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Introducción a la pseudociencia: Flores de Bach

Hoy querría darle una vuelta más a la homeopatía, con una pseudoterapia que se desprende de ella y va todavía más lejos en cuanto a lo absurdo: la terapia floral. 

Las flores de Bach reciben su nombre por el médico que descubrió se inventó sus propiedades: Edward Bach. El señor Bach era un médico homeópata inglés que decidió que la mayor parte de las enfermedades estaban causadas por estados negativos de la mente (odio, miedo, ira…) y que las flores, que son tan bonitas, debían de poder solucionarlo. O algo así. Básicamente, decidió que podía “intuir” qué plantas tenías propiedades curativas y cuál era su aplicación. Y tan ancho que se quedó.

La cuestión es que Bach escogió unas cuantas flores, las maceró en coñac (lo cual explica muchas cosas) para obtener esencias, y, ya que era homeópata, pensó que para darles más efectividad habría que diluirlas hasta el absurdo (con agua de manantial) y tomar cantidades irrisorias para curar enfermedades provocadas supuestamente por estados mentales.

¿Tienes un resfriado, hemorroides, juanetes? ¿Quizá exceso de acné? No importa qué dolencia tengas. Lo que importa es cómo eres y cómo te sientes. Probablemente eres mala persona y tienes sentimientos negativos, por eso los juanetes no te dejan llevar esos zapatos tan chulos que te acabas de comprar. Para elegir entre los 38 preparados florales que se sacó de la manga Bach, no mires los síntomas, mira las carencias de tu carácter y espíritu. ¿Por qué? Porque lo dijo Bach, por supuesto. En concreto en sus libros “Salgamos al sol”, “Cúrese usted mismo”, “Libérese usted mismo” y “Los doce curadores y otros remedios”, escritos todos entre 1930 y 1933. Es curioso que explicar 38 remedios florales den para tanta actividad literaria, pero tranquilos, que lo resumo en un párrafo:

Tengas lo que tengas, si tiendes a la procrastinación, toma abedul. Si eres envidioso o celoso, acebo. Achicoria para los egoístas, agrimonia para los falsos y agua de roca (que ni siquiera es una flor, es, tal cual, agua que brota de la roca) para los inflexibles. Si sientes angustia, el álamo temblón es tu árbol, y si te sientes inseguro e inferior, el alerce. Para los pesimistas, aulaga, para los indecisos, avena silvestre. El brezo para los pesados, o castaño si repites una y otra vez los mismos errores, pero si eres obsesivo o con ideas fijas, mejor el castaño blanco, mientras que el castaño dulce es si sientes abatimiento o el rojo si estás obsesionado con proteger a los demás. Centáurea si tienes voluntad débil, cersifera para los temerosos y ceratostigma para los volubles. Si eres distraído y soñador, mejor la clemátide, la genciana para los desesperanzados (¡¡y los escépticos!!) y la haya para los criticones e intolerantes. Heliantemo para los asustadizos, e impatiens (¿adivinas?) para los impacientes. Los malos sentimientos que provocan las malas noticias se solucionan con leche de gallina, y la madreselva contra la nostalgia y la añoranza. Manzana silvestre para los pudorosos y vergonzosos, mímulo para los tímidos y mostaza para los tristones. Nogal si cuesta adaptarse a un cambio, olivo para el agotamiento y olmo para los excesivamente perfeccionistas y responsables. El pino para el sentimiento de culpa, el roble para dar fuerza y valor, la rosa silvestre contra la resignación. Los resentidos y amargados tienen el sauce, y los indecisos e inestables, el scleranthus. Los extravagantes y entusiastas en exceso, la verbena, la vid para los arrogantes y tiránicos y, por último, la violeta de agua para los fríos y soberbios.

¿Qué hubiera sido de Star Wars si Darth Vader hubiera tomado cersifera y heliantemo? El miedo no lo habría llevado al lado oscuro…

Yo casi que me quedo con el brandy.

