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Posts desde Skepchick: Enología escéptica, Parte I-A: el precio del vino

El mes pasado, el New York Times informó de que el distribuidor de vinos Rudy Kurniawan fue declarado culpable de fraude, tras haber hecho pasar por codiciadas botellas de gama alta lo que en realidad era vino ordinario que había mezclado en su cocina. Este hombre estafó grandes cantidades de dinero a coleccionistas de vino, se burló de los que se supone que son capaces de detectar estas cosas, y planteó una pregunta obvia: ¿cuál es la diferencia entre esas mezclas embotelladas fraudulentamente, y los vinos de alta gama? ¿Acaso su éxito en la estafa revela que las jerarquías – y los precios – en el vino son un gran fraude?

Según muchos comentarios que vi, tanto de extraños como de amigos fuera de la industria del vino, que leyeron y compartieron el artículo, el tipo es un héroe. Mostró al mundo que el emperador – la todopoderosa industria del vino – va desnudo. Demostró que no hay diferencia entre un Don Simón (N. del T.: un Charles Shaw de 2 dólares, en el original) y el vino más caro del mundo (actualmente ese título se lo lleva a una edición especial de Balthazar o botella de once litros, de un Château Margaux de 2009, que por 195.000 dólares incluye un viaje a la bodega, en Burdeos). Kurniawan es el Robin Hood de la industria del vino.

Trabajando en la industria del vino desde 2009, he visto mis casos de fraude. He visto bodegas jactarse de que sus vinos sub-estándar han ganado premios, sabiendo que las medallas de oro de los festivales son algo sin un valor específico. He visto el Dr. Oz decirle al mundo que sólo los vinos de Cerdeña, tomados junto con un pedazo de queso sardo, os darán los beneficios protectores del corazón de los antioxidantes, y que vuestro amado malbec no lo hará. He visto etiquetas de vino anunciándose como “orgánico”, “biodinámico “, “sin trazas de sulfitos” y “sostenible”, y he visto que la interpretación del público de esas etiquetas no siempre es exacta. He visto a clientes preguntar incrédulos por qué les recomiendo un vino que recibió 89 puntos (de quién, no parece importarles) cuando hay un vino de 90 puntos justo al lado en la estantería. He servido cabernet franc para degustación de clientes que han respondido con un sarcástico, “¿Cabernet franc? No espero mucho de un cabernet franc”, asumiendo aparentemente que yo no reconocería esa frase pronunciada tal cual en la película “Entre copas” (Sideways).

¿Que si creo que la industria del vino está ahí para timarnos? ¿Que si creo que todos deberíamos coger nuestras copas de Carlo Rossi y tirarlas por las ventanas de la Sociedad Americana del Vino? No, no creo en el Gran Sacacorchos. Pero sí creo en la posibilidad de que nos timen, y creo que nosotros, la gente del mundo del vino (he trabajado como asociada en una sala de degustación, moviendo botellas en la bodega, como escritora de vinos , como socia en un distribuidor, como camarera, y actualmente escribo un blog sobre vino y mis esfuerzos de viticultora – perdón por la publicidad descarada) necesitamos trabajar más en hacer de la bebida que amamos un mundo algo menos confuso. En una serie de posts en los próximos meses, me gustaría poner mi obsesión con la investigación en la ciencia del vino al servicio de aclarar algunos de los conceptos erróneos y las controversias más comunes. ¿Mi objetivo ? Dejar claro que el vino no tiene por qué ser un misterio para ser romántico y divertido, igual que la ciencia no tiene que ser difuminada por la “magia” para ser impresionante.

Por mor del timo del Sr. Kurniawan, empezaremos con el precio del vino. ¿Hay alguna diferencia entre sus mezclas y un burdeos de 5.000 dólares? ¿Qué hace a esos vinos tan caros?

A mí me resulta útil pensar en el vino como alimento, ya que en cierto modo lo es. Tienes tu pan de molde normal y corriente, y tienes el pan de molde con fibra y cereales. Igualmente tienes tu chardonnay californiano a un precio moderado, tu Súper Toscano a 300 dólares (el vino con mejor nombre del mundo), y tu pinot grigio Little Black Dress. Tienes tus hebras de azafrán a 15 dólares un tarrito, y tienes harina básica que se usa para todo. Tienes el mejor restaurante del mundo y tienes McDonald’s. En teoría, vinos más caros ofrecen lo que comidas más caras deberían ofrecer: ingredientes cultivados con esmero y que provienen de sitios escogidos cuidadosamente, muy bien hechas, con alguna historia detrás tal vez, todo culminado en una experiencia más memorable que una simple tostada con mantequilla y mermelada, o un vaso de Don Simón.

El problema es que el Don Simón sigue siendo un artículo de lujo, porque el vino no es un artículo de primera necesidad (y esto os lo dice una escritora), como sí lo es la comida. Así que gastar mucho en el vino tiende a irritarnos un poco más que gastar mucho en la comida – tenemos que comer, ¿no? Sólo depende de qué y dónde – y, sin embargo, una botella de vino puede costar lo que un menú en un bar de carretera, o lo que las arras de una casa. Así que tenemos mucha más variación, un rango más amplio, un punto de partida más alto, y menos conocimiento acerca de aquello por lo que en realidad estamos pagando. A esto se añade la percepción (y, en cierta medida, la realidad ) de que disfrutar del vino es una actividad algo esnob, debido a que se necesita tiempo libre y dinero para aprender, y es fácil entender por qué al descubrir vinos baratos y a la vez deliciosos uno se siente como que está engañando al sistema.

