeros y metaleros. Incluso sus dominios fueron condenados radicalmente, siendo el placer carnal el más afectado, con consecuencias nefastas hasta el día de hoy.
Yahvé es un celópata, y eso lo sabemos de sobra. Tanto le molesta el solo recuerdo de Asherá, que hasta inundó la Tierra con la sola idea de que la gente le rindiese tributo pasándola bien. Quizá sigue irremediablemente enamorado, mientras ella, secretamente, gobierna nuestros impulsos y nos invita a negar a ese desgraciado megalómano.
¡Gloria a Asherá!
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Hiruc

Hiruc

Ex-graffitero, diseñador gráfico publicitario y director creativo de una agencia de publicidad social y política en Quito.
Anarquista, escéptico aficionado y autor del blog No Creo en Cucos.

1 Comment

  1. November 5, 2013 at 9:05 pm —

    Nunca he entendido, con la de mitologías interesantes que hay por el mundo, por qué la gente se quedó con el sosainas de dios. ¿Por qué rezarle solo a un dios, cuando puedes tener todo un panteón de ellos? Así, depende del humor que estés, le rezas a uno o a otro.

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