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Johnny, la gente está muy loca: endogamia cultural, endogamia genética

Hace años leí un artículo que trataba sobre alguna de las razones de la caída del Imperio Español. Según el autor, un motivo importante de la decadencia fue el afán de los Reyes Católicos de, justamente, tener un reino puramente católico. Una vez expulsados los judíos y musulmanes, y con una observancia religiosa sofocante, el reino comenzó a irse a pique por el peso de su endogamia cultural. Paralelamente, los más tolerantes y abiertos Países Bajos se convertían en un polo de atracción para mercaderes, pensadores, inventores, científicos y artistas, y bullían allí nuevos descubrimientos e ideas, como bien lo describe Carl Sagan en el episodio número 6 de la serie Cosmos. Me gustaría volver a leer algo al respecto.

Me acordé de ese artículo por otro caso de endogamia del que leí no hace mucho, en un libro del que ya les hablé hace una semanas. Si la endogamia cultural fue importante para la caída de un imperio, ¿qué pasa cuando a esa endogamia se le suma además la genética? Veamos el caso de los samaritanos, los mismos de la fábula del buen ídem. Los samaritanos son un grupo etno-religioso del Levante que está estrechamente relacionado con el pueblo judío, de hecho, se llaman a si mismos “hijos de Israel”, aunque no judíos. Según la tradición, son descendientes de dos de las doce tribus de Israel.

¿En qué se diferencian de los judíos? Visto desde afuera parece ser que no en mucho. Su texto más importante es el Pentateuco, igual que para los judíos. Adoran a Yahveh, igual que los judíos. Observan la ley entregada por Yahveh a Moisés, igual que los judíos, aunque la lista de mandamientos es distinta. Y tienen un segundo texto sagrado que difiere de la tradición judía llamado Memar Marqah. Y ahora, ¡la diferencia más importante! Adoran a una roca distinta. Ah, y también tienen las orejas puntiagudas. En serio, y no porque sean fans de Star Trek.

Los samaritanos fueron un grupo importante en el Levante, pero luego de siglos de persecuciones tanto por parte de sus primos judíos como por los persas, romanos, árabes y cristianos quedaron reducidos a una pequeña comunidad que llegó a ser tan minúscula que no pasaba de las doscientas personas. Para el año 2012 llegaba a los ochocientos individuos repartidos en un par de aldeas. Hubo tambien durante la Historia muchas conversiones forzadas, se cree que muchos palestinos modernos son descendientes de samaritanos obligados a convertirse al Islam o al Cristianismo.

A la merma poblacional por persecución y asimilación se suma la auto segregación. Como les contaba, los samaritanos adoran a una roca, más bien a un cerro (pero también a una particular roca en la cima de ese cerro) el Monte Guerizín, ubicado en Cisjordania. Un monte bastante poquita cosa, tiene apenas 881msnm, que para estándares chilenos (mi patria) es una vergüenza de monte. Y bueno, ese monte es el sitio más sagrado de la Tierra y el lugar elegido por Yahveh como su santuario, en contraposición a la creencia judía, que tiene por santuario de Yahveh al Monte Moriá, en Jerusalén, otro montón de piedras que alcanza los 740msnm. Ambos cerros a escasos 65 kilómetros el uno del otro. Al menos podrían haber elegido un montón de piedras más digno de admiración, como el Monte Olimpo, en Marte. En fin, metros más metros menos, siguen siendo un montón de piedras.

Como los samaritanos tienen en tan alta estima al Monte Guerizín, han permanecido viviendo en una pequeña comunidad en su ladera, también existe otra comunidad al sur de Tel Aviv. Cada pascua suben a la cima a realizar sus ceremonias, consistentes en ritos de purificación que involucran sacrificio de animales, todo al más puro estilo del Génesis. La creencia en la santidad de este monte les es tan crucial que cualquiera que no adhiera a tal dogma no puede pertenecer a la comunidad. Lo mismo pasa al revés, si un samaritano quiere convertirse al judaísmo debe primero renunciar a dicha creencia. El problema es que son tan solo 800 personas aproximadamente en el mundo las que sostienen la santidad del monte. Y aquí es donde entran las orejas puntiagudas.

Resulta que los samaritanos han estado casándose entre parientes por demasiado tiempo y hoy en día su variedad genética es escuálida. Y han estado haciendo esto entre otras razones porque creen en conservar su linaje, que, en el caso del sumo sacerdote, lo une directamente a Aarón, el hermano de Moisés. Por esta causa, un particular rasgo se repite entre sus miembros: las orejas puntiagudas, y así son reconocidos entre los habitantes de Tierra Santa.

Debido a una población reducida, y a la estricta prohibición de desposar a no samaritanos, el número de nacidos con graves problemas congénitos se hizo insostenible y la comunidad parecía condenada a la extinción. Por ejemplo, de los cuatro hijos que el hoy octogenario sumo sacerdote y cabeza de la comunidad del Monte Guerizín, Ben-Av Chisda, tuvo con su prima segunda, tres nacieron sordomudos y el cuarto impedido de caminar. Hoy, las nuevas generaciones de samaritanos cuentan con un nuevo aliado.

El drama al que Yahveh al parecer no atendió, ha tenido la suerte de ser oído por la ciencia. Desde que los samaritanos pasaron a ser ciudadanos israelíes en 1990, comenzaron a beneficiarse de los avances tecnológicos en materia de salud y genética (Israel es líder mundial en la materia) y han recibido el apoyo del estado para solucionar el problema de la endogamia. Por cada unión matrimonial y embarazo se realizan exhaustivos testeos genéticos y se abortan todos los fetos con 10% o más riesgo de malformación (un pro-vida implosonaría con pancarta anti-aborto y todo) El resultado: en 15 años han nacido solo 2 niños con problemas, uno por complicaciones en el parto y otro porque los padres no terminaron el programa de testeos.

