Activismo

Charlatán del mes: las páginas de recogida de firmas

Estoy seguro de que este post va a levantar ampollas. Y eso es algo que me encanta… Pero, vayamos a la cuestión, ¿sirven de algo los sitios de recogidas de firmas? La respuesta corta es “NO”. La respuesta breve es “Sí, pero no para lo que tú te crees”. Para la respuesta larga tendréis que poneros cómodos y leer el resto de esta entrada.

Para empezar, conviene recordar los requisitos que deben reunir las firmas de una petición pública —según la legislación española, al menos— para que estas se consideren válidas. Una firma válida debe contener los dos apellidos y el número del DNI del firmante. La mayoría de páginas de recogida de firmas pasan olímpicamente de recoger estos datos. Luego ya no serían válidas desde el punto de vista legal.

Pero es que, además, estos sitios no se “molestan” ni en filtrar ni en verificar la validez de los datos con los que “firmamos”, como ya demostró Ricardo Galli hace un año creando un bot que generaba firmas en Change.org. Merece la pena leer también la contestación que dió dos días después a las débiles excusas y explicaciones del director de Change.org España.

Bueno, al menos, se tratará de organizaciones sin ánimo de lucro, ¿no? Pues tampoco. Change.org es una empresa. Que factura millones de dólares al año. ¿Recogiendo firmitas? Disculpad si me descojono…

Y, entonces, ¿cómo ganan dinero estas empresas? Cabe suponer que recopilando correos electrónicos y vendiéndolos a otras empresas para que nos bombardeen con spam o cualquier otra finalidad maligna. Hum, suena mal, ¿verdad? ¿Podemos probarlo? Hagamos un pequeño experimento: firmemos una petición en la web más cutre e infecta de recogida de firmas que encontremos y veamos que pasa.

Escogí para nuestro experimento a Petición Pública. La opacidad sobre sus propietarios ya es bastante sospechosa. Aunque, rebuscando un poco, conseguiremos averiguar que su dueño parece ser un señor portugués —o que dice vivir en Lisboa— llamado Marco Poças. El cual tiene registrados los dominios de páginas similares en otros idiomas, como Petizione Pubblica en italiano o Public Petition en inglés.

Firmé una petición cualquiera. Y al cabo de unos días recibí un correo desde una dirección del servidor de Petición Pública para venderme… ¡un fantabuloso ahorrador de energía Energy Saver! El tono conspiranoico y “antisistema” del correo no tiene desperdicio:

Captura

Creo que queda demostrado lo que decía en el primer párrafo. Los sitios de recogidas de firmas sí que sirven para algo, pero no es lo que el público que los utiliza esperaba. Y, además, tienen otro desagradable efecto colateral: habrá muchas personas que sientan que cuando firman ya están “haciendo algo” y dejarán de ejercer un activismo real.

Bola extra: Si quieren ver el interior de uno de estos mágicos ahorradores de energía, aquí tienen las fotos que hice cuando destripé uno hace unos años.

(La imagen de cabecera es de una firma realizada en Change.org por el autor de otro artículo sobre el tema. Una firma estupenda, como podréis ver).

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Camarada Bakunin

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Mi padre me enseñó a dudar de todo —incluido él mismo, provocando que cayerá de cabeza al suelo haciéndome creer que me iba a sujetar a la edad de 3 años—, y así sigo. No tengo claro si fue la educación o algún trastorno neurológico derivado de aquel golpe.

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