Posts desde Skepchick

Posts desde Skepchick: No dejéis que vuestros hijos jueguen al Monopoly

El Monopoly es un juego terrible. Es un juego tan malo que hace que la gente crea que no le gustan los juegos de mesa. Lo que es peor, a menudo es uno de los primeros juegos de mesa a los que se enseña a jugar a los niños. Aún peor, es tan omnipresente que mucha gente cree que es representativo del conjunto de los juegos de mesa.

No lo es.

Es horroroso. No puedo echarle la culpa a los creadores, se desarrolló a la entrada del siglo pasado como herramienta para enseñar la maldad de los monopolios. De alguna manera, una herramienta creada para demostrar que ser un magnate inmobiliario no es divertido, se convirtió en uno de los juegos más populares de América durante casi un siglo.

¿Cómo puedo decir que un juego tan popular es una espantosa abominación? Puedo responder con referencias a “Cincuenta sombras de Grey”, o a “Crepúsculo”, y terminar la discusión aquí. Puedo, pero no lo haré. Hay muchas cosas malas en ese juego, y mucho que aprender de su disección.

Para empezar, podría decir que nunca he encontrado a nadie a quien realmente guste el Monopoly. Algunos dicen que les gusta, pero si les preguntas cómo jugar, de hecho no te describirán el Monopoly. En general omitirán las subastas, y describirán algunas reglas sobre “Aparcamiento libre” inventadas para hacer el juego jugable. No es buena señal cuando nadie de los que juegan a un juego realmente sigue sus reglas.

Después está la duración del juego. Una partida de Monopoly puede durar desde una hora hasta el día del fin del mundo. No hay nada en el juego que lleve necesariamente a terminarlo. Si las propiedades se distribuyen de una manera más o menos equitativa entre los jugadores, y los jugadores no se sienten inclinados a venderse propiedades los unos a los otros, entonces el juego puede seguir durante toda la eternidad. En ese sentido, el mayor defecto en el diseño está en que puede ser muy difícil saber cuánto durará una partida, y si alguien quiere comprometerse a jugar una partida hasta el final.

El Monopoly, como fábula sobre el rico haciéndose más rico, es muy efectiva. Un juego, sin embargo, a menudo tiene más valor cuando permite de alguna manera hacer la goma. Mario Kart lleva esto al extremo, ya que los que van en último lugar tienen más probabilidades de obtener mejores ayudas que les sirvan para atrapar al resto. En Monopoly, en cambio, se exageran las diferencias. En lugar de haber una manera de hacer que los que van perdiendo puedan reengancharse, los jugadores que van en cabeza simplemente obtienen más y más totalmente a costa de sus oponentes. Ese puede ser un viaje largo, lento, tortuoso, para los últimos del pelotón, en el que un jugador sabe que habrá perdido horas antes de que se le dé la dulce libertad de la derrota.

El Monopoly también está diseñado en base al modelo del último jugador en pie. El ganador es la persona que no ha sido expulsada del juego por otro jugador. Esto funciona bien en torneos donde cada uno compite con otros rivales por la supremacía, pero no es particularmente útil en un juego con amigos. Según mi experiencia, el Monopoly y otros juegos de mesa, se juegan como parte de una actividad de grupo en un marco social. El hecho de que un jugador pueda ser obligado a dejar el juego horas antes de que ningún otro haya terminado de jugar, es un ligero problema. Me parece raro que alguien elija una actividad para la tarde, que podría exiliar a alguien de la fiesta durante la mayor parte del evento.

En conclusión, cualquier juego en que la mejor parte del juego es decidir qué figura llevar, no es un buen juego.

Yo llevaré el sombrero.

RyanSOBRE EL AUTOR
Ryan Consell es un artista escéptico, un bailarín de claqué que hace armaduras, un científico malabarista, un escritor escalador, un profesor de matemáticas espadachín, un gamer en uniciclo, un académico tira-fuego y un nerd devoto. Tiene un master en ciencias aplicadas, casi toda la carrera de bellas artes y déficit de atención. Es el autor de How Not to Poach a Unicorn  y es la mitad del dúo cómico masoquista Creative Dissonance. Síguelo en Twitter @StudentofWhim

Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

—–

Posts desde Skepchick es la sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt , Grounded Parents y, por supuesto, Skepchick.

 

Previous post

Fugaces: Barbie de combate y dios odia a Fred Phelps

Next post

La imagen de la semana: acercamiento impresionante a las alas de mariposa

bruno

bruno

Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

1 Comment

  1. March 22, 2014 at 11:20 am —

    Acá, algo sobre monopoly: http://existentialcomics.com/comic/19

Leave a reply