Junto con lo anterior, los samaritanos tuvieron que, ejem, importar mujeres. Sí, mujeres ¿Y que hicieron? ¿Conocen esos sitios del tipo www.esposas-ucranianas-por-correo.ua? Pues, sí, se consiguieron unas esposas ucranianas, también algunas judías de la zona. Y dirán ustedes, bueno, qué bien por ellos, ¿no?

Alla and Uzi Altif's wedding album

Álbum fotográfico de la boda de un samaritano con su novia ucraniana.

Yo no se qué tan desesperada, o desinformada, o ambas, tiene que estar una persona como para aceptar pasar a formar parte de una comunidad tan tristemente atrasada como la samaritana, donde las normas del Levítico están vigentes y funcionando. Toda mujer samaritana debe cumplir las reglas de la Niddah concernientes a los rituales y tabúes en torno a la menstruación y al periodo de posparto. La Niddah indica que una mujer debe permanecer aislada de la comunidad durante su periodo menstrual, que dura oficialmente siete días. Durante este periodo no puede tocar a nadie, ni a sus propios hijos, y si llega a tocar a alguno este también pasa a ser impuro y deber ser bañado para poder reintegrarse a la familia. Cualquier cosa donde se recueste o siente se transforma en impura, debe usar sus propios utensilios para cocinar y comer, y su familia no puede entregarle nada en sus manos, así que le dejan las cosas en el suelo. Luego de pasados los siete días, debe bañarse, lavar todo lo que ha tocado y envolverlo en plástico (una gran innovación respecto de los tiempos del Levítico, ¿eh? hasta bolsitas ziploc deben usar) lo que no puede lavar, debe quemarlo.

Como la dueña de casa menstruante no puede atender a los suyos, viene otra mujer de la familia a hacer las labores domésticas hasta que a la otra se le acabe la regla. Si hay algún evento donde las mujeres deban estar presentes, las que estén menstruando se sientan todas juntas en una esquina especial en el suelo y no participan de la velada más que como espectadoras. Ni hablar de participar en las ceremonias del Monte Guerizín, aunque en realidad da un poco igual, porque con o sin la regla, las mujeres tienen un papel totalmente secundario en toda ceremonia. Una mujer que se casa por primera vez o que ha dado a luz también debe cumplir con las normas de la Niddah. Luego del parto, la mujer permanece impura y aislada por cuarenta días si es que tuvo la suerte de dar a luz a un varón, y ochenta días ¡ochenta! si tuvo a una niña. Para los abortos aplican los mismos tiempos que para los partos.

En las sinagogas samaritanas, afortunadamente deben ser con suerte dos, no hay un espacio designado para las mujeres. Se teme que puedan comenzar a menstruar intempestivamente y contaminar todo el templo. Así que las mujeres simplemente no van a la sinagoga. Algunas samaritanas han comenzado a usar esa obra de hechicería llamada anticonceptivos con el fin de cortar la regla por periodos más largos, y así poder asistir a ciertos eventos sociales. También han comenzado a pedir que se relajen un poco las normas, como acortar el tiempo de Niddah de posparto/aborto, o que se construya un edificio sólo para mujeres en periodo de Niddah de modo de hacer sus vidas un poco menos miserables. Pero la mayoría de los varones samaritanos no está de acuerdo y retruca que las leyes ya son más relajadas que antaño, por ejemplo, ya no se considera impuro tocar la mera sombra de una mujer menstruando (¡!) y que además, la vida de las mujeres es mucho más fácil, ya que su única obligación es no desobedecer al marido, en contraste con la de los varones, que tienen muchas más obligaciones para con sus esposas.

¡Oh, la ironía! Mientras en sus comunidades aplican leyes de la Edad de Bronce nacidas de una comprensión de la anatomía femenina cercana a cero, que le atribuye a la menstruación poderes sobrenaturales malignos, las parejas samaritanas se benefician del conocimiento y los tratamientos brindados por clínicas pioneras en reproducción humana para evitar que sus supersticiones los arrastren al despeñadero de la existencia.

Y así, queridos lectores, en Tierra Santa se mezclan ante nuestros ojos lo más avanzado de la genética con lo más arcaico en supersticiones sacado de las oscuridades del Levítico. ¿A que no está loca de remate la gente?

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La imagen de la boda es de acá.

En la imagen de cabecera, Carlos II de España, o conocido también por su sobrenombre de “El Hechizado”. Debido a generaciones de matrimonios entre parientes nació con varios problemas de salud, retraso mental e incapacidad para concebir un heredero (después de todo, no solo la endogamia cultural afectó a la Corona Española) Su condición se le atribuía a la brujería y a influencias demoníacas. Esta fue la impresión que le causó a un diplomático de la Santa Sede:

El rey es más bien bajo que alto, no mal formado, feo de rostro; tiene el cuello largo, la cara larga y como encorvada hacia arriba; el labio inferior típico de los Austria; ojos no muy grandes, de color azul turquesa y cutis fino y delicado. El cabello es rubio y largo, y lo lleva peinado para atrás, de modo que las orejas quedan al descubierto. No puede enderezar su cuerpo sino cuando camina, a menos de arrimarse a una pared, una mesa u otra cosa. Su cuerpo es tan débil como su mente. De vez en cuando da señales de inteligencia, de memoria y de cierta vivacidad, pero no ahora; por lo común tiene un aspecto lento e indiferente, torpe e indolente, pareciendo estupefacto. Se puede hacer con él lo que se desee, pues carece de voluntad propia.


“Johnny, la gente está muy loca” es una nueva sección dedicada a exponer las más bizarras, ridículas y espantosas creencias y tradiciones que se le ocurren a la gente.

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

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