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Introducción a la pseudociencia: el método científico

¡Bienvenidos a nuestra nueva sección: Introducción a la pseudociencia!
Pasen y pónganse cómodos. A partir de ya, y cada segundo martes del mes, dedicaremos un post a explicar alguna de las innumerables pseudociencias con las que convivimos (algunos más, algunos menos) a diario.

Pero para empezar, deberíamos sentar las bases de qué es una ciencia y qué una pseudociencia. Porque decidir qué pertenece a un grupo o a otro no es un proceso arbitrario, a pesar de lo que nos quieren hacer pensar quien sí cree en las pseudociencias y pone extraños apellidos a la ciencia (como “oficial” o “normativa”).

Método_científico

Una ciencia es un conjunto de conocimientos adquiridos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. A efectos prácticos, una ciencia es aquella que sigue el método científico para deducir sus conclusiones, es decir, que sigue una serie de etapas concretas para llegar a esas conclusiones.

Además, existen una serie de características que están presentes en la ciencia (y en el método científico) que no aparecen en las pseudociencias, como son:
– La repetibilidad: un experimento debe poder ser repetido por diferentes lugares y personas, obteniendo el mismo resultado.
– La falsabilidad: cualquier proposición científica debe ser susceptible de ser falsada, es decir, se pueden diseñar experimentos que, en caso de dar un resultado diferentes, refutarían la hipótesis.

El método científico no es algo que sólo puedan hacer extraños científicos con bata blanca, despeinados, con gafas y serios problemas de integración social (¿cuándo desecharemos esa imagen del científico del imaginario colectivo?). No. En realidad todos podemos hacerlo en nuestro día a día, aunque, no os voy a engañar, requiere un esfuerzo mucho mayor que simplemente creer lo que otra persona nos cuenta.

Vamos a poner un ejemplo*: Alba y Lucía suelen tener migrañas, han quedado para ir a cenar juntas después de un día de trabajo especialmente intenso. Deciden ir a un restaurante chino, y piden vino tinto para acompañar la cena. Esa noche, las dos tienen migraña.

Alba se pregunta si algo que ha hecho durante el día le ha provocado la migraña, googlea y encuentra un montón de páginas que hablan de lo malo que es el glutamato, un aditivo presente en la comida china. Concluye que su migraña se debe al glutamato y deja de ir a restaurantes chinos.

Lucía plantea la misma pregunta, entra en internet y encuentra las mismas páginas que su compañera, pero profundiza un poco más y ve que no hay una relación entre glutamato y migrañas, incluso con cantidades mucho más elevadas que las que ha consumido. Ve también que el estrés puede ser un desencadenante de migrañas, así como el vino tinto y los cambios hormonales, así que plantea un experimento para comprobar qué le ha provocado las migrañas: empieza a apuntar en su agenda qué día ha tenido migrañas, los días con especial estrés, la menstruación, y el consumo que hace de cualquier fuente de glutamato (no sólo la comida china) y de taninos (posible desencadenante del vino tinto). Lo apunta por separado, y a los tres meses decide poner todos los datos en conjunto y analizarlos, acepta los desencadenantes que siempre le provocan migraña, rechaza los que no le provocan nunca, y deja en interrogante los que a veces sí, a veces no. De esta forma, se da cuenta que sus migrañas están relacionadas con la menstruación y el consumo de vino tinto, pero no con el glutamato en cualquiera de sus fuentes, y no tiene información suficiente para decir si el estrés sí o no. Decide seguir con el experimento más tiempo para confirmarlo e identificar más desencadenantes de migraña. Además, comenta la metodología que ha seguido con su hermana, que también tiene migrañas, a ver si ella empieza a hacerlo también y pueden ver si comparten o no desencadenantes**.

Alba ha actuado como actúan las pseudociencias: pasan de puntillas la fase de búsqueda de información, y se saltan todo lo demás lanzándose de cabeza a las conclusiones. Pueden acertar, o no. Es cuestión de probabilidades. Hay pseudociencias que aciertan de casualidad.
Todo el proceso le ha llevado 15 minutos, y sigue teniendo migrañas.

Lucía ha actuado como lo hace la ciencia, siguiendo el método científico, y sus conclusiones son más consistentes. Tiene identificados claramente algunos desencadenantes de la migraña, y aunque sigue teniendo ataques, puede eliminar algunos desencadenantes claros (se ha pasado al vino blanco) y prever otros mejor, lo que mejorará su calidad de vida. Eso sí, todo el proceso le ha llevado tres meses. Y continúa.

Así que ya sabéis cuál será el criterio para dejar entrar algo en nuestra sección de pseudociencias: ¿sigue el método científico?. Si la respuesta es no, intentaremos explicar de forma amena y sencilla en qué consiste y por qué no nos fiamos. Y dicho esto, os recuerdo que podéis dejar peticiones y sugerencias en los comentarios o directamente a nuestro mail de contacto, sobre pseudociencias que queráis que expliquemos en esta sección.

*Este artículo va sobre el método científico, no sobre migrañas. Lo importante del ejemplo no es qué provoca o no migrañas, sino la metodología que ha seguido cada una para llegar a sus conclusiones.

**Lucía no le ha dicho a su hermana: esto y esto provoca migrañas, en parte porque no quiere condicionar el experimento de su hermana, y en parte porque sabe que un caso (el de Lucía) no es suficiente para extrapolarlo al resto del mundo.  Hacen falta muchas más personas que repitan el experimento y confirmen o no su hipótesis.

Fuentes: imagen de cabecera gráfico del método científico. Más sobre el método científico: aquí, aquí o aquí. Y de forma tangencial, algo de información sobre el glutamato (aquí aquí), y un video un poco raruno sobre la migraña de la Sociedad Española de Neurología.

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Elara

Veterinaria, eterna doctoranda, lectora empedernida, rolera, gamer y friki hasta la médula. Intenté ser homeópata, acupuntora, naturista, lectora de manos, médium y católica, pero lo tuve que dejar porque no me creí nada. Y descubrí que lo que pasaba es que era escéptica.

3 Comments

  1. November 12, 2013 at 11:29 pm —

    Una manera sencilla y comprensible de explicarlo. Y tan importante como poner la ciencia frente a la pseudociencia, me parece ponerla frente a la educación religiosa, frente al dogmatismo.
    La página de discusión del artículo de Wikipedia enlazado no tiene desperdicio; tanto por las discusiones en sí, como porque esas discusiones reflejan uno de los grandes valores de la ciencia: que cualquier afirmación es susceptible de ser cuestionada.

  2. November 13, 2013 at 12:19 pm —

    Qué tal acerca de la reflexología o la acupuntura? Ambas están siempre presentes en mis discusiones sobre pseudociencias.

    habéis pensado también en analizar el efecto que pueden tener las pseudociencias? Por ejemplo usar acupuntura en lugar de medicina científica.

    • November 15, 2013 at 3:05 pm —

      ¡Gracias por tus sugerencias! La reflexología y acupuntura están en la lista de pseudociencias a explicar.
      Lo de analizar el efecto es bastante más complejo, porque depende mucho de la enfermedad para la que se esté tratando. Lo curioso de las pseudomedicinas es que, con el tema de lo “holístico”, se venden tanto para un roto como para un descosido, y hacer ese análisis con rigurosidad implica muuuchos posts, pero la idea es muy buena.
      Por si te sirve mientras tanto para tus discusiones, ya escribí algo sobre la acupuntura aquí: http://esceptica.org/2012/11/06/por-que-lo-llaman-meridiano-cuando-quieren-decir-axon/

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