La nutrición es bastante confusa, pero la mayoría de la gente sabe más acerca de cómo se hace un bocadillo que cómo se hace el vino; al menos nos preparamos comida básica para nosotros mismos todos los días. He aquí un resumen general de lo que sistemáticamente se mete en el precio de un vino:

El precio de las uvas. Es altísimo. Algunas bodegas cultivan sus propias uvas; otras la compran a viñedos de su elección. De cualquier manera, la tierra en las regiones vinícolas bien establecidas es entre cara e imposible de obtener, y un sitio en particular tiene una enorme influencia en el sabor, la cantidad y la calidad de las uvas (que tendrían su propio libro, pero esto será más adelante en esta serie). Un buen viticultor o gerente de viñedos sacará las mejores uvas posibles de sus viñas – luchando contra las amenazas climáticas como el granizo, las heladas, y el sol excesivo, así como las plagas, los animales hambrientos, y las enfermedades – y tienen que pagar a un equipo de trabajadores para el mantenimiento de las viñas durante la temporada, y para recoger la uva o manejar las cosechadoras en otoño. Las etiquetas de los vinos a menudo pasan mucho tiempo centrándose en la ubicación de la viña; se supone que el vino debe expresar su “sentido de lugar”, y está ampliamente aceptado en la industria del vino que “el vino se hace en la viña” – y el lema que el enólogo añade con frecuencia es “simplemente no lo estropees”.

La fruta de menor calidad puede ser endulzada, acidificada, mezclada, y/o manipulada con varios enzimas, aditivos y procedimientos de vinificación para producir el carácter maduro, afrutado, jugoso que la mayoría de la gente quiere en un vino barato, y por eso mucha gente dirá que creen que un Yellow Tail Shiraz sabe mejor que un vino añejo francés de 100 dólares: son la gente acostumbrada a vinos elaborados para tener “más” sabor de todo – más alcohol, más afrutado, más taninos de las pieles de la uva – al igual que la comida rápida añade sal y azúcares y grasas, para satisfacer a menor precio. Y al igual que a veces iré de cabeza como Pete Rose a pedir una ración grande de patatas fritas y un yogur helado, con mucho gusto voy a beber muchas marcas de vino barato. Todo es cuestión del estado de ánimo y del ambiente.

El tiempo, el equipo y la mano de obra necesaria para la producción. ¡Clasificar las uvas! ¡Prensarlas! ¡Arreglar la prensa! ¡Pedir una prensa nueva a los alemanes, y contratar a un ingeniero alemán para que nos enseñe a usarla! ¡Hacer envejecer el vino en barricas de roble, que no son baratas y se pueden usar solo unas cuatro veces! El material vitícola es grande y caro y se rompe y, a menudo se necesita mucho tiempo para el trabajo. El tiempo entre la recolección de la uva y la botella aterrizando en el estante de vuestra tienda puede variar entre seis meses y cinco años o más (muchas bodegas de renombre mundial pueden permitirse el lujo de tener, y hacer envejecer, sus vinos durante varios años antes de ponerlos en circulación, como explicaré en un futuro post sobre el envejecimiento). Lo que hay dentro de la botella tiene que pagar por estas cosas.

El sueldo del enólogo, del personal de la bodega, y probablemente del propietario. Se dice que la mejor manera de hacer una pequeña fortuna en el negocio del vino es empezar con una gran fortuna. Mientras que los propietarios son a menudo ricos (abundan las incursiones de celebridades en el mundo del vino), no sueles ver a los viticultores comprando yates y segundas residencias en el Caribe. Pero tienen que comer, y los mejores del mundo están arriesgando su carrera y su reputación en algo que está muy influenciado por el clima en un clima mundial cada vez más inestable. Se merecen cobrar por ello, y lo hacen. Su equipo echará cientos de horas extras durante la temporada de cosecha, cuando las bodegas necesitan atención prácticamente las 24 horas. (Dicho esto, el coste laboral es un gran debate en el mundo del vino ahora mismo; estad atentos a ello.)

Luego hay varios factores X. Aquí es donde realmente nos metemos en el reino de la “mística del vino”, y donde me gustaría pasar el resto de esta discusión.

(continuará)

SOBRE LA AUTORA
Julia BurkeJulia Burke es una escritora y periodista free lance con interés por la justicia social y pasión por el vino, la cerveza y la comida. Cuando no está cubriendo un concierto o pisando uvas, es voluntaria en Secular Woman. Tiene su base en el Medio Oeste, donde corre para dar apoyo a sus pasiones hedonísticas, y donde bebe para dar apoyo a su hábito de escritura. Síguela en Twitter o en Google +, o pásate por su web en Stellenbauchery.

Puedes encontrar el post original en inglés aquí. En esta ocasión, y debido a la extensión del post original, lo hemos dividido en dos partes. La segunda se publicará el próximo sábado.

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Posts desde Skepchick es la sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt , Grounded Parents y, por supuesto, Skepchick.

 

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Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

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