No solo letras

No solo letras: Un mundo feliz

Nuestra recomendación cultural de hoy es distópica y puede dejarles un sabor agridulce al seguirla. Escéptica no se hace responsable del contenido de la obra literaria de ficción que vamos a recomendar a continuación, si deciden consumirla será bajo su propia responsabilidad.

Bromas aparte, en esta nueva entrega de No solo letras les traemos una de las grandes obras de ciencia ficción del pasado siglo: Un mundo feliz (Brave New World), publicada por primera vez en 1932 y salida de la pluma de Aldous Huxley.

Al igual que yo, supongo que muchos lectores tuvieron que leerla obligados en su adolescencia, como parte del programa lectivo de la ética o la filosofía de turno. En la primera lectura no entendí absolutamente nada y no pude empezar a captar algunas (que no todas) de las referencias del libro sobre la política, la sociedad y la cultura de comienzos del siglo XX hasta varias lecturas después. Y es que a pesar de que lo leí “obligada” la primera vez, las sucesivas lecturas fueron por puro placer.

En el mundo feliz se nos presenta una sociedad perfectamente estructurada en la que no hay lugar para el descontento de los ciudadanos, y la razón nos la dan en las primeras páginas: la ingenería genética. Si bien es cierto que nos puede parecer rudimentaria para el nivel de avance científico al que estamos acostumbrados en la actualidad, la inseminación artificial, los niños probeta y la selección de características genéticas para cada casta de ciudadanos ya están presentes en el libro.

Precisamente la selección artificial de las características genéticas de los miembros de la sociedad es lo que la hace libre de conflictos: cada persona ha sido concebida, educada y condicionada para el trabajo que realiza, ni más ni menos, y es por ello que nadie aspira a más de lo que tiene: ni un trabajo mejor, ni mayor sueldo, ni una pareja más joven y guapa. Los alfas con los alfas, los betas con los betas y los epsilones… bueno, ellos ya tienen suficiente con lo suyo.

Otro de los grandes avances del mundo feliz es la liberación sexual. El sexo ya no es necesario a nivel reproductivo porque para ello ya existen las grandes factorías de concepción y cría de niños (acelerada, por supuesto, ¿no es una pérdida de tiempo tener que esperar 18 años para que un individuo alcance la madurez?). Por tanto, las mujeres desde niñas son instruídas para que asuman la anticoncepción como algo natural; conceptos como Padre y Madre son tabú y el acto sexual con fines reproductivos es algo obsceno. En el mundo feliz el sexo es puramente recreativo y la monogamia está mal vista. Una mujer es mejor cuanto más deseable sea para los individuos del sexo opuesto, cuanto más “neumática” sea y más parejas sexuales haya tenido (¡adiós al slut shaming!). Reconozco que la idea del sexo libre me fascinó de adolescente y no entendí cómo el libro podía insinuar que aquello podría ser malo.

El tema de la aceptación de la muerte como algo natural también está en el libro: a pesar de que los ciudadanos del mundo feliz mueren con un aspecto joven y lozano gracias a los continuos tratamientos médicos y estéticos, lo hacen igualmente en un estado de senilidad avanzado pero, y aquí está la gran diferencia, con una muerte digna y alegre. Los niños son llevados a los centros donde se atiende a los moribundos en sus últimos días, aceptan la muerte como algo natural y, en parte, necesario para la sociedad (además, los cuerpos son incinerados y aprovechados como recursos, en el mundo feliz no se tira nada).

La sociedad del mundo feliz está tan tecnológicamente avanzada que las películas no se ven, se sienten (y la mayoría tiene contenido erótico). Ríanse ustedes del 3D actual y las salas en las que los asientos vibran al ritmo del sonido ambiental o la música.

Pero no todo en el mundo feliz es bueno, el avance de la sociedad hacia una felicidad absoluta tiene como sacrificio la individualidad, la diversidad cultural, el avance de la ciencia, la literatura y la filosofía.

Todos en el mundo feliz hacen las mismas actividades lúdicas y en grupo, preferir la soledad se considera una tara y pronto debe ser tratada con soma. Ah, el soma, ¿por dónde empezar con ello? Una droga sin efectos secundarios que es válida tanto para un enfado, como para una depresión o el estrés del trabajo. El soma es lo que hace que el mundo feliz sea feliz.

Todos en el mundo feliz forman parte de la misma cultura, no hay diferencias de comportamiento o costumbres, a todos se les inculca de niños, en las cunas de hipnopedia, que gastar es bueno, el consumismo es bueno. Las zonas del mundo pobres en recursos se dejan como reservas salvajes, en las que la sociedad y la vida sigue transcurriendo como antes de la creación del mundo feliz.

Aunque en un primer momento nos pueda parecer que el avance científico en el mundo feliz es asombroso, lo cierto es que está estancado y controlado, para que no pueda haber ideas revolucionarias que atenten contra la felicidad de la sociedad. Los únicos inventos permitidos son aquellos que den mayor rendimiento a un proceso industrial ya existente (como por ejemplo la fecundación de más individuos a partir de un solo óvulo) o los que aumenten la complejidad de una actividad lúdica para que sea imprescindible pagar por ella.

Por supuesto, la literatura y la filosofía no existen en el mundo feliz, ¿para qué vas a leer pudiendo sentir cómo un fornido alfa tiene un tórrido encuentro sexual con una neumática beta? Además, la literatura anterior fue destruida por ser peligrosa para la estabilidad social, con todas esas ideas creativas y discordantes.

Podría seguir hablando del libro y ocupar unos cuantos párrafos más, pero prefiero que lo disfruten ustedes mismos y nos dejen sus opiniones en los comentarios.

De manera totalmente subjetiva, le daremos al libro una valoración de cinco estrellas sobre cinco.

El libro se puede considerar una crítica a la ciencia y sus avances simplificando mucho nuestra lectura, pero nada más lejos de la realidad, la idea que podemos sacar de él es que se critica el paternalismo y el totalitarismo del poder y el aprovechamiento de la ciencia por parte de éste para crear una sociedad dócil. Al menos yo lo he visto así, ¿y ustedes?

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silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

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