Ciencia

Posts desde Skepchick: La ciencia no te dice si tu gato te quiere (todavía)

Últimamente he visto por todo Facebook titulares en la línea de “Tu gato te odia”. Enlazan a este vídeo discutiendo un estudio psicológico por el profesor especialista en conducta animal, Daniel Mills, de la Universidad de Lincoln. El estudio replica investigaciones anteriores en bebés que demostraban que los bebés están apegados a sus madres al observar su comportamiento cuando se les pone en una habitación, se deja a solas con un extraño, y luego se reúnen con sus madres.

Mills primero replica el estudio utilizando perros, y encontró que los perros reaccionan de manera muy similar a los bebés. Los gatos, por otro lado, reaccionan de manera muy diferente. Mientras que los bebés y los perros mostraban angustia al darse cuenta que su madre/propietario había desaparecido, a los gatos no parecía importarles mucho y seguían jugando con el desconocido. Cuando la madre/dueño regresaba, los bebés y los perros corrían hacia ellos, mientras que los gatos reconocían su regreso con una mirada y volvían a jugar.

Mills afirma que la investigación todavía no está completa, a pesar de que las tendencias que menciono arriba ya han surgido. Él cree que esto demuestra que, mientras que los perros están apegados a sus dueños y los ven como una fuente de amor y protección, los gatos parecen ver a sus propietarios sólo como una fuente de alimento.

Según la traducción de los medios de comunicación y todas las “personas de perros” de tu Facebook: tu gato le odia.

Personalmente, me encantaría ver este experimento replicado con un adolescente. Padre y adolescente entran en la habitación. Adolescente ve una Playstation 4 en la esquina y procede a jugar con ella. Un desconocido entra y coge el segundo mando. Mientras que el adolescente está distraído, el padre sale de la habitación. El adolescente no se da cuenta. Pasa el tiempo, el padre regresa. El adolescente no se da cuenta.

Titular: La ciencia prueba que su hijo adolescente le odia .

Un experimento alternativo podría incluir a dos mejores amigos adultos con la misma situación descrita anteriormente. Titular: La ciencia prueba que su mejor amigo le odia.

Seamos claros: Creo que el estudio es interesante y tiene valor. Pero la forma en que está siendo interpretado por los medios de comunicación y público en general es, francamente, vergonzoso. Nunca he entendido la pelea entre “personas de perro” y “personas del gato”, y por qué tendría que elegir uno sobre el otro (de la misma forma en que me desconcertó cuando alguien me dijo que me podían gustar los Rolling Stones o los Beatles, pero no ambos, dios no lo quiera). Lo interesante aquí es que los gatos son criaturas muy diferentes a los perros, pero los seres humanos han desarrollado una afición igual por vivir con ambos. ¿Cómo podemos medir cosas como su felicidad, o su inteligencia, o su emisión total de amor, cuando son tan diferentes? Estas son preguntas interesantes y espero que se haga investigación para explorarlas.

La idea de que un gato no ve a su propietario como un proveedor de seguridad es especialmente interesante para mí. Cuando llevo a mi gato al veterinario, se asusta y esconde su cabeza en el hueco de mi brazo. ¿Lo hace porque le hago sentir un poco más seguro? ¿O es sólo un lugar conveniente para esconderse? Yo creo que si lo dejara ir, él correría por la habitación derribando cosas hasta encontrar un cuenco debajo del cual esconderse. Cuando un extraño entra en nuestra casa, nuestros dos gatos no corren hacia nosotros en busca de protección – corren debajo de la cama. ¿Eso es algo particular a los gatos? Ha pasado mucho tiempo desde que he tenido un perro, así que realmente no puedo comparar.

