Devorando palomitas

Devorando palomitas: Snowpiercer

¿Cansados de ver siempre los mismos blockbusters? ¿Son afortunados por tener horario de verano, pero no saben en qué ocupar sus tardes? ¿No saben qué hacer las tardes de los domingos? No se apuren, en Escéptica tenemos la solución a sus problemas (quizá, no a todos, consulte la letra pequeña).

En esta nueva entrega de Devorando palomitas vamos a recomendarles una película de ciencia ficción para que no se aburran en el periodo estival (o invernal, depende desde qué hemisferio nos lean). Snowpiercer es nuestra elección de hoy.

Snowpiercer (Rompenieves), 2013

Snowpiercer es otra de esas películas futuristas y distópicas en las cuales los ricos y privilegiados son muy ricos y muy privilegiados y los pobres y oprimidos son muy pobres y muy oprimidos. En este caso, la causa de las diferencias sociales tiene su origen en un cataclismo climático.

En 2014 (oh, oh) se realiza un experimento para contrarrestar el cambio climático a nivel global. Si están familiarizados con el término geoingeniería, lo que hacen en la película es bombardear la atmósfera con gases anti efecto invernadero; pero el invento sale mal y en lugar de contrarrestarlo provocan una era glacial que mata a todo ser vivo del planeta. ¡Bien por la ciencia!

¿A todos? Bueno, no, a todos no porque no tendríamos película. Los únicos supervivientes son los habitantes de un tren gigantesco, construido en un primer momento con la finalidad del ocio de lujo, pero que al sobrevenir la catástrofe se convirtió en la única manera de sobrevivir.

El tren lleva dando vueltas por el mundo 17 años (los hechos que narra la película tienen lugar en 2031) y en ese tiempo todavía no es seguro salir del tren, a menos que quieran suicidarse de una forma muy dramática dejando su estatua de hielo para la posteridad.

Los pobres viven en la cola del tren, hacinados y apilados en literas, y alimentados con una especie de gelatina negra que no parece muy apetitosa. Sin embargo, los ricos viven en la parte delantera del tren con todo tipo de comodidades: escuelas para los niños nacidos en el tren, acuarios, jardines botánicos, salones sociales, hasta discotecas para los jóvenes ricos más alocados. ¿De dónde saca la energía el tren para seguir circulando a toda pastilla y mantener todos esos lujos? A saber, no nos lo dicen, pero yo apuesto por un generador nuclear muy, muy grande. Dado que la catástrofe tuvo lugar en 2014, no podemos aducir una tecnología futurista muy parecida a la magia, lo siento.

Dado que los que viven en la cola del tren no disfrutan de los lujos de la cabeza están un poco molestos, como es lógico, y a lo largo de los años organizan rebeliones periódicas. En su avance hacia la cabeza del tren descubren no sólo cómo viven los más privilegiados sino también cómo funciona el tren: se trata de un ecosistema cerrado (lógico, no pueden salir afuera a recolectar/cazar en el hielo) en el que existe un control exhaustivo de la población y de los recursos.

Es la típica historia futurista con una sociedad fascistoide en la que un amado líder decide el destino del resto de sus súbditos, hasta que uno de ellos decide rebelarse. No se trata quizá de la mejor película de ciencia ficción de la historia, pero sí es entretenida y parte de una buena premisa (los problemas sociales que nos provocará el cambio climático), aunque el final sea totalmente absurdo.

Le pondremos una calificación de 3 estrellas sobre 5.

Si la han visto y opinan lo contrario, dejen sus comentarios. Si tienen más contenidos culturales que recomendarnos, también tienen los comentarios a su disposición.

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silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

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