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No solo letras: Newton

Comenzamos una nueva sección en Escéptica: en No solo letras nos vamos a encargar de reseñar y/o recomendar lecturas escépticas, de divulgación científica, feministas o, simplemente, de los libros que nos gusten.

Esperamos que esta nueva sección sea de su agrado y que nos hagan ustedes también sus recomendaciones.

¿Qué mejor lectura para comenzar con la sección que la biografía de un gran científico?


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Newton (I), de Gale E. Christianson, nos cuenta las primeras hazañas de Sir Isaac Newton, precisamente hasta antes de la publicación de sus Principia Mathematica (la reseña es sobre el primer volumen, aunque la obra se puede conseguir completa y/o en dos volúmenes).

A través de sus más de 300 páginas nos sumergimos en los primeros años de la vida del genio y en sus primeros descubrimientos científicos que cambiaron el mundo, ya que el eje central de la narración son sus trabajos sobre la luz.

De todos es conocido el carácter cascarrabias y solitario de Sir Isaac, pero no siempre se explica el por qué. En el libro nos hablan de la infancia de Newton, de cómo su madre lo dejó a cargo de sus abuelos para casarse de nuevo y cómo él se sintió abandonado. Su resentimiento era tal, que llegó a desear la muerte de su madre y su padrastro. Tampoco tenía mucho cariño a sus hermanastros, que volvieron con su madre a casa una vez que falleció su segundo marido. La reunión familiar duró poco, ya que a los 12 años Newton fue enviado a Grantham a estudiar.

El haber estado viviendo solo con sus abuelos no ayudó a que fuera un chico sociable: en Grantham los demás niños desconfiaban de él, creían que se aprovechaba de ellos por su superioridad intelectual y le encantaba estar solo arreglando juguetes con sus propias manos (calculaba la mejor distribución de las cuerdas de una cometa, fabricaba maquetas y objetos de madera, muñecas…).

A pesar de desatender sus estudios por culpa de la artesanía, Newton ingresó en Cambridge a los 18 años y se graduó en el Trinity College. Es en la vida universitaria de Newton donde el libro nos da más detalles de él, de su personalidad, de sus amistades (podríamos decir que prácticamente ninguna, aunque sí muchos colegas y admiradores) y de sus procesos creativos hasta que conseguía descubrir algo.

En el libro descubrimos a un Newton perfeccionista (más si cabe de lo que podríamos imaginar), solitario, depresivo; pero, sobre todo y a pesar de su carácter puritano, el autor consigue que nos encariñemos con el genio, la mente brillante que no paraba de experimentar (a veces consigo mismo) y crear.

También nos adentramos en su enemistad con Robert Hooke, su entrada y relación con la Royal Society y su correspondencia con otros científicos de la época. Aquí es donde nos encontramos con el Newton que no acepta críticas, sabedor de que son infundadas en muchos casos; el Newton celoso de su trabajo y reacio a las publicaciones; y también el Newton humilde e inseguro de sí mismo, el puritano y el obsesivo.

En la última parte del libro (mi preferida, si me permiten) nos hablan de su relación con la alquimia: Newton estaba obsesionado con la transmutación de la materia, la piedra filosofal y el elixir de la vida. Pasaba gran parte de su tiempo encerrado en su cuarto y experimentando con metales (mercurio, oro, plata y sus interacciones).

Como religioso, Newton concebía la filosofía natural como la forma de entender la creación de Dios y sus leyes a través de las leyes de la naturaleza. Adoptó el arrianismo, doctrina hereje por la cual no se aceptaba la creencia en la Trinidad, lo cual le causó algún dilema moral en su vida profesional que consiguió salvar por los favores que inspiraba en los demás su intelecto superior.

Conseguí el libro en un mercadillo de segunda mano, una edición antigua de 1987; pero si están interesados es relativamente fácil conseguirlo a través de Amazon y plataformas similares. Y huelga decir que probablemente lo encuentren también en Internet en formato digital.

No diría que es una lectura ligera, pero sí interesante: a mí al menos me ha ayudado a humanizar a uno de los científicos más famosos de todos los tiempos (y también, gracias a él, a conocer un poco más a Robert Hooke, que me ha inspirado una mayor simpatía si cabe).

En una escala de una a cinco estrellitas, le doy 3,75.

Se me olvidaba: lean, que es bueno.

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silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

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