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Posts desde Skepchick: Sin velo – una mirada retrospectiva al hiyab

La autora, junto con otras dos mujeres ex-musulmanas (Marwa Berro de “Entre un velo y un lugar oscuro”, y Reem Abdel-Razek), recientemente hablaron con Valerie Tarico sobre sus experiencias con el hiyab. Este es un post cruzado de la entrevista entre la autora y Valerie Tarico.

Tarico: ¿Durante cuánto tiempo llevaste hiyab, y qué significaba para ti entonces?

Dadabhoy: Llevé hiyab durante una década (de los 8 a los 18 años). Empecé a llevarlo porque siempre me ha gustado complacer a la gente; parecía que era lo que tenía que hacer para contentar a mis padres, a muchos de mis familiares mayores, a los profesores de mi escuela religiosa (el pañuelo en la cabeza era parte del uniforme de la escuela islámica para niñas a la que asistí en Londres durante un año), y, por supuesto, a Alá. Además era una niña muy literal y devota. Quería asegurarme de que obedecía a Alá tanto como fuera posible.

23 hijabiheina-223x300A medida que fui creciendo, mi imagen corporal y la educación occidental comenzaron a desempeñar un papel más importante en el por qué me cubría. He tenido sobrepeso desde que pueda recordar, y cualquier cosa que pudiera desviar la atención que mi cuerpo pudiera provocar me parecía bien. Vi los programas de Oprah acerca de los trastornos alimentarios, y asistí a la conferencia “Suavemente nos mata” en la escuela. Como la chica gorda sometida a burlas sin piedad que era, su mensaje me llegó plenamente. Sin ser consciente adopté, en mis concepciones alrededor del hiyab, el discurso retórico feminista occidental de segunda ola: pensé que estaba luchando contra el mito de la belleza, centrándome en mi mente y mi espíritu en lugar de en mi aspecto.

En el fondo sabía que liberarme del mito de la belleza no era la razón principal por la que llevaba hiyab . El Islam es muy claro en que la razón para cubrirse es para evitar el provocar la lujuria masculina. Como esa me parecía una idea desagradable, opté más bien por centrarme en mi deseo de mostrar mi dedicación a Alá, así como en mi rebelión contra los ideales de belleza occidentales.

¿Por qué y cómo lo dejaste?

Dejé de llevarlo porque ser una atea con un pañuelo en la cabeza dejó de tener sentido para mí. En principio dejé el Islam por razones filosóficas, y no veía ninguna razón para dejar de atenerme a su código moral. Estaba convencida de que las leyes islámicas sobre la modestia tenían un sentido práctico y lógico, incluso sin justificaciones teológicas, ya que había estado usando justificaciones no necesariamente islámicas para ello durante años. Con el tiempo, sin embargo, me di cuenta de que la adhesión a las normas islámicas de vestimenta no era muy diferente de la adhesión a las normas de belleza occidentales. Ambas representan caminos por los cuales las normas patriarcales intentan controlar los cuerpos femeninos. Decidí que no me interesaba ninguna de ellas.

Emocionalmente, ¿cómo fue la transición?

Desde luego hubo muchos problemas. Al salir sin hiyab, me veía sometida a mucho más escrutinio: mi tipo de cuerpo, mi talla, la elección de mi estilo; a veces era abrumador. Además, me di cuenta de que mi aspecto no caucásico afectaba a cómo los otros me trataban. Antes de eso, asumía que la gente me trataba diferente por el pañuelo en la cabeza, no porque me vieran como de otra raza.

En otros aspectos fue liberador. Llevar la ropa que yo misma escogía porque me gustaba, más que por ser simplemente acorde con ideas de modestia, fue una nueva experiencia en la que, al principio, me sumergí incluso en exceso. Cosas como nadar, ir a la playa, el senderismo, etc., eran de repente mucho más fáciles de hacer.

¿Cómo reaccionaron los miembros de tu familia?

Después de apostatar, seguí llevando pañuelo en las reuniones familiares durante bastante tiempo, para evitar problemas. Cuando finalmente asistí a una reunión familiar sin pañuelo, las reacciones fueron en su mayoría positivas. La gente pensaba que estaba preciosa de manga corta. Hubo algunos detractores, pero optaron por guardar silencio o por murmurar a mis espaldas en lugar de decirme nada a la cara. La mayoría de los problemas que tuve con mi la familia tenían más que ver con ser abiertamente atea, que con el uso del pañuelo.

23 nothijabiheina-300x300Una vez vi un comentario de un mujer ex-musulmana, en Facebook, que decía simplemente: “durante diez años nunca sentí el viento en mi pelo”. Mirando atrás, ¿hay alguna experiencia similar que se te pueda aplicar?

Desde luego. Sentir el sol en el cuello y la cabeza en público por primera vez fue muy emocionante. Fue liberador darse cuenta de que podía hacer cualquier cosa, como nadar, sin tener que preocuparme por mostrar un brazo.