De todos modos, creo que incluso el profesor Mills tiene un poco la culpa de la respuesta insípida a su investigación, a juzgar por las frases cortas en la que simplifica las cosas, al punto de decir que los gatos probablemente te ven como un proveedor de alimentos y que es difícil decir si devuelven los sentimientos de afecto. Para las personas que tienen gatos, es muy fácil decir que los sentimientos de afecto se devuelven. Mi gato Fry viene a la cama todas las noches y se mete debajo de las sábanas, ronroneando y lamiendo mi cara antes de deshacerse en un charco de amor suave y esponjoso. Él no lo hace por comida, ya que siempre hay comida en su plato de todos modos. Él podría conseguir más calor acurrucándose arriba del calentador. Entonces, ¿cuál es el beneficio para él? Yo lo llamaría amor. Estoy (sinceramente) interesada ​​en cómo lo llamaría un especialista en conducta animal, y cómo se podría diferenciar de un niño gateando debajo de las sábanas para abrazar a sus padres.

Aquí está el vídeo:
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=AEepVLQjDt8

SOBRE LA AUTORA

RebeccaRebecca lidera un grupo de mujeres escépticas activistas en Skepchick.org y aparece en el podcast semanal Skeptic’s Guide to the Universe. Ella viaja por todo el mundo dando charlas entretenidas sobre ciencia, ateísmo, feminismo y escepticismo. En la actualidad existe un asteroide que orbita el sol con su nombre. Puedes seguir cada uno de sus movimientos en Twitter: @rebeccawatson

Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

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Posts desde Skepchick es una nueva sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt y, por supuesto, Skepchick.

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Daniela

Daniela

Born and raised in Mexico City, Daniela has finally decided to abdicate her post as an armchair skeptic and start doing some skeptical activism. She is currently living in Spain after having lived in the US, Brazil and Italy. You can also find her blogging in Spanish at esceptica.org.

3 Comments

  1. December 22, 2013 at 4:12 pm —

    “The cats don’t need us as much as we want to believe”. Pienso que esa frase es clave. El apego (attachment) tiene mucho más que ver con la seguridad que con el cariño tal y como se entiende entre adultos.
    A ver, desde el principio: el experimento de la situación extraña de Ainsworth iba de medir la relación de apego de un/a niño/a pequeño/a y su cuidador principal (generalmente la madre).
    Ahora lo que no entiendo, de verdad, es por qué un perro adulto muestra el mismo patrón de apego que un bebé humano. Como bien dice Rebecca, si se replicara este estudio con humanos no-bebés, los resultados también podrían ser mal-interpretados como desapego ¡porque los adultos (saludables) no necesitan la cercanía física de una figura de apego para sentirse seguros!. Entonces, ¿qué le pasó a ese pobre labrador? Tan inseguro anda por la vida? 🙁 ¿Y reaccionan así todos los perros? ¿independiente de la crianza y de la raza? Y las mismas preguntas valen para los gatos.

    Por otra parte, pienso que hay que considerar que los perros son animales sociales, y viven (incluso cuando salvajes) en jaurías. No así los gatos, que si bien existen casos de manadas de gatos, no son la norma.

    Y por último: qué pasa si replicamos este estudio con mascotas de más corta edad? Quizás los cachorros muestren patrones muy distintos de comportamiento en la situación del extraño.

  2. December 23, 2013 at 3:04 pm —

    Ridículo.
    Igual más allá del estudio y la interpretación, no entiendo la base de la discusión, por varios motivos:
    1) No entiendo la necesidad de que tu mascota te quiera. Ejemplo, hay gente que tiene peces o reptiles. Acá es común decir, para rechazar a alguien, “si te sentís solo, comprate un perro”. Yo continuaría: “si necesitás una mascota para sentirte amado e importante, comprate una autoestima”.
    2) No entiendo la dualidad perro-gato. Como no entiendo la dualidad hipopótamo-elefante o rosa-jazmín. Amo a especímenes de ambas especies por igual y la mayoría simplemente no me despierta ningún sentimiento particular.
    3) No entiendo la dualidad amor-odio. No odio a los seres que no amo. Dificilmente odie a alguien. Creo que no.
    4) La gente se extraña a veces que paso días enteros sin verme con mi marido y salvo contadas excepciones, siento la necesidad de llamarlo o enviarle un mensaje de texto. Es el ser que más amo y quizás al único al que le donaría un riñón o un pedazo de mi hígado. No entiendo la relación amor-desesperarse por la atención del ser amado.

    • December 23, 2013 at 7:34 pm —

      Qué lindas tus reflexiones. Me las llevo como reflexiones navidenas.

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