Para saber más: Un elaborado placebo llamado flores de Bach. Si me hablas de Bach, yo pienso en Sebastián.

Imagen de cabecera: Impatiens

 

 

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Elara

Elara

Veterinaria, eterna doctoranda, lectora empedernida, rolera, gamer y friki hasta la médula. Intenté ser homeópata, acupuntora, naturista, lectora de manos, médium y católica, pero lo tuve que dejar porque no me creí nada. Y descubrí que lo que pasaba es que era escéptica.

4 Comments

  1. August 15, 2014 at 8:52 pm —

    Evidentemente, sería difícil encontrar una flor para ti: WILLOW, rock water, con mucho chestnut bud: la diferencia entre escépticos y cínicos desde el punto de vista filosófico es que el primero investiga, reflexiona y PRUEBA; el cínico niega por principio todo y nada acepta. Es decir, es el que nada propone, sólo critica y juzga desde las pequeñas ventanas de su alma (tal vez necesites MIMULUS y mucho LARCH). No es de extrañar tu discurso, o trabajas para la industria farmacéutica o tu materialismo es asfixiante, quizás tu infancia fue muy difícil y decidiste que no hay más que lo que ves con tu propia miopía: de cualquier manera espero que algún día hagas pruebas, demuestres TU MISMO y no en las palabras de otro, tus palabras y por supuesto, tengas el valor de no auto engañarte y decir la verdad; cuídate mucho, sobre todo tu hígado, tu riñón y tus articulaciones y claro, el colesterol

  2. March 20, 2015 at 10:27 am —

    Maaadre mía, José Eduardo. Si tomas flores para pacificar tu espíritu, no parece que te estén haciendo mucho efecto. Cuánta agresividad y ponzoña has vertido en tus palabras dirigidas a la autora, a la que espetas, sin conocerla de nada, que las ventanas de su alma son pequeñas, que su materialismo es asfixiante, que su infancia fue muy difícil, que mira el mundo con miopía y que se autoengaña o miente por cobardía. Vamos, toda una retahíla de perlas reconfortantes y espiritualmente enriquecedoras, que rematas con veladas amenazas a la salud de su hígado, riñones, articulaciones y sistema circulatorio. Solamente te ha faltado lanzarle una maldición. No sé si ella ha demostrado algo en su artículo, pero tú, querido, tampoco lo has hecho. Te has limitado a convertir tu comentario en un ataque personal. Qué lástima.

  3. March 20, 2015 at 8:08 pm —

    Nada mas lejos de mi intención amenazas ni agresiones, querida amiga y si así pareció, lo lamento. Sólo que me parece que todo tu artículo es sarcástico y así lo respondí. Por otro lado es un comentario pobre, como todos los del tipo. Se discute de estos temas desde una perspectiva muy sesgada por dos razones: la primera de ellas es la falta de experiencia tanto científica como personal, puesto que el hecho de que no se sepa cómo funciona no significa que no funcione. Por otro lado, este permanente ataque huele a industria farmacéutica y por supuesto a observaciones muy superficiales. La gente no es tonta y si algo les funciona lo usan y eso no es un error, sino un gran sentido común. Te sugiero leas un poco más, te documentes y si así lo deseas, lee a MacTaggart, The Field, te será de utilidad.

    • March 20, 2015 at 9:12 pm —

      Te estás haciendo un lío tremendo. Quien criticó tu mensaje no es la autora del post sino otra lectora. Por otro lado, criticas la falta de experiencia científica de la autora, pero te equivocas en suponer eso, tiene formación científica. Además, dices que “que no sepa cómo funciona no significa que no funcione”. Bien, si tan a favor de la ciencia estás, danos links a estudios serios, en publicaciones científicas, que demuestren que las flores de bach funcionan (independientemente de que se sepa el mecanismo o no). Ni te molestes en mandar anécdotas, serán debidamente ignoradas.

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