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Posts desde Skepchick – “Inspiraciones” cruzadas bíblico-coránicas: el sacrificio de Abraham

[Advertencia de contenido: maltrato a menores, tentativa de asesinato, matanza de animales]

Ayer fue la Eid ul-Aha, o la Fiesta del Sacrificio, para los musulmanes de todo el mundo. El otro Eid (Eid al-Fitr, o Fiesta del Fin de Ayuno) marca el final del Ramadán. Ambos conmemoran parte de la historia de Abraham, llamado Ibrahim en árabe, y engloban los abundantes rituales del Hajj (peregrinaje santo a La Meca).

La historia en el Corán tiene algunas variaciones respecto de la de la Biblia, sobre todo en cuanto a de qué hijo se trata, y de la cantidad de detalles que se dan; pero lo esencial no cambia. En el Viejo Testamento, el hijo que Abraham ofrece a Yahvé en sacrificio es Isaac (Ishaq en árabe), el hijo que resultará ser padre de los judíos, mientras que en el Corán es Ismail (Ismael en español) el que es ofrecido, de quien casualmente se dice que es el padre de los árabes.

11 ismailibrahimLa historia empieza con Ibrahim soñando que Alá le dice que ofrezca a su hijo en sacrificio. El sueño se repite hasta el punto en que Ibrahim piensa que es una orden de Alá. Le pregunta a su hijo si está dispuesto a ser sacrificado e Ismael acepta. En el camino hacia el lugar donde se supone que debe rebanar el pescuezo a su único hijo, Ibrahim es tentado tres veces por Shaitan (Satanás) para que desobedezca la orden dada en sueños por Alá. Cada vez Ibrahim lanza pequeñas piedras a Shaitan para hacerle huir. Cuando finalmente llega al sitio en que su sueño le había dicho de rebanar el pescuezo a su hijo, ata a su hijo y se pone una venda en los ojos, ambas cosas sugeridas por su hijo. Justo antes de que el cuchillo toque la garganta del hijo, un ángel baja y reemplaza a Ismael por un carnero. El ángel le dice a Ibrahim que ha pasado la prueba de fe de Alá.

Actualmente los musulmanes que hacen el peregrinaje a La Meca simbólicamente lapidan tres columnas en los puntos donde Ibrahim fue supuestamente tentado por el diablo para que desobedeciera a su dios y no cortara el cuello a su hijo. Todos los musulmanes que se lo pueden permitir, hagan el peregrinaje ese año o no, sacrifican un cordero o un carnero (u otro animal halal si no pueden disponer de un carnero o un cordero) para celebrar el sacrificio de Ibrahim. El cuento se les cuenta a los niños como una lección de obediencia hacia los padres y hacia Alá.

Todo esto me disgusta, siendo generosa. Me pregunto qué tipo de gente justifica este tipo de cuentos, se los enseña a sus hijos, los conmemora y los celebra, y los defiende frente a los que los ven con horror. Entonces me acuerdo.

De mí.

Yo era exactamente ese tipo de persona. El cuento era una parte importante de mi día del Eid, y participaba de manera entusiasta en los rituales. Antes de empezar a dudar de mi fe, había usado un cuchillo para matar al menos tres vacas y dos cabras con mis propias manos (tan pronto como la más leve sombra de duda entró en mi cabeza, me vi incapaz de hacerlo más). Incluso hay una foto mía llevando el hijab y sosteniendo una cabeza de cabra cortada. Teológicamente hablando, defendía la crueldad de la historia frente a otros, diciendo que no era más que una prueba de fe, que finalmente ni un solo pelo de Ismael había sufrido daño, que más tarde Ibrahim iba a ser bendecido con otro hijo por su lealtad hacia Alá, que Alá sabe mejor que nadie lo que nos conviene, que la vida es difícil y que estas dificultades eran a las que Ibrahim tenía que enfrentarse para probar la fuerza de sus convicciones y su carácter como profeta y como amigo de Alá.

¿Alguna vez habría puesto un cuchillo sobre el cuello de mi hermano, un bebé, porque hubiera soñado que mi dios me había dicho que lo hiciera? No. Me habría sentido enferma y habría rezado a Alá para que mantuviera esos sueños diabólicos lejos de mí. Si lo sueños se hubieran repetido, le habría pedido a mi madre que me llevara a un sanatorio mental, y habría llorado todo el camino, asustada y preocupada de que mi mente, evidentemente enferma, me hiciera ir contra mi amado hermano.

Por otro lado, estoy segura de que si Ibrahim hubiera existido, habría encontrado cualquier excusa, fuera su dios u otro, para las falsas ilusiones y sueños que le llevaron a casi asesinar a su hijo. Es insano que esa festividad esté construida sobre una persona así, pero por suerte, al igual que muchas otras festividades explicadas con historias truculentas, hay mucho en ella que no tiene nada que ver con sus orígenes, especialmente ya que muchos musulmanes no son tan dolorosamente conscientes como yo del cuento. Cada año, me recuerdo a mí misma que debo arrancar una página de su libro, y centrarme en la familia, los amigos y la comida.

SOBRE EL AUTOR
HeinaHeina pasó su infancia siendo una musulmana practicante, y nunca en su cabeza habría creído que crecería hasta ser una atea feminista humanista secular, o, en otras palabras, una Escéptica. Ha sido participante activa en organizaciones y eventos ateos dentro y en los alrededores del condado de Orange, California (EEUU), desde 2007. Actualmente escribe la Guía Escéptica del Islam.

Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

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Posts desde Skepchick es una nueva sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt y, por supuesto, Skepchick.

 

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bruno

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Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

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