Spanish Inquisition

Spanish Inquisition: la maravilla de apretar un botón

Por cosas de la vida vivo en el campo. Pero en el campo, campo. Es tan campo que no tengo vecinos a menos de 4 km, y lo único que hay más cerca que eso son unas granjas. Es tan campo que no me llega el agua potable ni el tendido eléctrico. Pero me apaño: hay un grupo electrógeno que carga unas baterías, y con eso pueden funcionar todos los aparatos eléctricos más habituales en una casa sin demasiados inconvenientes (excepto el exceso de trabajo de estar pendiente de él, reparaciones, aceite, compra del gasoil…).

Pero hace poco el grupo se rompió. Había que cambiar una pieza y entre que viene el mecánico, averigua la pieza que es, la pide, la traen, viene, la cambia, comprueba y demás, estuvimos más de una semana sin luz eléctrica. Y fue como retroceder años.

El hecho de no poder encender la luz o cargar el móvil casi era lo de menos. Te puedes iluminar con frontales y los móviles se cargan en el trabajo, pero lo realmente duro fue el tema de la limpieza y la higiene.

En lugar de girar una llave y que me saliera agua caliente para la ducha, tenía que traer agua con cubos desde la balsa de riego (que por suerte, está cerca), ponerla en ollas a calentar al fuego de la cocina de butano (o ducharme con agua fría) y luego ir echándola poco a poco metida en un barreño, porque encima no tengo bañera, sino plato de ducha. Y salir con el pelo acartonado de la cal.

En lugar de meter la ropa en una máquina, poner detergente y suavizante y tenderla al cabo de una hora (en la que he estado haciendo otras cosas), limpia y oliendo bien, de nuevo tenía que traer cubos desde la balsa de riego, pasarme más de una hora frotando y enjuagando, para tenderla medio acartonada porque no he sido capaz de enjuagarla bien del todo y con un ligero aroma a alga y cal. Con los platos, casi lo mismo, aunque el proceso es más sencillo, odio hacerlo y por eso tengo un lavavajillas.

En lugar de comprar comida para un mes y meterla en el congelador o la nevera, tenía que comprar comida casi a diario, y comerme todo lo que había dentro del congelador antes de que se descongelara todo (el helado es bueno, pero llega un punto en que lo odias).

Al cabo de tres días estaba subiéndome por las paredes, al cabo de cinco, hubiera matado por tener electricidad.

Y eso me hace pensar en todas aquellas personas que piensan que vivir en el campo es mejor, más bonito, más tranquilo, y no se dan cuenta del trabajo (y el gasto) que implica realmente vivir lejos de la civilización. Yo no puedo olvidarme de comprar algo, cada despiste es un viaje de 20 minutos en coche hasta un supermercado. No tengo acceso a transporte público. Tengo que potabilizar mi propia agua, rellenando depósitos cada mes y controlando los parámetros, y desde luego no la bebo. Y mi conexión a internet va por ondas de radio y es lo más lento y caro que hay en el mercado, con lo que he tenido que renunciar a jugar a MMORPG.

Eso sí, si algún día hay un apocalipsis zombie, os sobreviviré a todos los de ciudad.

Vosotras, ¿podrías vivir en el campo? ¿qué es lo que más echaríais de menos? ¿a qué tecnología no estáis dispuestas a renunciar bajo ningún concepto? ¿cuál no creéis que sea necesaria o importante? 

Imagen de cabecera obtenida aquí. Estoy tan feliz que funcione de nuevo el grupo, que voy a colgar este cartel en la entrada de casa.

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Elara

Elara

Veterinaria, eterna doctoranda, lectora empedernida, rolera, gamer y friki hasta la médula. Intenté ser homeópata, acupuntora, naturista, lectora de manos, médium y católica, pero lo tuve que dejar porque no me creí nada. Y descubrí que lo que pasaba es que era escéptica.

