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Cría cuervos… ¿Cuándo quieras?

Hoy es el último día del año, y además toca la sección de maternidad. Así que me van ustedes a perdonar el desahogo, pero es que estoy cabreada. Muy cabreada.

Soy mujer, blanca, hetero, casada, cis, paso de los 30, con estudios superiores y trabajo. No se puede ser más blanca y heteronormativa que yo. De hecho, si dejara de lado las camisetas frikis, me tapara los tatus y me vistiera elegante y con pendientes de perlitas, podría pasar perfectamente por miembro de una congregación religiosa o de un partido político de derechas.
Y digo todo esto para dejar claro que, a pesar de estar en un colectivo desfavorecido (el de las mujeres) tengo una serie de privilegios con los que no cuentan muchas de las demás integrantes de este colectivo. Este año decidimos tener un hijo. Lo decidimos mi pareja y yo, juntos, y nos pusimos a ello. Pero por suerte no lo hemos conseguido, digo “por suerte” porque ahora las condiciones han cambiado. Ahora ya no me siento tan segura de querer quedarme embarazada, porque la nueva ley del aborto que acaba de aprobar el gobierno de España me deja desamparada frente a algunas situaciones que me dan mucho miedo.

Por ejemplo, si el feto tuviera una malformación o enfermedad compatible con la vida pero que le fuera a provocar problemas de salud durante toda su vida, rechazo social o incapacidades, no podría abortar. Tendría que traer al mundo una persona que siempre va a ser dependiente, con cuidados especiales, por parte de sus padres pero también por parte de la sociedad en general.

Si el feto tuviera una enfermedad incompatible con la vida o mi vida corriera peligro, tendría que enfrentarme a comités médicos para que me dieran permiso para abortar, con el retraso que eso puede suponer en la toma de una decisión ya de por sí difícil, con el gasto médico derivado y los malos tragos físicos y emocionales que conllevaría. Eso si hay suerte y no me topo con un médico que, sin conocernos de nada, decide que mi vida vale menos que la de mi hijo, o que la probabilidad de que él viva unas horas vale más que aprobar un aborto. Soy una mujer adulta, con capacidad para gestionar mi salud y mi vida reproductiva, ¿por qué tiene que decidir un desconocido sobre ello?.

Escribo esto para todas las que piensan que la ley del aborto no va con ellas, porque creen que sólo afecta a jóvenes, solteras, cabezas locas. No. A ti, que te sientes tan cómoda en tu heteronormatividad, que quieres tener un hijo con tu pareja, por consenso. Que crees que estás por encima de todo esto porque eres una mujer adulta. Igual hasta votaste al PP o vas a misa. También te afecta, y también te puede hacer pasar por un infierno. Porque nuestro gobierno cree que no eres tan adulta, que no tienes la capacidad de decidir, que otros deben hacerlo por ti. Y por cierto, haz un ejercicio de empatía. Si a nosotras, blancas, adultas, heteros y con independencia económica, nos afecta, ¿en qué situación deja eso a las que no tienen esos privilegios?.

Enhorabuena, diputados y votantes del PP, habéis conseguido que tenga miedo a quedarme embarazada. Devolvedme mi útero. Devolvednos a todas nuestros úteros.

Más desahogos e información sobre el tema:

Nadie tiene derecho a obligar al sufrimiento, carta abierta de J. Esparza, neurocirujano infantil.
La modificación de la ley del aborto, carta abierta de Elisa Fernández, pediatra.
La mujer que aborta no es una enferma mental, opinión de psiquiatras en un artículo de El País.
Mi coño, carta abierta de Diana López, mujer.
La futura ley del aborto, una visión jurídica, por @comandantevimes

La imagen de cabecera es parte de una viñeta de La Pulga Snob, de @adiplotti

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Elara

Elara

Veterinaria, eterna doctoranda, lectora empedernida, rolera, gamer y friki hasta la médula. Intenté ser homeópata, acupuntora, naturista, lectora de manos, médium y católica, pero lo tuve que dejar porque no me creí nada. Y descubrí que lo que pasaba es que era escéptica.

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