¿Cuáles eran las ventajas de usar el hiyab?

Aunque igualmente se burlaban de mí por ser gorda cuando llevaba hiyab, mi cuerpo estaba ciertamente mucho más resguardado frente al escrutinio, y no sólo físicamente. Al cubrirme, estaba afirmando que no solo la gente no podía ver mi cuerpo, sino que además no me importaba demasiado que mi cuerpo se ajustara o no a los cánones de belleza.

En los EEUU, fui objeto de acoso en la calle cuando llevaba hiyab, del tipo hombres gritándome “¡Osama bin Laden!” o “puta árabe, vete a casa”, pero nada sexual; después de dejar de usar pañuelo, empecé a recibir acoso sexual. He notado que los hombres musulmanes en el Reino Unido acosan sexualmente a las mujeres con o sin hiyab, o incluso con nicab.

¿Qué piensas sobre el debate político alrededor del hiyab?

Con demasiada frecuencia, se deja fuera de la conversación a las mujeres que están realmente afectadas por el hiyab y las actitudes que lo rodean. Tanto las mujeres que realmente desean llevar el hiyab, como las mujeres que han sido obligadas a llevarlo, a menudo son silenciadas, las primeras porque muchos no pueden imaginar que alguien quiera cubrirse, y las segundas porque los musulmanes afirman que la coerción no es Islam “verdadero”. También hay una falta de diferenciación entre la situación de las mujeres en los países de mayoría musulmana, y la de las mujeres en los países occidentales. En un país occidental, para una mujer existe la opción de no cubrirse, mientras que ese no es el caso para las mujeres en muchos, si no la mayoría, de los países de mayoría musulmana.

Entre las mujeres cuyas vidas se ven afectadas por el hiyab hay multitud de problemas, experiencias, opiniones y voces en este asunto. Es a ellas a quienes habría que consultar, en lugar de a los que no les afecta el problema.

¿Qué piensas sobre la cuestión de cuántas mujeres llevan hiyab, abaya o burka voluntariamente – o incluso lo que esto significa?

Físicamente y legalmente, es fácil ver dónde una mujer puede optar por cubrirse o no. En los países donde las mujeres se ven obligadas a cubrirse por la ley o por vergüenza cultural y filial, está claro que el término “elección” no tiene ningún significado. Lo mismo puede decirse de las mujeres que viven en áreas de mayoría no musulmana, pero cuyas familias las presionan para que se adhieran a las leyes islámicas de la modestia. El hecho de que no puedan elegir es inhumano e inaceptable.

Fuera de estos contextos, el tema es mucho menos obvio. El Islam en sí mismo puede verse como avergonzar a mujeres que no se cubren y amenazarlas con la condenación eterna si no lo hacen. A pesar de eso, hay un montón de mujeres que se auto-identifican como musulmanas sin cubrirse. A mi juicio, yo no soy quién para interrogar a una mujer que se cubre dentro de ese contexto. Cubrirse por seguir la ley islámica es prácticamente la única opción anti-feminista que algunas mujeres hacen; exigir ese nivel de pureza ideológica sólo a las mujeres musulmanas que se cubren, pero no hacerlo, por ejemplo, con las mujeres blancas estadounidenses que cambian sus apellidos al contraer matrimonio, es bastante inconsistente.

¿Te ves como feminista o como defensora de mujeres ex-musulmanas?

Me he identificado como feminista desde que era una adolescente. En cuanto a compañeras ex-musulmanas, no me atrevo a decir que hable en su nombre. Puedo, sin embargo, utilizar mi privilegio como persona nacida y criada en Occidente para hacerme ver, cosa que muchas de ellas no pueden hacer, y tratar de llamar la atención de los demás hacia su difícil situación.

¿Qué tipo de apoyo quieres de otros liberales o feministas?

Es necesario que haya un mejor esfuerzo para hablar con nosotras y para promover nuestras voces, en lugar de hablar sobre nosotras o para nosotras. Internet está llena de recursos, personas y grupos que no solo están dispuestos a hablar, sino que que además quieren que los encuentren. Liberales y feministas tienen que asegurarse de no promover un enfoque monolítico y condescendiente hacia las mujeres musulmanas o ex-musulmanas.

SOBRE LA AUTORA
HeinaHeina Dadabhoy pasó su infancia siendo una musulmana practicante, y nunca en su cabeza habría creído que crecería hasta ser una atea feminista humanista secular, o, en otras palabras, una Escéptica. Ha sido participante activa en organizaciones y eventos ateos dentro y en los alrededores del condado de Orange, California (EEUU), desde 2007. Actualmente escribe la Guía Escéptica del Islam. Puedes seguirla en Facebook, Twitter, o Google+.

Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

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Posts desde Skepchick es la sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt , Grounded Parents y, por supuesto, Skepchick.

 

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Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

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