6 Comments

  1. July 9, 2014 at 12:40 pm —

    Vivir en el campo no tiene que significar renunciar a comodidades, pero se necesita muuucho dinero: para un generador de emergencia; para instalación solar de agua caliente; para placas fotovoltaicas o un molino que puedan hacer de backup del generador; internet por satélite…
    A mí me encantaría tener al vecino a 4 km. De hecho espero poder hacerlo cuando mis hijas sean mayores y no las tenga que llevar al cole. Por el tipo de vida que llevo, no creo que tuviera que renunciar a nada de lo que tengo ahora (excepto al súper de debajo de casa, y a cambiar el ADSL por una conexión por USB).

    • July 9, 2014 at 8:20 pm —

      El ADSL se nota, ¡¡mucho!! y lo de tener el supermercado al lado de casa, también.
      No puedo saber cuánto gastaría si en lugar de vivir en el campo viviera en una ciudad, porque nos vinimos aquí justo al empezar la crisis y los precios han cambiado mucho (tanto de la vivienda como de internet, luz…) pero más o menos gasto lo mismo que amigos que viven en entornos más urbanos. Claro que por el mismo gasto, ellos tienen la calefacción más alta, o más potencia de luz contratada, o una conexión a internet más rápida. A iguales condiciones, es verdad que el campo es más caro.

  2. July 9, 2014 at 6:00 pm —

    el pelo no se acartona por la cal, mas bien será porque al tener poca cantidad de agua disponible no lo enjuagas bien, lo que no acabo de entender es para que potabilizas el agua que no vas a beber, el refrán es muy claro: agua que no has de beber déjala correr

    • July 9, 2014 at 8:14 pm —

      Bueno, igual también tiene algo que ver la gran cantidad de sal que tiene el agua aquí. Y sí, que me enjuago casi como los gatos y algo de jabón se queda.
      Sobre lo de potabilizarla, le pongo cloro porque, aunque no me la bebo, la uso para fregar los platos o ducharme, y prefiero hacer esas cosas con agua sin coliformes fecales 😀

  3. July 10, 2014 at 3:22 pm —

    No es necesario vivir en el campo. Para hacer el experimento, me alcanza con vivir en Buenos Aires. Todos los eneros colapsa el servicio de electricidad. Algunos barrios han pasado 20 días sin luz.
    Volviendo al tema, definitivamente soy un bicho de ciudad. No tolero mucho estar encerrada en mi casa, así que cuando no estoy trabajando o estudiando, me encanta pasear por la ciudad de noche, ver las luces del centro, las avenidas y las cúpulas. Los cafés, las pizzerías, los bares. Sentir la tranquilidad que no importa que tan lejos y mal parada quede, es cuestión de extender un brazo y subirme a un taxi. El otro día se quedó a dormir mi sobrina que vive bastante alejada y me dijo que teníamos mucha suerte “Porque tienen muchos kioscos de revistas cerca”. Un detalle en el que solo se fija una adolescente otaku que tiene que tomar dos colectivos cada mes para comprar sus mangas.

  4. July 11, 2014 at 12:55 pm —

    Creo que siempre preferiría vivir en un entorno urbano donde las funciones, recursos y servicios estén eficientemente administrados y donde hagamos buen uso de los avances tecnológicos en beneficio nuestro y del planeta. Por ejemplo, vivo en el sur de Alemania, en un apartamento minúsculo pero cómodo, en un entorno natural hermoso pero con las comodidades de la civilización: buen transporte público, buenos servicios, buen manejo de residuos domiciliarios.
    En otra escala a lo que comentas en tu post, aún no tengo microondas, y tener que calentar la comida en un sartén cada vez es me enferma de los nervios. No me imagino qué podría pasarme si no tuviera lavadora.
    Pero bueno, todo esto me hizo recordar a mis amigos neopachamámicos de Santiago de Chile, que querían ser ecológicos yéndose a vivir al campo, y viajaban todos los días a la ciudad gastándose un pozo petrolero al mes, cultivaban su propia comida de manera ineficiente, calefaccionaban su casa con leña… Más ecológico pienso yo es vivir en el centro y usar el metro.

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