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Por qué “simplemente no lo compres” sencillamente no funciona

Publicado originalmente en forma ligeramente diferente en “I’m Just Not Impressed” el 14 de Octubre de 2011.

En casi cualquier conversación sobre camisetas con mensajes condescendientes del tipo “Tonta-Chic”, disfraces súper sexy para Halloween, o micro bikinis cachondos para niñitas de dos años, al menos una persona se va tomar el tiempo de comentar “Si no te gustan, no los compres”. Esa es una de las muchas frases con las que uno podría (y puede!) completar el cartón de bingo contra la sexualización y los estereotipos de roles de género (junto con comentarios sobre pedófilos y sobre cómo cosas neutrales en cuanto a género producen niños homosexuales). En cierto nivel, es una afirmación razonable; Si no nos gusta cierto producto de consumo en particular, rara vez, o nunca, estaremos obligados a gastar nuestro dinero ganado con tanto esfuerzo en él.

Pero es también una afirmación extremádamente miope.

Tal como Melissa, de Pigtail Pals & Ballcap Buddies, (N del T: Compañía de ropa y otros ítems para niños que busca eliminar los estereotipos de género en sus productos) ha dicho tan elocuentemente, no se trata de la camiseta, el disfraz, el bikini, la mini falda, o lo que sea. No se trata de aplastar la incipiente sexualidad o mojigatería de nuestros niños. Se trata de reconocer que ese singular producto que atrae la atención de los medios de comunicación es tan solo una gota de agua en un océano de sexualización y de estereotipos negativos que se disfraza de estiloso, cool y “positivo”. Se trata de reconocer que los pequeños, bombardeados con imágenes de niños siendo activos y niñas tomando el té y vistiéndose de princesas, empiezan a ver estos roles como su legítimo lugar en el mundo.

¿Considero yo que, como abogada, feminista, mujer activa y poderosa, soy el modelo más fuerte de lo que una mujer puede llegar a ser para mis niños? Absolutamente. Y cada día, también, estoy agradecida de que mis hijos tengan hombres y mujeres fabulosos en sus vidas que les entregan excelente apoyo y ejemplo.

Pero no pienso, ni por un instante, que lo anterior sea suficiente. Porque no vivimos en una burbuja. Mis hijos ven supuesta programación “educacional” que relega a las mujeres a lindos papeles secundarios. Ven juguetes en los estantes del supermercado que alientan a las niñas a proyectar una imagen de mujer adulta vestida para una noche en la discotheque. Estas imágenes son tan penetrantes que los niños solo ven la “novedad” en cada muñeca; – Mira! esa de ahí parece una mujer-lobo en vez de un hada, en vez de una sirena, en vez de una doctora que usa ropa completamente incómoda para practicar la medicina (¿Alguna vez has tratado de caminar apurado en un hospital y practicar una cirugía en tacos de aguja? Pues yo tampoco) Ven imágenes de niños varones rechazando cualquier cosa “femenina” y siendo enseñados a comportarse como “verdaderos hombres”.

Pero incluso si pudiera criar a mis hijos en una burbuja libre de sexualización y de estereotipos hasta que cumplieran los 18, no lo haría. Mi trabajo como madre es enseñar a mis hijos a navegar exitosamente en el mundo tal como es, no una tierra de ensueño donde ninguna niña tiene que sentir la necesidad de vestirse como bruja sexy para Halloween ni ningún niño se avergüenza porque le gusta el barniz de uñas rosado, más o menos lo que me gustaría que nuestra sociedad fuera. Yo hablo con mis hijos acerca de los mensajes que ven en los medios y sobre cómo estos pueden ser interiorizados de la mejor manera, también estoy agradecida de otras comunidades de padres que están haciendo lo mismo. Pero mi tarea como ser humano es querer lo mejor para todos los niños, no solo para los que tienen padres que se preocupan por estos temas y los hablan, sino para los que no tienen esos padres, para esos que tienen padres que activamente alientan juegos con roles de género estereotípicos, incluso roles opresivos. Esos niños con padres que no ven nada de malo en que su hija vista una camiseta que diga “Soy demasiado linda para hacer la tarea” o que su hijo a su vez use una que rece “Imán de chicas” podrían ser compañeros de mi hija en la guardería, o la cita de mi hijo en el baile de graduación. Todos los niños merecen algo mejor, no solo los míos.

Así que, claro, no voy a comprar la camiseta, ni el disfraz, ni el bikini. Pero lo que quiero no es una cultura donde a nadie se le permita hacer tales cosas, sino, una cultura donde nadie quiera hacerlas.

Imagen de cabecera vía Jonathan Harford (Recortada del original, todos los derechos reservados)

SOBRE EL AUTOR

emPor Em

Escritora de novelas incompletas, abogado de la industria del entretenimiento, madre de dos hijos con una amplia diferencia de edad, blogger aquí y en otros lugares, atea, bicho raro. Esa ultima parte es como obvia. Puedes encontrar a Em en twitter como @emandink y quizás así use un poco más su cuenta.

Puedes encontrar el post completo original, en inglés, aquí.

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

2 Comments

  1. March 9, 2014 at 1:52 pm —

    Por suerte cada vez somos más los que nos preocupamos por esta educación igualitaria, en contra de los estereotipos, etc. La mala noticia es que, por mucho que nos empeñemos, y tras siglos de esta cultura de asignación de roles, llevará unas cuantas generaciones invertir la situación.

    • March 10, 2014 at 10:45 am —

      Ser padres ya es difícil. Ser padres y remar contra la corriente del merchandising debe ser heróico.

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