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Posts desde Skepchick: Post invitado – Hay más de una manera, para una persona, de ser ilegal

Nota: Ed Cara de Grumbles & Rumbles y Alexandra Brodky de Feministing (y muchos otros) han tratado el tema de la víctima de secuestro y violación que fue arrestada, desde una perspectiva feminista y anti-violación. Una perspectiva que me parece que falta es la del sin techo. Cuando me metí en el tema, parecía que muchos no podían ni siquiera hacerse a la idea de lo que es ser un sin techo – se hacían preguntas del tipo “¿Por qué mintió sobre lo de vivir con sus padres?”, y similares. Aquí está Daniel Samuelson de The Writing Engine, para aclararlo (aviso: es mi pareja).

Muchos de nosotros (si no todos) sabemos algo acerca de los magníficos argumentos contra el uso de la palabra “ilegales” para referirse a la gente. Sabemos acerca de la noble lucha de los inmigrantes: cómo muchos luchan, tanto contra la pobreza como contra unos sistemas culturales y legales opresivos, para sobrevivir e incluso prosperar. Ellos no son los únicos a los que se llama ilegales.

Yo no soy un inmigrante. A pesar de ello, he sido ilegal. ¿Por qué? Soy pobre y, hasta hace muy poco, era un sin techo*. Mientras que hay largos y exhaustivos informes sobre los problemas alrededor de las leyes contra los sin techo, así como casos de altos vuelos sobre ciudades declarando ilegal el ser un sin techo (esta ahora abolida), hay otro nivel para la ilegalidad de los sin techo, uno que no se hace evidente a primera vista.

Para la policía, los sin techo somos, desde el momento en que nos ven, no personas sino parásitos indeseables e inhumanos. No podemos confiar en la policía ni en ninguna otra autoridad a la que el estado haya conferido poder. Por eso evitamos a la policía si podemos. Los marginados y los fuera de la ley son los que nos alimentan, los que nos proporcionan un sitio donde dormir que no sea frío e incómodo, y, a veces, los que nos dan una vía de escape. Esa vía puede ser un oyente comprensivo, o sustancias que calmen el dolor y te ayuden a relajarte. Se nos empieza diciendo que somos ilegales, y finalmente nos volvemos ilegales porque los criminales son los únicos que aún nos tratan como humanos.

Refugio para sin techo "Peachtree Pine"

Refugio para sin techo “Peachtree Pine”

Técnicamente, existen programas para ayudar a los sin techo. La mayoría de los programas de asistencia social no entran en esa categoría. Desde las reformas de Clinton, muchos programas estatales de asistencia social ponen como condición que los que piden la ayuda tengan una dirección y un trabajo fijos (SNAP es una de las pocas excepciones). Ya que la asistencia social es parte de la administración del estado, más que de la federal, las leyes varían y es difícil generalizar. Esto hace también casi imposible para los sin techo el alejarse de una zona en particular, ya que su acceso a la asistencia depende de que se mantengan en una situación que ya les perjudica (esto es, la que les ha dejado sin casa).

En cuanto a los refugios, los sin techo han ido aumentando a un ritmo vertiginoso desde el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008. Los refugios en EEUU nunca fueron pensados para acoger a tanta gente a la vez. Muchos de los estados golpeados más fuertemente por la crisis están reduciendo las ayudas a los refugios. Otros programas fían su éxito a que los sin techo sepamos que existen, cosa que frecuentemente no pasa. Además los programas del Gobierno, aquí en EEUU, son inherentemente contradictorios entre ellos: tenemos que demostrar que somos sin techo, que estamos hambrientos, impedidos.

Dependiendo de la ciudad, si dices que eres un sin techo, las autoridades te llevarán a los límites de la ciudad y te abandonarán allí, o en lugar de eso te encarcelarán. Cuando se trata de ficharte, no hay la opción de poner “de paso” en los formularios del gobierno; debes dar una dirección y un número de teléfono.

Esto nos lleva a la mujer que fue arrestada por, supuestamente, haber mentido sobre dónde vivía. Hay dos escenarios posibles. O bien la mujer dio la dirección de sus padres (es decir, la que usa como información de contacto ya que no tiene otra información que ofrecer), lo cual es un escenario bastante común entre los sin techo; o bien ella vive en casa de sus padres ocasionalmente, cosa que podría ser, o no, por las mismas razones por las que es una sin techo. En cualquier caso, su detención reitera lo que los sin techo sabemos: que somos ilegales y, por tanto, la ley nos trata diferente.

* Debido a que hay leyes que hacen difícil que los inmigrantes se mantengan empleados y cuiden de ellos mismos, los dos grupos ciertamente se intersecan.

SOBRE EL AUTOR
Post escrito por Daniel Samuelson; apareció como post invitado en Skepchick, originalmente editado por Heina Dadabhoy.

Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

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Posts desde Skepchick es la sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt, Grounded Parents y, por supuesto, Skepchick.

 

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Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

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